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MIAMI.- República Dominicana, que ocupa algo más de dos tercios de la isla de La Española, en el archipiélago de las Antillas Mayores, celebra este 27 de febrero el aniversario 174 de su independencia con dos circunstancias en las que bien vale la pena ahondar.

La primera guarda relación con el hecho histórico, y la segunda, que genera una creciente preocupación entre un sector de la comunidad, tiene que ver con la inmigración irregular de haitianos a territorio de Quisqueya, fenómeno que algunos dirigentes y líderes políticos y sociales consideran una especie de “reconquista” de esa porción insular.

“El trabucazo”

La historia cuenta que en 1884 un grupo de patriotas liderados por los Padres de la Patria, Juan Pablo Duarte, Ramón Matías Mella y Francisco del Rosario Sánchez, logró la independencia de República Dominica, que era gobernada por Haití desde 1822.

La idea independentista se originó en la mente de Duarte durante un viaje a Europa y fue consumada la noche del 27 de febrero cuando Mella disparó el legendario “trabucazo” en la Puerta de La Misericordia, en Santo Domingo, que fue oído en toda la ciudad. Acto seguido, Sánchez izó la nueva bandera dominicana al grito de “Dios, Patria y Libertad”.

Este acto heroico dio paso a la acción separatista y desde ese momento el Baluarte del Conde quedó convertido en cuartel general y centro de la revolución. Allí se instaló el primer Gobierno de la República, presidido por Francisco del Rosario Sánchez, con una Junta Gubernativa Provisional, de la que formaban parte Matías Ramón Mella y José Joaquín Puello, entre otros.

Los 22 años de ocupación haitiana del territorio dominicano son recordados en gran medida por los dominicanos como un período de “régimen militar brutal”, en el que se llevaron a cabo expropiaciones de tierra que obligaron a sus legítimos dueños a emigrar hacia Cuba, Puerto Rico o Colombia, entre otros países.

Convivencia

La situación económica y social de Haití, que se ha visto agravada por desastres naturales y malas políticas gubernamentales, ha originado un éxodo masivo hacia tierras de sus vecinos dominicanos que no todos los sectores de la sociedad dominicana ven con buenos ojos.

De manera gradual, los haitianos han ido adquiriendo relevancia dentro de la base de la economía dominicana, hecho que se puede explicar por varios factores, pero quizá el más importante es que se trata de una mano de obra más barata.

Un informe del Banco Mundial (BM) muestra que los salarios de los haitianos pueden llegar a ser hasta un 40% más bajos frente a los que perciben los dominicanos. En el sector agrícola, contratar a un haitiano puede representar la mitad de lo que costaría contar con la mano de obra de un dominicano, según el mismo estudio del BM.

De acuerdo con datos de la primera Encuesta Nacional de Inmigrantes (ENI) de 2012, realizada por la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE), de las 570.000 personas que trabajan en el sector agrícola, 18% son haitianos, y de las 248.000 que laboran en el sector de la construcción, el 29% es de origen haitiano.

Cifras del Observatorio del Mercado laboral Dominicano (OMLAD), que hace parte del Ministerio de Trabajo dominicano, permiten conocer que entre 2000 y 2014 el uso de la mano de obra haitiana aumentó en más del 440%, superando a la dominicana, que aumentó sólo un 35%.

El mes de enero pasado, el pastor evangélico de la Iglesia de Cristo de Juana Méndez (Haití), Julio Rubain Bastien, propuso una “frontera abierta” entre los dos países, lo que permitiría un libre tránsito de ciudadanos. Algunas voces influyentes del lado dominicano consideran la iniciativa una “fusión” de las dos naciones que rechazan de tajo.

En cambio, entre quienes se oponen a la llegada masiva de haitianos se han escuchado alternativas de solución para frenar el éxodo como mejorar la calidad de vida en Haití, con una mayor inversión social en materia de salud y educación, y mediante la creación de nuevas fuentes de empleo en el sector turismo.

Asimismo, se han formulado llamados a algunos países desarrollados que apoyan la “fusión” para que pongan a disposición de los dominicanos, que actuarían en calidad de fiscalizadores, una serie de recursos de inversión que mejoren las condiciones de vida en la parte haitiana.

Entretanto, numerosos críticos dominicanos estiman que la presencia de una comunidad haitiana en su territorio tiene un “peso económico enorme” por los altos costos que representa el suministro de servicios públicos a esa población inmigrante.

Miami acoge la efemérides de los dominicanos

República Dominicana celebra el día de su independencia el 27 de febrero y la creciente comunidad dominicana en el sur de la Florida lo festeja con música, comida tradicional y bailes típicos, el sábado 24 y el domingo 25, a partir de las 11 a.m., en el parque Juan Pablo Duarte, en Miami.

De acuerdo con el cónsul dominicano en la Capital del Sol, Miguel Ángel Rodríguez, las fiestas patrias dominicanas en Miami continuarán el martes 27 con una ofrenda floral que será colocada frente al busto de Juan Pablo Duarte, uno de los denominados Padres de la Patria, en el parque que lleva el nombre del prócer en el sector de Allapattah.

Según el diplomático, quien habló con DIARIO LAS AMÉRICAS, los dominicanos siguen siendo bien acogidos en la Florida, y especialmente en el sur del estado “porque el clima y el idioma hacen que esta parte de los Estados Unidos sea muy acogedora”.

Cifras dadas a conocer por el titular de la representación diplomática dominicana en Miami indican que en la Florida hay 272.000 nacionales de la isla quisqueyana, acorde con el censo de 2010.

“Ya no solo tenemos gente en el sector de Allapattah, en Miami, sino también en Doral, donde hay unos 1.300 dominicanos, en Homestead, Orlando, Fort Myer y Tampa, entre otras ciudades”, subrayó.

A la barriada de Allapattah se le ha asociado por décadas con la comunidad dominicana, y en esa parte de Miami se encuentra un significativo número de negocios en los que sus clientes pueden adquirir una diversidad de productos y servicios relacionados con su país de origen.

Rodríguez dijo además que así como la comunidad dominicana sigue teniendo una “gran presencia” en la Florida, de igual manera las relaciones comerciales han crecido con el Estado del Sol estado durante los últimos años.

“Con Florida el año pasado República Dominica hizo negocios por más de 6.000 millones de dólares, lo que muestra un intercambio comercial fluido, y este año vamos en marzo con potenciales inversionistas del estado a un evento en el Ministerio de Relaciones Exteriores, en Santo Domingo, en el que se hablará de turismo, industria e agroindustria”.

Sobre los programas que adelanta el consulado dominicano en Miami para preservar sus raíces y costumbres culturales, Rodríguez señaló que el pasado 21 de febrero se realizó la conferencia El futuro del merengue y sus protagonistas, que tuvo lugar en el ayuntamiento de la Ciudad de Doral.

En palabras del diplomático, “nuestra música ha ido mutando; antes se hablaba de Tatico Henríquez o Primitivo Santos; hoy se habla de Romeo, y se sigue apreciando la música de Fernando Villalona, por ejemplo, aunque son muchos nuestros exponentes de antes y de hoy”.

Destacó que República Dominicana “es más que merengue o bachata” y resaltó la trayectoria de la violinista de esa nacionalidad Aisha Syed Castro, quien el año 2016 ofreció un concierto durante la Semana de la Herencia Cultural Dominico-Americana, en Miami.

Escudo de República Dominicana

El escudo de República Dominicana tiene los mismos colores de la bandera de ese país, y dispuestos en igual forma.

El emblema muestra en el centro el libro sagrado de la Biblia, abierta en el Evangelio de San Juan, capítulo 8, versículo 32, y encima una cruz, los cuales surgen de un trofeo integrado por dos lanzas y cuatro banderas nacionales sin escudo, dispuestas a ambos lados. Además, enseña un ramo de laurel del lado izquierdo y uno de palma al lado derecho.

El escudo dominicano está coronado por una cinta azul ultramar, en la cual se lee el lema: "Dios, Patria y Libertad". En la base hay otra cinta de color rojo bermellón cuyos extremos se orientan hacia arriba con las palabras “República Dominicana”.

La forma del escudo es de un cuadrilongo, con los ángulos superiores salientes y los inferiores redondeados, el centro de cuya base termina en punta, y está dispuesto en forma tal que resulta un cuadrado perfecto al trazar una línea horizontal que una las dos verticales del cuadrilongo desde donde comienzan los ángulos inferiores.

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