Hace cuatrocientos años, en Cuba no se pasaba hambre. Estoy escribiendo mi tercer libro, una historia de La Habana desde su fundación en 1519 hasta 1893. Bueno, en realidad lo estoy revisando y mejorando, pues escrito ya está.
Encontré una descripción de Cuba y de La Habana hecha por el fraile dominico inglés, y de paso espía, Thomas Gage
Hace cuatrocientos años, en Cuba no se pasaba hambre. Estoy escribiendo mi tercer libro, una historia de La Habana desde su fundación en 1519 hasta 1893. Bueno, en realidad lo estoy revisando y mejorando, pues escrito ya está.
Y me encuentro con párrafos como este, que hoy en día duelen más cuando uno sabe que los cautivos de la isla sobreviven a oscuras, con hambre, sin servicios públicos y lo que es peor, con represión. Encontré una descripción de Cuba y de La Habana hecha por el fraile dominico inglés, y de paso espía, Thomas Gage, y dice así:
Cuba: “Está cubierta de selvas, lagunas y montañas: su clima es templado y el terreno fértil, y hay en él minas de cobre excelentes. Abunda en jengibre, cañafístola, almáciga, acíbar, zarzaparrilla y azúcar; y en ganado vacuno, peces y caza, siendo tal la cantidad de tortugas y cerdos que los buques hacen de aquéllas y de éstos su principal provisión cuando vuelven a España".
En muchos de los mapas de Cuba y de La Habana del siglo XVI aparecen representadas, decorativamente, figuras de tortugas. Es que abundaban por todos lados. Los españoles introdujeron a los quelonios en su dieta, tanto como carne fresca como en tasajo. Todavía en 1625 se pescaban muy fácilmente, y el cabildo, en repetidas ocasiones, tuvo que ordenar que no se matasen en las inmediaciones del puerto. No por proteger a las tortugas sino para que los desechos de la matanza no contaminaran a la ciudad.
Gage narró asombrado: “Cuando las abrieron por primera vez, nos quedamos atónitos del gran número de huevos que crían, teniendo la que menos mil en su cuerpo. Nuestros españoles hacían excelente sopa de tortuga con varias especies. La carne de estos animales parece más bien ternera o gallina que pescado, y estando salada y colgada dos o tres días al aire sabe realmente a cecina. Muchos día dejamos a un lado nuestras aves, nuestro carnero, nuestra vaca y nuestros jamones, cuando teníamos para satisfacer el apetito de nuestros estómagos glotones la abundancia de nuestra vaca marina".
Cuatrocientos años después, uno puede entender que los cubanos no coman tortugas, una especie marina protegida, pero no puede concebir que la malignidad e ineficiencia de una dictadura comunista totalitaria haya desaparecido la riqueza de una isla que desde su descubrimiento en 1492 hasta el 1º de enero de 1959 fue alabada como uno de los lugares más fértiles del mundo.
En 1625 ese fraile inglés se sorprendía de la abundancia de productos agrícolas, de carne de res, de carne de cerdo, de pescados. Toda esa riqueza extinguida por los malditos comunistas, ineptos en dejar producir pero sobresalientes en oprimir y reprimir.
Y todavía hay quienes quieren negociar con ellos. Nada, ni una palabra, ya han hecho mucho daño. Que se vayan o que los desparezcan, para que regrese la prosperidad, y lo que es más importante, la felicidad.
