domingo 1  de  febrero 2026
CUBA

Por qué negociar con Estados Unidos una transición es la mejor opción para el régimen cubano

Un segmento amplio de cubanos considera que negociar con Estados Unidos es la única opción del castrismo. La última oportunidad

Diario las Américas | IVÁN GARCÍA
Por IVÁN GARCÍA

Hasta la primavera de 2015, la dictadura cubana no tuvo una línea telefónica directa y segura para dialogar con el presidente de Estados Unidos.

Fue durante el deshielo de Barack Obama, revela a DLA un ex funcionario del partido comunista, que “se instaló en la oficina de Raúl Castro en el Palacio de la Revolución un teléfono para llamar a la Casa Blanca".

“Aunque no fue muy publicitado, esa decisión permitió al gobierno cubano contactar con Washington para revisar con el presidente Obama cómo marchaban los diferentes acuerdos pactados. Por cierto el teléfono, no era de color rojo, como la línea que tuvo la antigua URSS con Estados Unidos durante la Guerra Fría. Este aparato es de color negro y sigue en uso”, apuntó el ex funcionario.

El difunto dictador Fidel Castro nunca necesitó tener un teléfono cuando quiso sostener un diálogo con cualquier presidente norteamericano. Apenas dos meses después de llegar al poder, visitó Estados Unidos, recorrió varias universidades y sostuvos conversaciones con funcionarios de la administración de Eisenhower, a los cuales intentó ocultar su verdadera afiliación política.

Se utilizaron también canales indirectos con periodistas y políticos que viajaban a La Habana o a Washington desde la década de 1970 hasta la instalación del teléfono encriptado en 2015.

El 22 de noviembre de 1963, casi a la misma hora que asesinaron a John F. Kennedy en Dallas, Texas, en una casa de protocolo en Varadero,el reportero francés Jean Daniel le entregaba a Castro un mensaje de paz del presidente estadounidense. El presidente Osvaldo Dorticós localizó al entonces primer ministro y le dio noticia del magnicidio. Según testigos de aquel día, barbudo tres veces repitió: "Es una mala noticia".

A pesar de las malas relaciones, el castrismo dialogó con las administraciones de Gerald Ford, Jimmy Carter y Ronald Reagan. Incluso la inteligencia cubana envió información a la Casa Blanca de un intento de asesinato al presidente Reagan por extremistas de Carolina del Norte en 1984.

En 2002, George W. Bush después del paso de un huracán por Cuba, autorizó la compra directa en Estados Unidos de alimentos y medicinas pagando al contado. Y Castro utilizó al escritor colombiano Gabriel García Márquez para enviarle un mensaje a Bill Clinton sobre cubanos en el exilio que supuestamente preparaban actos terroristas en la Isla.

A pesar de que la dictadura exportó la subversión en América Latina, financió el adiestramiento de guerrilleros y terroristas, participó en conflictos en el Congo, Angola, Etiopía y envió un batallón de tanques a la guerra de Siria con Israel, siempre Castro buscó una forma de establecer contacto con su ‘acérrimo enemigo’.

Después del atentado de las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001, el Secretario de Estado, Colin Powell, le envió una carta a Fidel Castro dándole a conocer la apertura de una prisión que acogería terroristas en la Base Naval de Guantánamo, enclavada en territorio cubano y que el régimen considera ilegal.

La dictadura verde olivo siempre estuvo dispuesta a negociar con la Casa Blanca mientras prevalecieran sus intereses. Ahora el escenario es diferente. A la autocracia más longeva del hemisferio se le agotó el tiempo. No aprovechó las oportunidades ofrecidas por Carter y Obama de transformar el disfuncional régimen anciano en una democracia moderna con economía de mercado.

Por tozudez, por aferrarse a un modelo que nunca ha funcionado o sentirse que juegan con una mano ganadora, ya sea subvencionados por la desaparecida URSS y luego la Venezuela de Hugo Chávez, el régimen castrista consideraba que Estados Unidos era el que debía ceder en una mesa de negociaciones.

El presidente designado Miguel Díaz-Canel, un testaferro de los intereses de la familia Castro, con un tono que sonaba a soberbia, señalaba en una reunión celebrada años atrás: “Estados Unidos no puede reclamarnos nada. Ellos son los que nos bloquean. Estamos dispuestos a negociar sin concesiones que lastren nuestros principios ni nuestra soberanía”.

Los operadores políticos de la Isla creían tener ventajas. Esa evaluación fue un error de cálculo. Desde 2019 una crisis multisistémica ha destrozado la economía, descapitalizado la industria y redujo las producciones agrícolas entre el 50 y el 80 por ciento. Cuba está a la deriva.

Cada año se reducen las exportaciones. La corrupción impera a todos los niveles. “Ya se perdieron los principios. Ahora la movida es ver cómo pueden obtener más dinero, sobre todo divisas. Los referentes históricos de la revolución han fallecido o son ancianos esperando la muerte. La defensa del socialismo y la preparación para imaginarias batallas con el enemigo es una cortina de humo”, dice el ex funcionario del partido comunista. “Muchos saben que el barco se hunde y que pronto se irá a pique. Los que tienen millones de dólares en paraísos fiscales van a intentar negociar con los yanquis para no ser juzgados. El resto está luchando su billete y tratará de montar un timbiriche en ese futuro incierto que se nos viene encima”.

Niorvis, licenciado en ciencias políticas, asegura que “el gobierno vive su etapa final. No supo, o no quiso, aprovechar la oportunidad que le brindó Obama. Y ahora no pueden poner demasiadas condiciones en la mesa de negociaciones. El país está en bancarrota. No funcionan los servicios básicos y la pobreza extrema ronda el 90 por ciento de la población. La educación y la salud pública están en franco retroceso”.

“Por lo tanto, deben aprovechar la intención de negociar del presidente Trump y Marco Rubio. Dejar a un lado los prejuicios y sentar las bases de una transición ordenada. Tratarán de negociar que no les cierren sus cuentas bancarias ni los juzguen tribunas internacionales. Presiento que es el último tren. Serían muy estúpidos si lo dejan pasar. De seguir las actuales condiciones de los cubanos, habrá un estallido social de incalculables consecuencias”.

Liudmila, diseñadora, considera que “para allanar el camino a una futura transición democrática se puede copiar el modelo implementado en Venezuela. No es lo que la mayoría de los cubanos quisiéramos, pero es el más factible y evitar que haya un vacío de poder. Siempre bajo la fiscalización de Estados Unidos. De lo contrario, el gobierno provisional, intentará ganar tiempo y perpetuarse en el poder”.

Yuri, estudiante de tercer año de ingeniería civil, opina que “las formas de Trump no son agradables ni diplomáticas. Pero retrató la realidad de Cuba. Si el gobierno no pacta una salida ahora, el país se viene abajo. El modelo no funciona. La gente quiere libertades políticas y económicas garantizadas por un marco jurídico. En el actual contexto, debería efectuarse un plebiscito y preguntarle al pueblo qué modelo de nación quiere. Negociar con Trump les puede resultar beneficioso. Pudieran mantener el dinero robado, no ser juzgados y presidir una futura transición. Es una manera digna de marcharse, a pesar de que a Cuba la dejaron destrozada”.

Un segmento amplio de cubanos considera que negociar con Estados Unidos es la única opción del castrismo. La última oportunidad.

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