Tras la operación quirúrgica registrada en Caracas el 3 de enero, que permitió la captura de Maduro y su esposa, Cilia Flores, quienes enfrentarán cargos por delitos relacionados con el narcoterrorismo en el Distrito Sur de Nueva York, el presidente Donald Trump afirmó que Estados Unidos estará “a cargo” y “dirigirá el país” hasta que se logre una “transición segura, adecuada y sensata”.
En este escenario entraría Delcy, a quien el republicano reconocería como la "escogida" para apagar el incendio dejado por el dictador depuesto y que asegura “ha estado cooperando” con su administración. Esto, sin embargo, no significa que tiene carta blanca. El reconocimiento está condicionado a su colaboración activa y efectiva, con una clara advertencia: si no “hace lo correcto”, pagará un “precio más alto que Maduro”.
Para el consultor político Luis Toty Medina, fundador de la Asociación Venezolana de Consultores Políticos (AVENCOPOL) y director de la firma Poliestrategia, la decisión de EEUU de avanzar, en esta fase inicial, con Delcy y Jorge Rodríguez obedece a un cálculo estrictamente pragmático.
“EEUU ha optado por un razonamiento pragmático de la política. En esta etapa del proceso deciden avanzar con los hermanos Rodríguez, que son una yunta indivisible, porque la verdad es que el poder real todavía lo conserva el chavismo, el chavismo armado, no la oposición civil venezolana”, explica Medina en conversación con DIARIO LAS AMÉRICAS.
Control territorial
Señala una distinción clave que suele perderse en el debate público: legitimidad no equivale a poder efectivo. “La oposición venezolana no está dentro de las FFAA, no está dentro de ninguna estructura real de poder. En cambio, el chavismo conserva el control territorial porque controla las armas de la República”, menciona.
El analista enmarca el momento venezolano dentro de lo que la ciencia política denomina “transiciones duras”, caracterizadas por la permanencia del aparato coercitivo del Estado. “En transiciones de este tipo se negocia con quien puede apagar las alarmas y los incendios internos que pudieran existir”, indica.
En ese sentido, los hermanos Rodríguez representan varios elementos indispensables. El primero es la continuidad administrativa. “No implica una ruptura abrupta del orden constituido. La institucionalidad, los bancos del Estado, los ministerios, mantienen una continuidad administrativa que, sin ella, 'caotizaría' la poca normalidad institucional que aún subsiste en Venezuela”, sostiene.
El segundo elemento es su rol como vaso comunicante con el poder armado. “Delcy y Jorge Rodríguez son un canal directo con el poder real: los militares, la inteligencia militar y los grupos armados que operan dentro del territorio venezolano”, recuerda, destacando que el control territorial no se limita a las FFAA formal, sino también a estructuras irregulares.
El tercer factor es la capacidad de intercambio. “No se trata de simpatías de EEUU hacia un actor u otro, se trata de un pragmatismo utilitario total. Ellos tienen la capacidad de entregar información, órdenes directas y mecanismos para controlar el territorio”, sostiene.
Una transición en tres fases
Uno de los errores más frecuentes, advierte Medina, es intentar medir la transición en términos de tiempo. “Estamos hablando de procesos, no de lapsos”, señala. “Algunas etapas pueden tomar mucho tiempo y otras ser muy cortas. No es posible determinar plazos exactos”.
El analista explica que la transición consta de tres fases: control del caos, recuperación y legitimación. En el caso venezolano, menciona, se produjo un shock interno el 3 de enero. “El oficialismo no sabía lo que estaba ocurriendo, no tenía certeza de la situación y vimos una ausencia total de vocería oficial”, rememora.
Menciona, por ejemplo, algunas escenas que terminan siendo reveladoras: “Diosdado Cabello no apareció, Padrino López apareció en lo que parecía un búnker, en soledad, hasta que fue Donald Trump quien anunció la captura de Maduro”.
El republicano negó que Rodríguez o el círculo íntimo de Maduro haya colaborado en su captura, aunque reconoció que “muchos querían hacer un acuerdo” para facilitar la transición.
El analista está convencido de que la conversación que el republicano filtró entre el secretario de Estado, Marco Rubio, y Delcy, “estuvo signada bajo el tenor de negociación”. Es más, descarta que se tratara de un contacto aislado: “Lo que Trump no dice es que esa no fue la primera conversación. Esa conversación ya venía en curso durante días, semanas o incluso meses previos al evento que finalmente extrajo a Maduro del poder y colocó a Delcy Rodríguez al frente del gobierno”.
Superado el impacto inicial, el régimen avanzó hacia el control del caos, una etapa que estaría representada por los hermanos Rodríguez, quienes han admitido que la “revolución bolivariana” fue la “venganza personal” por la muerte en prisión de su padre, Jorge Antonio Rodríguez, tras liderar el secuestro del empresario estadounidense William Niehous. “Esta fase suele negociar con quien tiene las armas, con quien puede desatar violencia, con quien sabe cuáles son las minas a desactivar”, explica Medina.
En ese marco se inscribe la juramentación de la hasta entonces vicepresidenta de Maduro. “Utilizaron subterfugios legales, como no declarar la ausencia absoluta del presidente, sino una ausencia temporal como si fuera a regresar, para sortear la obligación constitucional de convocar elecciones en 60 días”, subraya.
En la segunda fase, de recuperación, se requerirán de inversión, cooperación, técnicos, expertos y gente que sepa reconstruir el país: “PDVSA, represas, vialidad, telecomunicaciones”, señala. Para, finalmente, llegar a la fase final: la de legitimación. “Ahí sí entran María Corina Machado y Edmundo González, que son quienes pueden validar democráticamente el proceso”, precisa.
En ese sentido, destaca la actitud de la líder opositora tras la captura de Maduro: “María Corina no se ha convertido en una francotiradora del proceso. Exige el respeto a la voluntad popular del 28 de julio, pero entiende que en esta fase una confrontación frontal podría generar caos”.
Supervivencia, cooperación y señales
El papel de figuras del chavismo dentro de la transición genera rechazo, pero Medina lo define como un mal menor. “Dentro de los males, ella es el menor”, dice en referencia a Delcy, y recuerda un antecedente histórico clave: “Cuando cae Marcos Pérez Jiménez, quien encabeza la junta de transición es Wolfgang Larrazábal, que hasta ese mismo día era su ministro de Guerra y Marina. Era una ficha activa del régimen, y aun así presidió una transición exitosa hacia la democracia”.
Sobre la Fuerza Armada, Medina hizo una precisión fundamental. “Si Delcy tiene un control firme y absoluto del estamento militar está por verse. Pero lo que sí tiene es el reconocimiento del establishment militar”.
“La presencia de Vladimir Padrino López (ministro de Defensa) y del jefe del CEOFAN (Domingo Hernández Lárez) en su primera aparición pública envía un mensaje claro: reconocemos a esta autoridad. Hoy Delcy Rodríguez es la comandante en jefe y la institucionalidad militar la reconoce como tal”.
Para Medina, el rol de los Rodríguez es híbrido: “Están colaborando con el proceso para desmontarlo (al chavismo) por supervivencia. Para sobrevivir necesitan cooperar, y lo están haciendo”.
Entre los signos de esa cooperación destaca la moderación simbólica. “En su juramentación, Delcy invocó a Bolívar, pero no mencionó ni a Chávez ni a Maduro. Esa atenuación del discurso es un signo claro de cooperación”.
El destino de Venezuela, ahora, pasa a estar en manos de EEUU que, como afirma el analista consultado por este medio, contempla un plan de tres fases para Venezuela: estabilización, para evitar el caos y controlar recursos claves, como el petróleo; recuperación, en el que se reintegrará a Venezuela en mercados globales y promoverá la reconciliación política, con amnistías y liberación de presos políticos y, finalmente, la transición, en la que se consolide un cambio político interno, según informó Rubio este 7 de enero al Congreso.
“EEUU no está haciendo esto porque ame la libertad de Venezuela. Lo hace porque Venezuela fue durante décadas un aliado energético confiable, estable y seguro para EEUU, y ese es hoy su principal interés”, explica Medina, al resaltar que “indignarse ante Trump y no hacerlo ante la ocupación real de potencias como China, Rusia, Irán y Cuba es, por decir lo menos, una hipocresía”, especialmente, cuando la muerte de cubanos el pasado sábado “es un signo evidente de una ocupación permitida, concertada, una invasión acordada y tolerada por el propio régimen venezolano”.
En el contexto actual, Washington representa una opción menos peligrosa para el país: “Los rusos y los iraníes jamás han conocido la democracia, los chinos jamás han sabido lo que es y los cubanos jamás la han vivido”, mientras que, en EEUU, Trump ya no será presidente dentro de dos años. Por ello, concluye: “Entre ser cooptado por fuerzas que no conocen la democracia y EEUU, que cambia de presidente, para los venezolanos es un mal menor ser cooptados por EEUU”.
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