Por favor la cuenta, bien pudo decir Fidel Castro al pueblo cubano antes de abandonar el mundo, por pura curiosidad para ver el balance de su paso por el poder de la nación durante casi cinco décadas.

Cuba queda en la antesala del siglo XXI, de espaldas al mundo de las aplicaciones tecnológicas, parcialmente aislada de un internet que se dosifica a precios exorbitantes . Es el único país de su área donde los GPS son una caja de plástico inservible de unos 300 gramos.

Es un país donde todos los niños van gratis a unas escuelas desbaratadas y carentes materiales didácticos modernos. Los maestros adquieren la categoría de emergentes y su labor cotidiana es sentar a sus alumnos para que sigan las clases emitidas por un televisor. Un remedio castrista para la falta de docentes.

El 100% de la población tiene acceso a la medicina pública. Según las cifras oficiales, Cuba es la nación con más galenos per cápita del mundo, uno por cada 150 habitantes, tiene un total 73.000 doctores.

Los médicos cubanos se han convertido en una importante fuente de ingreso para las arcas de régimen. Actualmente más de 25.000 galenos trabajan en Venezuela y otros miles en el resto de Latinoamérica, África y en algunas naciones árabes. Por este concepto el régimen ingresa 12.000 millones de dólares anuales.

Mientras hace caja en el exterior, se da la paradoja de que los hospitales cubanos se caracterizan por falta de personal, material sanitario deficitario y una abrumadora escasez de medicinas.

Los tres millones y medio de turistas recibidos el pasado año denotan que el país comienza a posicionarse en una industria, que en condiciones normales, crearía enormes sinergias para arrastrar al desarrollo a otros sectores de la economía y de la nación. En el peculiar caso cubano, la mayoría de las empresas vinculadas a esta industria son estatales. Las empresas del estado se caracterizan por la ineficiencia económica y el despilfarro lo que a mediano plazo constituirán un freno al desarrollo del turismo. La industria de los hoteles y las playas ingresa unos 2.700 millones de dólares a las arcas del régimen.

La fuerza laboral de la nación en su gran mayoría trabaja para el sector estatal por un salario promedio de 25 dólares mensuales. Los cuentapropistas, que son apenas unos 500.000, generan con oficios artesanales y de servicio el 8% de los ingresos del presupuesto del Estado. Estas microempresas se desempeñan en condiciones adversas, carecen de mercado mayorista donde adquirir sus productos y son sometidas a regulaciones fiscales asfixiantes.

La mayoría de los cubanos vive en casas hacinadas donde cohabitan dos y tres generaciones. El déficit habitacional de la isla asciende a un millón de unidades. Lo peor es que el 85% del parque de viviendas necesita reparación. Para satisfacer la necesidad de casas se deben construir 60.000 unidades al año y actualmente se terminan unas 10.000.

La emigración desde Cuba es la mayor del mundo procedente zonas sin conflictos bélicos. Solamente hacia los Estados Unidos -donde viven cerca de 1.200.000 antillanos- en los últimos tres años han emigrado 120.000 cubanos. El 20% de la población ha abandonado la nación.

Podríamos poner en la cuenta de Castro los 11.100 millones de dólares que Cuba increíblemente debe a los miembros del Club de Paris. El origen de esa deuda no se refleja en la sociedad cubana y sus duras condiciones de vida.

Las infraestructuras de la isla tienen todas más de 50 años. El tendido eléctrico no satisface las necesidades de una población. Los alcantarillados son los mismos que se construyeron a principios del siglo XIX . El parque de automóviles es un engendro de mecánica rusa de los años 70 y americana de la década del 50. Las calles y parques están tan deteriorados que brindan una terrible imagen de postguerra a quienes visitan la isla. A esas calles no llegan los 500 millones de dólares que se ingresan por concepto de exportación de medicamentos, ni los 1.413 millones de dólares por la exportación de níquel o los cerca de 2.700 millones de dólares que envían cada año los emigrados cubanos.

La cuenta de Castro a Cuba simplemente no le da.

 

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