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@DesdeLaHabana

LA HABANA.- Los sábados, Ana Torricela, webmaster de Primavera Digital y esposa del periodista independiente Juan González Febles, en su reducido apartamento en la barriada habanera de Lawton, recibe a cuatro o cinco colaboradores que ese día entregan sus trabajos. La casa del matrimonio está lejos de ser una oficina ideal. La sala, demasiado pequeña, es ocupada por una computadora de cuarta generación y un fax anacrónico.

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Además de fotógrafa y editora gráfica, Ana es ama de casa. Y los sábados debe soportar a adultos hablando alto y discutiendo sobre periodismo, política, economía, historia o deportes. Los fumadores desbordan los ceniceros y si hay café, se beben el termo completo. Cuando se han marchado, Ana debe ordenarlo todo. “Imagínate, la cama donde dormimos hace las veces de sofá. Ya perdí la cuenta de las quemaduras de colillas de cigarros en las sábanas”.

A pesar de las carencias materiales, y que en la acera de enfrente los servicios especiales de la dictadura acosan a Primavera Digital, desde el 22 de noviembre de 2007, cada semana realizan su labor informativa sobre la otra Cuba que el régimen pretende ignorar. Sin intermitencias y sin fondos. Durante siete años, patrocinadores suecos financiaron al primer semanario impreso y online realizado íntegramente en La Habana. Pero en agosto de 2014 los suecos decidieron no subsidiarlos más, utilizando el chantaje como arma de presión.

Febles, su director, y Luis Cino, vicedirector, no aceptaron la coacción. Desde entonces, editan el semanario con sus propios medios. Ya han publicado más de 500 ediciones. La falta de dinero para pagar las colaboraciones provocó la disminución de su plantilla. Hoy, apenas media docena de reporteros escriben columnas de opinión política. Primavera Digital, decano del periodismo independiente en Cuba, se mantiene por la perseverancia de Juan González Febles, quien con una salud deteriorada y comiendo una vez al día, se considera con derecho a emitir sus propios criterios.

Entre diciembre de 2002 y febrero de 2003, el poeta y periodista Raúl Rivero, junto a Ricardo González Alfonso, Luis Cino, Claudia Márquez y Tania Quintero, entre otros, consiguieron publicar dos números impresos de la revista De Cuba. El lanzamiento en papel de esta publicación sería uno de los detonantes para que un furioso Fidel Castro ordenara el arresto de 75 opositores pacíficos, entre ellos 27 periodistas sin mordaza. Un tercer y último número, emergente, de la revista De Cuba saldría en septiembre de 2003, cuando los prisioneros de la Primavera Negra llevaban seis meses encarcelados. La idea fue de Claudia Márquez, actualmente exiliada en Puerto Rico. En la arriesgada labor, Claudia contó con la ayuda del disidente Vladimiro Roca, de Tania Quintero y mía.

Once años después, en mayo de 2014, Yoani Sánchez y su esposo, Reinaldo Escobar, fundaron el periódico digital 14ymedio. La redacción radica en un apartamento en el piso 14 de un espantoso edificio y que a su vez es el hogar de la pareja. Para sobrevivir en las duras condiciones del periodismo digital en Cuba, que aún no ha encontrado un modelo efectivo de negocio, como salvavidas implementaron las donaciones de sus lectores.

A 14ymedio le seguirían Periodismo de Barrio, El Toque, El Estornudo y Tremenda Nota. Elaine Díaz, directora de Periodismo de Barrio, es un buen ejemplo de transparencia: informa públicamente de su estado financiero.

A la inmensa mayoría de los más de 200 periodistas independientes diseminados por las diferentes provincias, les cuesta llegar a fin de mes. Suelen escribir en más de un sitio y así poder ganar un poco más de dinero. Y que por mucho que escriban no alcanza, debido a la carestía de la vida en la Isla. El promedio salarial de un periodista independiente cubano es de 100 a 150 dólares al mes. Los más afortunados pueden llegar a recibir de 300 a 500 dólares mensuales, de acuerdo con las tarifas de los medios donde publiquen.

Si lo comparamos con el sueldo de un periodista estatal, puede parecer mucho. Pero en la Cuba del siglo XXI, a un periodista casado y padre de dos hijos, 500 dólares le resultan insuficientes, pues no todo lo puede destinar a mantener a su familia. Parte de ese dinero se gasta en comprar tarjetas de datos de internet, sufragar la investigación de nuevas historias y moverse dentro de su ciudad o de una provincia a otra.

A esos gastos necesarios en periodismo, hay que sumarle la vigilancia y acoso constante de la Seguridad del Estado, que trata de impedir nuestro derecho a la libertad de expresión. Los "segurosos" utilizan disímiles métodos. La colaboradora de Diario de Cuba, Adriana Zamora, estaba ya hospitalizada para dar a luz, cuando la policía política presionó a la dueña de la vivienda donde vivía alquilada con su esposo y consiguió que los echara.

Otras veces te mandan por teléfono mensajes estilo camorra napolitana, amenazando tu integridad física o la de tu familia. O intentan coaccionar a tus amigos, vecinos del barrio y personas que ellos suponen te brindan información. O te decomisan los equipos de trabajo o no te permiten que salgas de tu domicilio en determinadas fechas.

El 31 de diciembre de 2019, el Instituto Patmos, con sede en Washington, publicaba los nombres de 226 cubanos que ese año habían sido "regulados", como les llaman a los ciudadanos, disidentes o no, a los que el régimen no deja salir del país, violando olímpicamente sus propios estatutos. En ese listado figuraban numerosos periodistas independientes como el veterano Víctor Manuel Domínguez, a quien ya en 2017 le impidieron viajar a un evento en Colombia. Desde esa fecha no ha podido salir de Cuba. No es un delincuente ni tiene una causa pendiente con la justicia. Simplemente los funcionarios de la autocracia verde olivo se lo prohíben.

Igual le ha sucedido a Jorge Olivera, Luz Escobar, Abraham Jiménez, Ana León, Augusto César San Martín, Camila Acosta, Boris González, Henry Constantín, Osmel Ramírez, Ileana Hernández, Maykel González Vivero, Regina Coyula y muchos otros. La escalada represiva no se detiene, sea con prisiones domiciliarias forzosas o imposibilitando la participación en eventos y talleres periodísticos en el extranjero.

Como las leyes cubanas lo permiten, en cualquier momento te pueden abrir un expediente y encarcelarte por ejercer el periodismo sin permiso del régimen. Roberto Quiñones, periodista guantanamero, desde septiembre de 2019 cumple un año de prisión por el supuesto "delito de desobediencia y resistencia a la autoridad". Mientras se le da una publicidad exagerada a Clandestinos, una banda incógnita que no da la cara y mancilla bustos del apóstol José Martí, cae en el olvido el injusto encierro de Quiñones, de 62 años. En la última visita que su esposa e hijo le hicieron al Combinado Sur de Guantánamo, lo encontraron mal, ha bajado de peso, ha tenido diarreas y la psoriasis que padece se ha agravado, debido a la humedad y pésima higiene del penal, donde los reclusos conviven con ratas.

A la falta de garantías jurídicas, detenciones breves y advertencias más o menos veladas, se unen las limitaciones: no poder acceder a estadísticas oficiales y ninguna institución o autoridad concede entrevistas a quienes ejercemos el periodismo independiente en Cuba. Por eso la mayoría de nuestras historias adolecen del necesario equilibrio, pues el Estado se niega a brindarnos informaciones que posibiliten los contrastes y puntos de vista diferentes.

Las amenazas son reales. Hace cinco años, al periodista independiente Carlos Torres, de Villa Clara, lo intimidaron con un arma de fuego y simularon una ejecución al colocarle en la sien una pistola sin cargador. Yuri Valle Roca, bloguero y comunicador, muchas veces ha sido detenido por los cuerpos represivos utilizando violencia desmedida. Al menos en un par de ocasiones fue agredido en la vía pública por tipos de la policía política vestidos de civil.

A Rolando Rodríguez Lobaina, director de Palenque Visión, además de innumerables arrestos arbitrarios y decomisos ilegales de equipos de trabajo, le han robado tres veces en su vivienda, en Guantánamo. Aunque se conoce el nombre y paradero del perpetrador, nunca se ha efectuado juicio. Augusto César San Martín, Henry Constantín, Ana León y Luz Escobar, entre otros, a menudo son citados por la policía política y arbitrariamente les han confiscados teléfonos móviles, laptops y cámaras. A Mónica Baró la han acosado en las redes sociales por exponer sus puntos de vista en "Cuba no es país para opositores", excelente investigación periodística publicada en El Estornudo.

Los oficiales de la Seguridad del Estado sacan pecho y arguyen que en Cuba no se asesina ni de manera extrajudicial se ejecuta a reporteros como en México o Colombia, dando a entender que aún queda espacio para una violencia mayor. Hasta ahora, en la Isla no han matado ni desaparecido a ningún periodista. Pero los oficiales de la Seguridad del Estado son especialistas en amenazar, linchar tu reputación y tratar de impedir el ejercicio del periodismo libre.

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