@tulio_r

Acercarse al conflicto venezolano y a la compleja crisis que vive el país sudamericano no es cosa fácil. En un entorno de desconfianza generalizada, de opacidad y de intereses globales y particulares, descifrar el caso venezolano o al menos dar luces sobre lo que ocurre y lo que pudiera ocurrir es un riesgo.

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Moisés Naim, periodista, escritor, analista político venezolano, lo asume con naturalidad y claridad discursiva en entrevista con DIARIO LAS AMÉRICAS. Para el reconocido intelectual no hay duda de que “estamos viendo en Venezuela el fin del chavismo y del madurismo”, pero aclara: “lo que podemos discutir es cuándo”.

Intentemos ubicar el momento en que se encuentra la crisis política venezolana. ¿En qué punto se encuentra: camino a un desenlace, hacia una transición o aún muy lejos de ella?

En este caso los conceptos de cerca y lejos son difíciles de precisar. ¿Cuánto tiempo es lejos, 10 años, 20 años, una generación, un año? Para los padres que tienen hijos que se les están muriendo por falta de medicinas y alimentos, un día es muy lejos. Es muy complicado hablar en esos términos. Lo que sí está claro es que los países con tiranías no salen hacia la democracia instantáneamente. Normalmente los procesos tienen avances y retrocesos, tropiezos y éxitos. Medias vueltas, regresos, en fin, es un proceso complejo pero es muy normal que la población de Venezuela esté desesperada, y que tanto fuera como dentro de Venezuela quieran que haya una salida de Maduro ya.

Y sobre lo que está sucediendo, esta semana tiene dos buenas noticias para la oposición en Venezuela, la firma del TIAR (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca), y el anuncio de que la USAID, la agencia del Gobierno de EEUU va a hacer una entrega importantísima de fondos para apoyar la operatividad del gobierno de Juan Guaidó.

¿En términos de geopolítica, qué factores están jugando en el conflicto venezolano?

Cuba de primero, EEUU de segundo, Rusia de tercero, China de cuarto e Irán de quinto. Luego el Grupo de Lima y la Comunidad Europea que son otro factor importante.

¿Sobre ese papel de Cuba que menciona de primero, hasta qué punto la resolución del caso venezolano pasa por La Habana?

No tengo dudas de que La Habana tiene que jugar un rol importante. Ellos van a seguir saqueando al país tanto como puedan, no solo sacando petróleo sin pagar sino también estando involucrados en actividades de importación y exportación de todo tipo de cosas y ciertamente tienen vínculos con los grupos que operan en Venezuela. Cuba va a estar allí y va a haber que negociar con Cuba, así como con todos los factores que tienen el poder de trancar o facilitar la transición a la democracia.

¿Se están dando esas negociaciones?

No formalmente, hay intentos, pero para Cuba es muy difícil negociar porque van a saquear hasta el final. Venezuela no se puede entender sin explicar que es un país ocupado por una potencia extranjera y esa potencia es Cuba, que paradójicamente es una isla quebrada en el Caribe pero que ha logrado, gracias a Chávez y a Maduro, saquear a Venezuela durante 20 años.

¿Retomando el escenario internacional, no cree que sea un obstáculo que exista una fragmentación, a veces natural, de las iniciativas sobre el caso venezolano con todos los grupos que se han formado para atender la crisis?

Yo no lo llamaría fragmentación, yo diría que hay muchos grupos interesados en la crisis venezolana y sería malísimo que no existieran todos estos grupos. Yo prefiero que haya una proliferación de grupos que representan a la comunidad internacional, que están interesados, activos, informados y comprometidos con la transición en Venezuela. Como hay tantos es difícil coordinarlos, a veces tienen visiones encontradas, a veces las burocracias hacen lentos los procesos, pero en general yo creo que hay que darle la bienvenida a todos estos grupos, de tantos países que tengan la disposición de ayudar a la transición en Venezuela.

¿Hasta qué punto hay un reconocimiento del mundo sobre lo que ocurre en Venezuela?

Hasta hace poco la comunidad internacional no reconocía el hecho de que Maduro era un dictador y que en Venezuela había una dictadura que había conculcado los derechos más básicos de la ciudadanía. Había tardado mucho la comunidad internacional en reconocer lo que venimos diciendo, que esto es una dictadura y una dictadura sangrienta, que tortura a la gente, que lo único que tiene de especial es su capacidad de esconder su naturaleza autocrática, que se disfrazan de demócratas, pero son unos dictadores.

A la izquierda de Europa, de EEUU, de América Latina le ha costado mucho reconocer que en Venezuela hay una dictadura. De hecho, hoy en día Uruguay se abstuvo en la votación del TIAR, y vemos también a la izquierda en México, a López Obrador, y la gente de su partido que todavía aplaude y reconoce a Maduro. Es decir, han tardado mucho en reconocer que Maduro es un dictador, pero fuera de estas excepciones, la gran mayoría de los países del mundo sabe que en Venezuela hay una dictadura corrupta, sangrienta, inepta e indiferente al sufrimiento de los venezolanos.

¿Cuál cree que es el mayor aprendizaje que ha dejado al mundo esta crisis venezolana?

Bueno yo creo todavía están sacando las conclusiones (…) La primera pregunta que se debe estar haciendo la comunidad internacional es ¿cómo un país que tenía todo para ser exitoso está tan fracasado, qué pasó? Y la segunda interrogante es parte de lo que mencioné antes: ¿cómo es posible que esta dictadura se haya disfrazado por tanto tiempo de una democracia benevolente y progresista, cuando en efecto estaban acabando con las instituciones, aniquilando a los pobres de Venezuela y expulsándolos del país? Y finalmente (la tercera pregunta): ¿cómo es posible que Maduro dure tanto? Y ahí la respuesta que ellos no entienden es que esta es una dictadura que está manteniéndose a sangre y fuego con la asesoría de los organismos de inteligencia, seguridad y represión de Cuba. Los venezolanos no pueden hacer más porque están siendo reprimidos y torturados por los esbirros del régimen adiestrados, coordinados y supervisados por los cubanos.

¿Usted ha escrito numerosas columnas y un libro sobre el poder en el mundo actual; quién tiene el poder en Venezuela en estos momentos y qué tipo de poder es el que ejerce?

En Venezuela hay un caso muy interesante -mi libro sobre el poder se llama El fin del poder-, y eso es lo que estamos viendo en Venezuela; el fin del chavismo y del madurismo. Podemos discutir cuándo termina, lo que no hay duda es que está terminando. El poder que tiene Maduro hoy es mucho menor al que tenía cuando comenzó como sucesor de Chávez y claramente es mucho menor al que tenía Chávez. Estamos viendo como todos los días a Maduro se le cierra el círculo. También estamos viendo como Guaidó tiene poder pero no lo puede ejercer en la medida en que las Fuerzas Armadas sigue siendo la guardia pretoriana de Maduro y están dispuestos a asesinar a otros venezolanos con tal de dejarlo en el poder. Ahí están tres polos importantes de poder en Venezuela: el de Maduro y su régimen, el del gobierno legítimo de Juan Guaidó reconocido por cerca de 60 países, y el de las Fuerzas Armadas.

¿Es Guaidó y su gobierno encargado una alternativa real de poder democrático?

Yo estoy seguro de eso, estoy seguro de que Juan Guaidó tiene un profundo temperamento democrático, también lo creo de Leopoldo López, lo creo de los miembros de su gobierno que ha nombrado como sus comisionados, creo que Julio Borges es un demócrata y los demás (miembros del gobierno interino) también. Yo estoy convencido de que él entiende que su mandato y su misión es que haya elecciones libres, transparentes y limpias tan pronto se pueda para restaurar la democracia en Venezuela, y que esa es la única manera de solucionar los problemas económicos del país.

¿Y cómo percibe el liderazgo de Juan Guaidó nueve meses después de haber asumido el enecargo de la presidencia?

Según todas las encuestas, Guaidó tiene un apoyo popular que no lo tiene ningún otro líder político en Venezuela, ni de la oposición, ni Maduro que está en el piso según todas las encuestas. Es decir, Guaidó tiene una ventaja gigantesca de apoyo popular, eso le da un anclaje importante y también le da una legitimad más allá de la que le otorga la comunidad internacional.

¿Usted decía que es ingenuo pensar que en el tema venezolano se pueda evitar indefinidamente el diálogo o la negociación entre las partes, puede explicarnos esta aseveración?

Los chavistas y el pueblo que apoyó a Chávez y al oficialismo no van a desaparecer de Venezuela y muchos de ellos seguirán siendo factores importantes. Yo estoy seguro de que personajes como Tibisay Lucena (directora del CNE), los hermanos Rodríguez (Jorge y Delcy), etcétera, no formarán parte del futuro de Venezuela. Pero sí creo que va a haber gente que estuvo asociada al chavismo que formará parte y que tendrá que ser parte de una incómoda cohabitación que no le gusta a nadie, pero ese es el patrón mundial.

En este caso me gusta recordar algo que me dijo el expresidente de Chile, Ricardo Lagos: que las negociaciones internas eran más feroces que las que se daban con Pinochet. La democracia en Chile tuvo que convivir, de mala gana pero por un tiempo largo, teniendo a Pinochet en el poder como jefe de las Fuerzas Armadas. Pero eso no solo ocurrió ahí, también ocurrió en Suráfrica y en otras partes del mundo, donde se comparte el poder. No es deseable, es incómodo, es desagradable pero la evidencia internacional demuestra que es lo más frecuente.

¿Eso es algo para lo que venezolanos están preparados?

No, no lo estamos. Los venezolanos vamos a estar divididos por mucho tiempo, por una generación, entre la tensión que hay entre la paz y la justicia. Los que quieren la justicia como sea y llevar adelante una especie de revancha y de venganza contra quienes nos destruyeron como país, que es un tema que apasiona y motiva a la gente. Eso está en tensión con la posibilidad de tener la paz necesaria para reconstruir el país y volver a tener una democracia vibrante, civilizada y una economía próspera. Esa tensión entre quienes quieren la venganza, la revancha y la total exclusión del otro, de los chavistas, va a estar enfrentada con quienes quieren una democracia en la que se incluyan a todos, incluyendo a quienes nos mal gobernaron, con las excepciones de quienes torturaron, violaron derechos humanos y robaron cantidades inimaginables de dinero.

¿No le parece que ese debate ya comenzó, sobre todo en las redes sociales donde se dan ataques muy duros?

Ese debate es un debate furioso, donde se llegan a excesos muy fácilmente, y se pierden los estribos en redes sociales, ese debate ya comenzó y nos va a acompañar por un tiempo muy largo.

¿En cuanto al tema económico, que usted maneja muy bien entre otras cosas por haber sido ministro de Industria y Comercio, director del Banco Mundial y del Banco Central de Venezuela, qué necesitaría hacer el país para poner las bases de la recuperación económica?

Lo primero que hay que hacer es darle seguridad a la gente que está en la calle, mientras no sea posible vivir tranquilamente en Venezuela porque existan los peligros de la altísima criminalidad, sobre todo, en ciudades del interior como Maracaibo, va a ser muy difícil que la economía se recupere. Un factor no económico como la seguridad ciudadana es un factor fundamental para la recuperación económica.

Las políticas económicas las conocemos y son más o menos obvias, sabemos lo que hay que hacer y en Venezuela hay economistas muy competentes que saben lo que hay que hacer para poner a Venezuela en marcha, el problema está en las trabas que hay con las mafias que hay en el país, con los grupos paramilitares y de otro tipo (de delincuencia), con la corrupción y con la falta de seguridad ciudadana. Esos, que no son temas económicos pesan mucho a la hora de decidir cómo va a funcionar la economía.

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