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CARACAS.- La oposición venezolana tiene un gran desafío en 2018: ser gobierno. Así de sencillo. Así de difícil. Luego de dos años cargados de errores y fracasos, la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) está obligada a recomponerse para enfrentar unas elecciones presidenciales que marcarán el destino del país. Si de verdad pretenden alcanzar el poder, es ahora o quizás será nunca.

Para la causa democrática, lo mejor de 2017 es que ya se acaba. Tras liquidar el referendo revocatorio y enredar a sus adversarios políticos en un cenagoso proceso de negociación a finales de 2016, el dictador Nicolás Maduro se atornilló este año en Miraflores después de disolver el Parlamento, aplastar a sangre y fuego las protestas –con un saldo de más de 130 muertos– instalar su Asamblea Constituyente y barrer en unos comicios regionales y municipales tachados de fraudulentos tanto dentro como fuera del país.

Mientras el oficialismo avanzaba como una aplanadora, la Unidad se rompía en pedazos y aumentaba la frustración en la base opositora. En medio de sus múltiples diferencias, los líderes de la coalición solo parecen coincidir claramente en un punto: “la MUD ha perdido su utilidad como estaba concebida”, en palabras de Voluntad Popular (VP).

“Este es un año que deja en la oposición venezolana –en todos sus grupos, partidos y facciones– una gran perplejidad y una importante derrota a cuestas. Si bien se pueden rescatar algunos fenómenos positivos, mucho queda restringido al reconocimiento internacional, que tiene enormes límites prácticos”, destaca el politólogo Guillermo Aveledo Coll.

Aveledo Coll subraya que los reveses sufridos en las votaciones de octubre (gobernadores) y diciembre (alcaldes) dejan en entredicho “la larga aspiración de crecimiento electoral y transición pacífica y democrática que ha sido el camino escogido por la oposición más organizada y mayoritaria en Venezuela”. El reforzamiento del “aparato coercitivo” del Estado chavista, que aumentó el control social y clientelar sobre los ciudadanos, y la manipulación del sistema electoral, ha vaciado de contenido al sufragio.

“Dicho esto, pareciera que una victoria electoral como la del año 2015 –cuando la Unidad conquistó los 2/3 del Parlamento– es imposible. Porque a efectos prácticos se ha disuelto la confianza entre los factores políticos de la Unidad, y entre estos y sus electores actuales y potenciales. Y porque más allá de la Unidad, el Estado chavista ha impuesto trabas a esa posibilidad”, advierte el profesor de la Universidad Metropolitana de Caracas.

Pasos clave

La oposición no tiene tiempo para lamerse las heridas. La negociación con el gobierno continuará los días 11 y 12 de enero en República Dominicana, con la presencia de garantes internacionales, y el adelanto de las elecciones presidenciales asoma como una posibilidad en el horizonte de 2018.

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La oposición venezolana tiene un gran desafío en 2018: ser gobierno.
La oposición venezolana tiene un gran desafío en 2018: ser gobierno.

Frente a este nuevo escenario, Aveledo Coll sostiene que la Unidad debe cumplir tres tareas fundamentales en el corto plazo. “La primera, su recomposición organizacional y estratégica”, acota el académico, señalando que las últimas reestructuraciones no han arrojado los resultados esperados y que ya no basta con ser una plataforma electoral.

“La segunda, la restauración de su confianza interna y hacia sus bases. Esto es lo más difícil, pero esencial. Los partidos tienen una importante cuota de animadversión mutua que recuerda la política opositora de hace una década. Pero, más allá del cuestionamiento específico de tal o cual figura, o tal o cual partido, existe un sentimiento creciente de desencanto hacia la ineficacia de la unidad opositora y, más allá, hacia su comprensión de los intereses de sus bases”, enfatiza el experto.

Por último, expone Aveledo Coll, se hace urgente “la conexión de la agenda política de la oposición con la agenda de protesta social emergente y hasta ahora vinculada a la decepción clientelar causada por el fracaso socio-económico de la gestión de Maduro. Plantearse el encauzamiento de la protesta social con el discursos político pluralista de la Unidad, es decir, la conexión entre la narrativa de pérdida de libertades y ese sujeto populista indignado por la desigualdad existente”.

Muchas preguntas

El sociólogo Carlos Raúl Hernández observa que “la oposición venezolana vive una crisis de identidad, además de los estragos de dos años de amargas y contundentes derrotas. Tiene por delante definir nuevamente si hay un conjunto que merezca ese nombre de ‘Unidad’, o si es mera retórica, un título hueco”.

“He ahí problemas graves a resolver: ¿habrá unidad y un candidato unitario, o considerarán conveniente lanzarse con independencia de eso? Tal vez la Unidad podría exorcizar al abstencionismo opositor, el arma secreta del gobierno, por lo que se explican sus triunfos en un país abrumadoramente resentido y encrespado. ¿Habrá uno o más candidatos presidenciales en 2018? ¿Convocarán primarias o no para escogerlo? ¿Lograrán reconvertir en mayoría política la mayoría social contra el gobierno?”, pregunta el analista.

Hernández, enemigo de las posturas “radicales” y “del barranco de la calle”, pone el acento en la escogencia del abanderado que deberá medirse con Maduro en la que podría ser la pelea definitiva por la recuperación de la democracia en Venezuela.

“Se habla de un posible ‘outsider’ para la candidatura presidencial, con nombre y apellido, Lorenzo Mendoza –dueño de Empresas Polar– y en los medios que lo promueven se dan argumentos que resuenan como que ‘los políticos fracasaron, mientras Mendoza es un triunfador’. Eso podría ser así exactamente hasta el momento en que decida lanzarse, porque es previsible que el gobierno lo ataque a fondo a través de sus empresas.

Corren también ideas un poco extravagantes como lanzar a alguno de los inhabilitados, con una razón más o menos así, como que ‘no están inhabilitados para el pueblo’ y ‘no hay que reconocer tal condición’. Todo suena confuso y enredado, pero precisamente la política es el arte adecuado para resolver embrollos”, concluye Hernández.

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