martes 10  de  febrero 2026
TESTIMONIOS

Cuba en opción cero: "Reclamar más sacrificios a un pueblo que vive en la miseria es una conducta criminal"

Desde que nací en 1960 siempre hemos estado en crisis y ya llevamos 67 años”, dice Eusebio, maestro jubilado

Diario las Américas | IVÁN GARCÍA
Por IVÁN GARCÍA

El gobernante designado Miguel Díaz-Canel, con el rostro pálido, a ratos nervioso, moviéndose de un lado a otro y atropellando sus palabras, el miércoles 4 de febrero compareció en cadena nacional de radio y televisión, para anunciar nuevos recortes en el país.

Vestido de negro (pantalón, saco y pulóver, donde se veían dos franjas, una blanca y otra verde, un guiño a la bandera palestina). El escenario escogido fue uno de los salones del Palacio de la Revolución, con piso de mármol brillante y macetas con pequeños arbustos. La comparecencia no fue en vivo: fue grabada en la noche del martes 3 de febrero y retransmitida a las diez de la mañana del día siguiente.

Una docena de fieles reporteros, más amanuenses que periodistas, fueron convocados. La prensa extranjera occidental no fue invitada, solo Russia Today y Xinhua de China. Los sentaron frente al micrófono desde el cual Díaz-Canel habló de pie durante casi dos horas. Los seleccionados para realizar preguntas previamente acordadas, caminaron hasta un panel donde colocaron un micrófono debajo de una bandera cubana.

El escenario era cursi. Destilaba estalinismo a pulso. El gobernante, elegido a dedo por el dictador Raúl Castro, informó lo que ya los ciudadanos de a pie conocían: Cuba no tenía combustible. Todo el tiempo Díaz-Canel intentó justificar el colapso económico con flojos argumentos. Culpó al ‘imperialismo norteamericano’ y en especial al presidente Donald Trump de esta nueva crisis general que vive la isla.

A poco más de un kilómetro del Palacio de la Revolución, en un bodegón privado ubicado en las inmediaciones de la avenida Paseo, en El Vedado habanero, algunos clientes que hacían sus compras escucharon un rato la densa verborrea de Díaz-Canel y comenzaron a hacer comentarios.

La empleada apagó el televisor y se sumó al debate: “¿Lo que viene es otro período especial?”, preguntó la joven que no vivió aquella etapa de aguda crisis económica, apagones de doce horas diarias y una caída del PIB de un 35 por ciento. Un señor le aclaró:

“Es mucho peor. En aquel tiempo todavía funcionaba la zafra azucarera. Siguieron repartiendo los mandados por la bodega y se podían comprar medicamentos en la farmacia, aunque el hambre fue bestial. La actual crisis tienes que multiplicarla por diez. Los apagones, antes de que Díaz-Canel hablara de opción cero, ya eran extensos. En este nuevo contexto, con cocina de heces fecales y sin combustible, retrocederemos a la edad primitiva. El sistema no funciona. La mayoría de los cubanos inteligentes han emigrado. Con un 30 por ciento de personas mayores de 60 años, empresas paradas o con pérdidas e instituciones corruptas, será imposible superar una crisis que afecta a todos los sectores”.

Una mujer a su lado se persigna. “Qué horror. Rezo cada noche al Señor para que nos quite un sufrimiento que no merecemos. ¿Por qué Díaz-Canel y esos dirigentes gordos, hablan siempre en nombre de nosotros? Si ellos no quieren negociar con Trump una salida al colapso económico, que renuncien y se vayan. Deberían hacer una votación para que la población decida el rumbo a seguir. Pero no lo harán. A ellos no les interesa el pueblo. Solo mantenerse en el poder".

La dependienta escucha con atención, pero no entiende demasiado. La solución dice, la tiene Estados Unidos. “Que manden a Cuco Mendieta y se lleve a esos cabrones”. Su comentario genera risas. Y es que un amplio sector de cubanos, frustrados por no poder cambiar el curso de la historia, considera que las tropas Delta de Estados Unidos, representadas por un imaginario soldado llamado Cuco Mendieta, debiera “tirarnos el cabo para quitarnos de encima a esta salación (el régimen)".

Un joven que intenta coer un taxi colectivo, afirma que "la gente, desarmada y hostigada por la Seguridad del Estado, no puede. ¿El gobierno no alardea que ellos llegaron al poder por las armas, y para quitarles el poder tiene que ser a tiros? Pues ese es el único recurso. Con marchas de protestas y una disidencia pacífica es imposible enfrentarse a la maquinaria del Estado. El que lo intente termina en la cárcel y luego se ve obligado a irse del país. Mira el caso de los muchachos de El 4tico en la provincia de Holguín, que han detenido a dos de ellos solo por expresar lo que piensan. Aquí hay que alzarse”.

Solange, enfermera, cuenta que debido a la falta de transporte, tuvo que caminar "doce kilómetros del hospital hasta mi casa. Los pocos taxis particulares que funcionaban cobraban 600 pesos por persona. Esa cantidad triplica mi salario. No iré a trabajar hasta que el ministerio de salud pública resuelva transporte”.

Niolber, emprendedor privado, considera que “reclamar más sacrificios a un pueblo que vive en la miseria es una conducta criminal del gobierno. Piden resistencia creativa, que no sé qué coño es, mientras Díaz-Canel, los ministros, generales y Raúl Castro y su familia tienen garantizado desayuno, almuerzo y comida. Además de atención médica de primer nivel y llenos los tanques de gasolina de sus autos. El grado de cinismo y descaro de estos tipos es escandaloso”.

Adrián, señala que “una nación no puede vivir de ayudas externas y donaciones. Tiene que producir y generar riquezas. Y en estos 67 años el gobierno ha vivido de la muela y de despojar los salarios de los que prestan misiones en el extranjero. Son tan cara dura que pretenden que los emigrados mantengan con sus remesas al Estado. Este drama tiene que acabarse. No me importa cómo sea”.

Después de la intervención de Díaz-Canel, que concluyó sin especificar detalles de las nuevas medidas restrictivas, excepto cuando habló de aplicar la opción cero, diferentes ministerios han publicado sus planes de contingencias. En la enseñanza primaria, secundaria y preuniversitaria en zonas urbanas se recorta el horario de clases. Y en las escuelas rurales se suspenden hasta nuevo aviso. El transporte urbano se ha detenido por completo. Desde el viernes 6 de febrero no se está vendiendo combustible al sector civil ni en pesos ni en dólares.

Ramona, jubilada, expresa que “en esta corrida, por culpa del gobierno, ya sea por falta de medicamentos o atención sanitaria, van a morir miles de personas. Todos los días debo hacerme hemodiálisis. Antes teníamos garantizado un transporte. Ahora es por tu cuenta. Y al no tener los 1,200 pesos que cuesta un taxi particular la ida y vuelta, no la estoy recibiendo”.

Muchos empleados estatales, como Gladys, técnico medio de contabilidad, desde el jueves 5 de febrero dejó de trabajar. “Vivo en el reparto Alamar, al este de La Habana, y mi empresa radica en Arroyo Naranjo, a 20 kilómetros de mi casa. Y a pie no voy a ir”.

Gustavo, economista, aclara que aplicar “la opción cero, en medio de una economía en caída libre, provocará una nueva espiral inflacionaria, subida del precio del dólar y se sumarán más personas a ese 89% de la población que vive en extrema pobreza”.

Sergio, licenciado en ciencias políticas, opina que “el gobierno escogió la peor salida, huir hacia adelante. No creo que la ciudadanía soporte por mucho tiempo más penurias. Lo que está ocurriendo es una auténtica tormenta perfecta. Se ha conjugado el voluntarismo con los disparates económicos, la ineficiencia del modelo político y más restricciones de la administración Trump. La mejor y única opción es negociar con la Casa Blanca. Si no lo hacen, van a asfixiar y matar de hambre al pueblo”.

La pregunta que se hacen muchos en la calle es cuánto tiempo podrán resistir los cubanos un nuevo escenario donde comer es un lujo, con escasez de agua potable, sin servicio de gas para cocinar y apagones de 20 horas o más, entre otras penurias.

“Olvídate de reformas y esos cuentos. El gobierno escogió inmolar a la población. Los cubanos estamos hechos de un material especial. Vamos a aguantar, como otras veces. Desde que nací en 1960 siempre hemos estado en crisis y ya llevamos 67 años”, dice Eusebio, maestro jubilado.

Yelenis, ama de casa, piensa que “este verano, el actual gobierno es historia antigua. Estamos viviendo el principio del fin”.

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