ESPECIAL/CARACAS.- En las elecciones municipales y regionales del 21 de noviembre en Venezuela está en juego mucho más que la designación de más de 3.000 cargos entre gobernadores, alcaldes, integrantes de asambleas legislativas estatales y concejos municipales. El día después de las elecciones marcará la nueva etapa del proceso de negociación entre la oposición venezolana y el gobierno de Nicolás Maduro.

Para el abogado constitucionalista Juan Manuel Rafalli “la mejor manera de empezar a arrancarle el poder por pedazos a Nicolás Maduro “es ganando muchas gobernaciones y alcaldías”.

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Rafalli ha destacado en diversos espacios que con las elecciones del 21 de noviembre comienza una ruta electoral “muy compleja de 27 meses que incluye las regionales, revocatorio y luego las presidenciales en 2024. De allí la importancia de que del diálogo en México salga, no solo en un cronograma electoral , sino en una sucesión de fases y etapas coherentes para revigorizar nuestra democracia”.

En un foro organizado por la Gran Aldea, Rafalli criticó la postura de quienes sostienen que votar en las elecciones del 21 de noviembre “es legitimar a los que están en Miraflores (…) no tienen ni idea de lo que es el funcionamiento de los poderes públicos en Venezuela de acuerdo con la Constitución (…) Esta elección regional no tiene absolutamente nada que ver con el ejercicio de la Presidencia de la República que ha hecho Maduro a partir de mayo de 2018; y no lo legitimas por ir a este proceso. Es más es todo lo contrario”.

Según la consultora ORC, los estudios de opinión pública apuntan a que el 21 de noviembre, el 55% de los electores habilitados para participar acudirán a la urnas (una cifra similar a la de anteriores procesos regionales y locales).

A pesar de la mejora sustancial en la participación, en comparación con los cuestionados procesos electorales de 2018 y 2020, el investigador en Políticas Públicas y Planificación Estratégica y fellow del Wilson Center Michael Penfold sostiene que sin los acuerdos unitarios amplios, en los estados existe “un escenario, probable, desconcertante: el chavismo pierde por mucho el voto nacional y aun así, la oposición gana muy pocas regiones. ¿Es sólo falta de condiciones o de sentido común?”.

Los datos de ORC muestran además que los venezolanos más jóvenes están desconectados del evento previsto para el 21 de noviembre.

Según sus estudios, seis de cada 10 zillenials (electores entre 18 ay 24 años) muestran muy baja disposición a votar en las elecciones municipales y regionales, contrario a quienes se ubican en la generación de baby boomers y silentes (mayores de 55 años). En estos grupos, seis de cada 10 si quieren votar el 21 de noviembre.

Los datos de ORC Consultores permiten concluir que, a pesar de que el 42% del país se auto define como opositor al gobierno de Nicolás Maduro, la mayoría de este segmento no tienen una disposición a votar tan alta como los autodefinidos como oficialistas.

Según ORC, mientras entre los electores que adversan a Maduro, con múltiples coaliciones electorales, la disposición a votar es del 53%, en el oficialismo, con una coalición única, la disposición a votar es del 71%.

El dilema del cronograma electoral

Las elecciones del 21 de noviembre servirán como paso previo a la discusión más importante: el cronograma electoral que debe negociarse en México.

Según el análisis titulado: Democratización en Venezuela. Pensamientos para un nuevo camino”, promovido por el Atlantic Council (Washington DC) en su programa para Latino América, es necesario resolver el dilema sobre el cronograma electoral.

El régimen de Maduro quiere mantener el calendario electoral actual, que asegura que las elecciones presidenciales debidas en 2024 se mantienen con él en el poder y ese chavismo puede volver a convertirse competitivo en esas elecciones -escribe Penfold en el documento promovido por el Atlantic Council. El chavismo también quiere mantener la calificación de mayoría de la Asamblea Nacional hasta 2025. En otras palabras, si la oposición ganara las elecciones presidenciales de 2024, lo haría con un parlamento y poder judicial controlado por el chavismo. Como dicen algunos chavistas, “incluso si perdemos la presidencia, podríamos darles una buena dosis de lo que vivimos

cuando intentaron derrocarnos”.

En este análisis se destaca que “en la oposición, hay quienes piensan que una activación del referéndum revocatorio en 2022 podría ser una opción para

poder. Sin embargo, lo cierto es que, aunque Maduro pierde la revocatoria ante la oposición, tendría que gobernar en un entorno tremendamente frágil (…) El chavismo también podría retrasar el referéndum después de 2023 con la esperanza de que, en el caso de perder constitucionalmente, Maduro podría nombrar un sucesor y no convocar a elecciones inmediatamente. Dado esto, una mejor opción podría ser avanzar en las elecciones y acordar una reforma al sistema electoral que asegure un

sistema proporcional. A pesar del dominio de ciertos partidos, con esta reforma, la legislatura estaría más equilibrada y necesitaría negociar la renovación de todos los poderes públicos para obtener los dos tercios exigidos por la Constitución para sus nombramientos. En todo momento, la oposición debe concentrarse drásticamente a tratar de aumentar su unidad”.

La división en la comunidad internacional

Si la oposición venezolana acude dividida al proceso del 21 de noviembre, también lo hacen sus principales aliados internacionales. El senador Rick Scott sostiene que este evento “es una farsa. Maduro va a ganar, porque son elecciones fraudulentas”.

Una posición similar mantiene el senador Marco Rubio: “A medida que nos acercamos a otra ronda de elecciones falsas en Venezuela, EEUU debe enviar un mensaje claro e inequívoco al dictador Nicolás Maduro y a sus secuaces: las sanciones de EEUU permanecerán vigentes hasta que se celebren comicios libres, justos y democráticos en el país y cuando todos los presos políticos sean puestos en libertad”.

No obstante, algunos sectores de la Unión Europea enfocan el proceso desde otra perspectiva: El eurodiputado socialista Javi López considera que las elecciones municipales y regionales son una oportunidad para “una reinstitucionalización del país” que conlleve más democracia.

Una posición que no comparte el presidente de Colombia Iván Duque para quién los próximos comicios regionales en Venezuela no serán “libres” ni “democráticos”, ya que Nicolás Maduro busca “fracturar la oposición” para “perpetuar su dictadura”.

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