LA HABANA. - El guardia de seguridad del hotel Grand Aston, en Avenida Malecón entre Primera y D, Vedado, le sale al paso a un matrimonio de la raza negra que camina por las desiertas galerías interiores de la instalación. “¿A dónde van?”, pregunta con recelo. “Solo queremos ver el lugar”, responden e intentan seguir su recorrido. El custodio los detiene con un aviso que suena a regaño: “El hotel es una entidad privada”.
Se miran asombrados, como si de golpe hubieran aterrizado en la Sudáfrica del apartheid. “Y usted, por prejuicios clasistas y raciales, concede o no el derecho de admisión”, le dicen al vigilante y se marchan. No tienen ganas de discutir.
“El plan era salir de la monotonía del apagón. Vivimos en El Diezmero -municipio San Miguel del Padrón, al sureste de la ciudad- y todos los días son entre diez y quince horas sin luz, sin gas para cocinar. Teníamos 3 mil pesos (unos 6 dólares) y pensábamos ir a un bar privado y tomarnos un par de cervezas”, cuenta la pareja.
Debido a la escasez de combustible, se ha reducido el número de taxis colectivos que circulan en La Habana. El servicio de ómnibus urbanos apenas funciona. Un taxi por aplicación, una imitación de Uber, les cobraba 4,500 pesos hasta el Vedado. "Una locura. Entonces optamos por una de esas motos eléctricas con remolque que se están usando como taxi y vinimos al Vedado. Nos cobraron 600 pesos por los dos. Separamos mil pesos para el regreso. Nos quedaron 1,400 pesos, queríamos merendar algo o tomar cerveza”.
Solo para ricos
En medio de un apagón masivo, recorrieron decenas de negocios privados, iluminados gracias a los generadores eléctricos, en busca de opciones baratas. “Imposible. En esos lugares nada más pueden consumir los nuevos ricos y los que reciben dólares. El trago más barato no baja de 1,500 pesos y 800 pesos una cerveza. En la calle Primera los tres negocios particulares (A Fuego Lento, Las Chucherías y Casa Mía), estaban llenos. Excepto una pareja que estaba con su hija celebrando su cumpleaños, que eran mulatos, todos los demás eran blancos. El contraste entre una mayoría de cubanos pobres y la minoritaria clase pudiente es tremenda”, confiesan.
Y consideran que el escenario puede ser aún peor. “El lunes tuvimos una reunión en la empresa donde nos informaron que, en los próximos días, por la escasez de petróleo, no vamos a trabajar hasta nuevo aviso. Dijo el director que los apagones serán más extensos. Fuera de La Habana habrá municipios con ocho o diez horas de electricidad en la semana. Y en la capital podríamos estar sin luz más de veinte horas al día. Decretarán el Estado de Guerra y los que critiquen al gobierno o hagan memes en las redes sociales serán multados con 10.000 pesos. Si reinciden pueden ser sancionados a un año en un correccional, trabajando en el campo. Lo que viene es candela”, afirma el matrimonio.
Contingencia
Osniel, funcionario municipal de salud pública, explica que “ya está elaborado el nuevo plan de contingencia. Es lo más parecido a un escenario de guerra. Habrá toque de queda por las noches. Y si hay protestas y personas que hablen de anexión, invasión a Cuba o se burlen públicamente de Díaz-Canel, puede ir a la cárcel. El transporte público, o lo poco que queda, se va a parar. Y es probable que haya movilizaciones para ir al campo a sembrar viandas”.
Yamila, cocinera en un círculo infantil, manifiesta que “la mayoría de los centros de trabajo van a cerrar. Nos mandarán a la casa y cobraremos el sueldo completo si participamos en las movilizaciones del partido, sea preparación militar o labores agrícolas. El Período Especial es un niño de teta comparado con lo que viene”.
Cuando usted habla con las personas en la calle, relatan versiones diferentes de las nuevas medidas que aplicará la dictadura verde olivo en los próximos días. Según Sergio, jubilado, “el Estado de Guerra que va a implementar el gobierno es lo más parecido a la reconcentración de Weyler. Surgirán nuevas enfermedades y verás un montón de gente esquelética desmayándose en las calles debido a la hambruna. El que pueda vender su casa, el carro o tenga un dinero reunido, que aproveche y escape de este manicomio”.
Niegan diálogo
En declaraciones de prensa a la agencia española EFE, el viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Carlos Fernández de Cossío, negó que La Habana esté diseñando junto con Estados Unidos una mesa de negociación. El diplomático aseguró que se “han intercambiado mensajes”, desde la captura del dictador Nicolás Maduro, el pasado 3 de enero, pero recalcó que “sería un error decir que se está diseñando” una negociación bilateral porque ese diálogo “no se ha empezado”.
Cossío advirtió que tiene “que haber una voluntad mutua de asegurar y diseñar un diálogo que sea serio, que sea constructivo, que sea responsable y que sea respetuoso de la igualdad soberana entre ambos Estados”. El régimen de la Isla puso límites. Y aclaró que se descartan reformas políticas y económicas, cambios en la Constitución y la excarcelación de presos políticos.
El viceministro fue tajante: “No vemos razón, no vemos que vínculo tiene un tema (bloqueo petrolero) con el otro (liberar a los presos disidentes). No tenemos intención de hablar sobre eso, no es parte del diálogo bilateral entre los dos países”.
Un diplomático occidental radicado en La Habana señaló a DLA que la “buena noticia es que el gobierno reconoce que ha habido contactos. Cuando usted habla con su contraparte no es para charlar del tiempo, de la familia o el próximo Superbowl. Es evidente que algo se mueve. No creo que las autoridades de Cuba, en un momento de extrema fragilidad política y económica, puedan llegar a una mesa de negociación con tantas exigencias”.
Doble discurso
“Los operadores políticos cubanos intentarán ceder lo menos posible. Pero va a ser complicado. Al otro lado de la mesa tienen a tipos duros como Trump y Rubio que saben que el sistema está roto. Huelen la sangre y no van a aceptar demandas descabelladas. Buscarán ser rápidos y directos. Sus propuestas serían liberar a los presos políticos, profundas reformas económicas y organizar una transición. Lo tomas o lo dejas. Si el gobierno se niega forzarían al pueblo a una situación extrema”, opina el diplomático.
Un abogado aclara que el Estado de Guerra es una “situación excepcional en la cual las autoridades pueden limitar o prohibir determinados derechos y aplicar toques de queda, detenciones sin el debido proceso a opositores o sospechosos de cometer delitos. El Estado de Guerra está contemplado en la sección segunda del Capítulo II de situaciones excepcionales. Es el escenario más extremo. Y se declara en todo el territorio nacional, según reza el artículo 14, con el objetivo de emplear todas las fuerzas y recursos de la sociedad y el Estado para mantener y defender la integridad y la soberanía de la patria”.
“Si el gobierno lo determina, se puede llamar a una movilización general, se puede regular la entrada y salida del país, se puede adoptar un sistema especial de identificación y limitar, según el artículo 10, el derecho al trabajo, la libertad de palabra y prensa, los derechos de reunión, asociación e incluso inviolabilidad de domicilio y correspondencia. De hecho, es un país que se declara en pie de guerra”, asevera el jurista.
Las opiniones de la gente en la calle están divididas. Un taxista habanero está convencido de que la dictadura “va a terminar aceptando el acuerdo de Trump y luego largarse con miles de millones de dólares que le han robado al pueblo”. Otros creen que el régimen se va a atrincherar. Y utilizarán a los cubanos como rehenes para negociar un mejor acuerdo.
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