Un artículo de Ernesto Perez Chang para CUBANET, resalta los exhorbitante de los precios en la Cuba de hoy. Reproducimos el teco:

"Ni cobrando como salario más de 10 000 pesos al mes se pudiera estar a salvo del desastre económico a donde nos han conducido los “genios” de la “Tarea Ordenamiento”. Y 10 000 pesos (unos 150 dólares al cambio en el mercado negro) es un súper salario en Cuba, “privilegio” de unos cuantos mandamases de primerísimo nivel, que son precisamente los que menos lo necesitarían pues gozan de más de una prebenda, incluidas las asignaciones de grandes volúmenes de comida y de suficiente combustible para no bajarse del auto jamás (de ahí lo barrigones que suelen estar).

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Con la cacareada “reforma salarial” muy pocos trabajadores estatales en la Isla sobrepasaron los 4 000 pesos mensuales, aun cuando el aumento llegó estando los precios por las nubes y sin esperanzas de bajar alguna vez, de modo que todo esto no fue más que una cruel encerrona en la que los más ilusos, amnésicos y tontos entre nosotros hasta llegaron a sentirse “satisfechos” y “recompensados” por el “sistema”, sin haber aprendido la vieja lección de que nada “bueno” sucede en este “comunismo tropical” si no es porque después se nos vendrá encima un infierno.

Así como nos tomaron el pelo años atrás con la llamada “Revolución Energética”, cuando millones de cubanos fueron obligados —literalmente obligados— a adquirir electrodomésticos chinos, a la vez que a endeudarse con el banco, esta vez el juego macabro ha consistido en vaciarnos los bolsillos en un abrir y cerrar de ojos con el pretexto de una “mejora a futuro” pero con la evidente intención de acumular capital para con urgencia saldar una deuda exterior (que no sabemos por qué ha crecido tanto en tan poco tiempo, después de haber sido saldada o parcialmente condonada) o continuar construyendo hoteles bajo un raro esquema que por absurdo sugiere más una maniobra de lavado de dinero que de desarrollo turístico.

Si hace más de 20 años atrás, habiendo suficiente petróleo y gas natural (regalado por Venezuela e incluso de producción nacional), el régimen eliminó el suministro de gas a los barrios más pobres (recordemos que el “experimento” de Fidel Castro comenzó por La Güinera) para venderles (que no regalarles) una hornilla y una jarra eléctricas baratas, ahora que los turistas no llegan y el mundo en pleno se enfrenta a una de las peores crisis por causa de la pandemia, es cuando se les ha ocurrido “ordenar” lo que ellos mismos fastidiaron, así como invertir dinero en lo que ninguno de nosotros necesita, mucho menos cuando se ha hecho evidente que el “paradigmático” sistema de salud cubano fue un gran globo inflado.

Y digo “fue”, en pasado, porque ya sabemos que reventó, además revelando lo que siempre hemos sabido: que los militares del comunismo a la cubana viven en una burbuja, a salvo del desastre que ellos mismos generan. Así, cuando faltó el oxígeno en los hospitales porque el régimen “olvidó” construir una planta, o echó al abandono las que tenía, descubrimos que los militares contaban con el suficiente para enviarlo a Marte y declarar el planeta habitable.

Evidentemente es una hipérbole mía, pero igual traduce la “animosidad” con que los noticiarios de la dictadura transmitieron la noticia de la “generosidad castrense”, al regalarnos su oxígeno, mientras ocultaban al mundo que por decenas los enfermos morían de asfixia debido a que a “alguien”, mientras “ordenaba” la economía en medio de una emergencia sanitaria, se le olvidó comprar una planta generadora, aunque bien recordó importar desde Europa y Asia las plantas desalinizadoras y los sistemas de aire acondicionado de cualquiera de esos hoteles (construidos por empresas militares) que, a toda velocidad, vemos alzarse por sobre miles de casas en peligro de derrumbe.

Los resultados de aquella “Revolución Energética” que nos mantuvo endeudados hasta ayer mismo los estamos sufriendo hoy: un mercado negro de gas licuado en donde la balita pequeña de 25 kg llega a costar entre los 300 y 800 pesos (más de la mitad del salario de un obrero), y unos apagones que no han sido más prolongados solo porque las protestas del 11 de julio los hicieron “recapacitar”, y han salido prestos a buscar el petróleo y las piezas de repuesto para las plantas averiadas donde las haya, señal de que cuando se quiere, se puede, y cuando se trata de mantenerse en el poder ya sabemos de lo que son capaces de hacer.

Si durante la locura de aquel año 2005, el compromiso de comprarles a los chinos toda la chatarrería electrónica (que alcanzó la compra de más de 2,5 millones de refrigeradores, unos 3 millones de hornillas simples, 1 millón de ventiladores y 10 millones de bombillos, entre otras baratijas) probablemente ocultaría otros acuerdos relacionados con préstamos bancarios, y de renovación y actualización tecnológicas, frente a la obsolescencia de los sistemas de defensa soviéticos; durante estos días de inflación y sálvese quien pueda, sería ingenuo pensar que todo este desastre —en donde la moneda nacional no sirve para comer y donde el propio Gobierno nos obliga a buscar dólares para sobrevivir— es un “mal necesario” y no el perverso robo de los ahorros a los trabajadores y el forzar la emigración masiva “controlada” para aumentar el número de emisores de remesas.

El reciente acuerdo migratorio con Nicaragua vuelve todo más claro en cuanto a las verdaderas intenciones del régimen cubano. No solo se revela cuán desesperados andamos por acá donde las personas para escapar de una dictadura van a refugiarse en otra de igual signo político, cortada con la misma tijera, sino que cuanto sufren cubanos y cubanas en su día a día, posiblemente formaría parte de una estrategia maquiavélica donde se matan varios pájaros con la misma pedrada.

Por un lado el manido recurso de control social de mantener a la mayor parte de la población en los límites de la pobreza —y así mismo ocupadas más en saciar el hambre que en intentar ser libres—, y por el otro absorber todos los dólares rápidos y “fáciles” que les sea posible sin producir bienes ni servicios, es decir, obligando a las personas a emigrar y transformarse en puntuales y obedientes emisores de remesas, conociendo ellos a fondo la “psicología” del cubano promedio, de los seres mediocres en que nos han convertido a casi todos, cuyas vidas consisten en escapar, evadir, olvidar, hacer borrón y cuenta nueva con el pasado, marcharse enfadado por la miseria en que se vive pero retornar para hacer alarde de lo conquistado en un hotel de Varadero, en la tienda MLC del barrio, aunque en el fondo sepa que tanto el hotelito, la tenducha, como la nostalgia por la Isla de la infancia no valen lo que pagó.

Pero los abusivos precios que pagamos por nuestras ropas y alimentos del día a día, los bajos salarios que recibimos, no son consecuencia de esas estafas históricas y cotidianas que han maquinado los barrigas gordas de “allá arriba”, como tampoco de los malos tiempos que atraviesa el planeta en general. Los cubanos pagamos y sufrimos por nuestros bolsillos vaciados, otra vez, a punta de pistola porque ese es el altísimo precio de nuestra ingenuidad, de nuestros olvidos y de nuestros silencios. En fin, de nuestros miedos".

FUENTE: CUBANET

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¿La emigración interna en EEUU ha impulsado el aumento de precios? 30.83%
¿Los gobiernos locales deben ofrecer alternativas asequibles ante el alza de precios de alquileres? 35.77%
¿Las personas jubiladas deben recibir algún tipo de asistencia para poder enfrentar esos precios? 33.4%
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