viernes 2  de  enero 2026
REPORTAJE

Qué esperan los cubanos en 2026: "Será otro año de mierda, cada vez más pobres, con más apagones y más hambre"

Óscar, taxista, cree que “2026 nos pudiera traer buenas noticias, por ejemplo, que los canallas que desgobiernan el país se monten en un avión y se piren pal'carajo, mientras más lejos, mejor”

Diario las Américas | IVÁN GARCÍA
Por IVÁN GARCÍA

Cae la noche en La Habana. La mayor parte de la ciudad está en penumbras por los cotidianos apagones. Debajo de la marquesina de una cafetería ubicada en la céntrica esquina de 23 y 12, Vedado, un mendigo se enrolla en el cuerpo una colcha empercudida para resguardarse del frente frío.

Llamémosle Roberto. Fue combatiente de la guerra civil en Angola y sobrevive pidiendo dinero a transeúntes o a las personas que hacen cola en una panadería cercana. A diario recorre negocios privados en busca de sobras de comida. Por su alcoholismo, la familia lo echó de la casa. "Con 73 años es muy duro dormir en la calle y comer lo que aparezca. Fui una persona decente. Me casé y tuve un hijo. Llegué a ser teniente de la reserva”. Las secuelas de la guerra y la bebida le pasaron factura.

En la misma esquina donde Roberto está parado, el 16 de abril de 1961, un exaltado Fidel Castro declaró entre vivas y atronadores aplausos de la muchedumbre el carácter socialista de la revolución. Era un niño y de aquella etapa solo recuerda que su padre siempre estaba movilizado en “cualquier campaña o locura promovida por Fidel”. Lo que no olvidó es "aquella frase del comandante, diciendo que se iniciaba una revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes”.

Los más pobres fueron beneficiados con medidas populistas, rebaja del pago de la electricidad, acceso a salud, educación gratuita y entrega de la propiedad donde residían. “Empoderó a los más necesitados. Por eso una parte importante del pueblo lo siguió”, opina Roberto. Ese cheque en blanco que le entregó la sociedad, despejó el camino para destruir las instituciones democráticas y erigir un modelo dictatorial y personalista.

Ha llovido bastante desde 1959. Los revolucionarios de entonces se reconvirtieron en la nueva burguesía verde olivo. Muchos de los que apoyaron la revolución, como Roberto, ahora comen poco y mal y viven en la extrema pobreza. Cuando usted le pregunta qué espera de 2026, se atusa su descuidada barba y responde: “Estaremos peor, este país ya no tiene arreglo”.

Casi toda la otrora elegante barriada del Vedado está oscura. Los sitios iluminados son los circuitos priorizados por el régimen. "Se entiende que en determinados lugares no quiten la luz, porque hay hospitales y empresas importantes. Pero qué casualidad, dentro de los privilegiados que apenas les falta la electricidad, están las sedes del partido comunista, las casas de los dirigentes y sus familiares, negocios privados enchufados con el gobierno o los que pagan un billete para evadir los apagones”, comenta una vecina que reside en la calle 10.

No muy lejos de su vivienda, en 12 entre 21 y 23, radica Home Deli, restaurante particular que a pesar de sus precios al nivel de Nueva York, tiene sus mesas llenas y una fila de automóviles de alta gama parqueados a la entrada del local. Las luces navideñas iluminan el portal y los dependientes parecen escogidos en un casting. Los fornidos guardias de seguridad espantan a los indigentes que piden dinero o comida a los clientes.

La Cuba post comunista -la dictadura solo utiliza la ideología como propaganda- es una fusión de amplios bolsones de pobreza con pequeños islotes de lujo y prosperidad. A un cubano radicado en la Florida, lo que más le llamó la atención en una reciente visita a la Isla, es la “gran variedad de autos de marcas que circulan por La Habana y el buen diseño y calidad gastronómica de algunos restaurantes privados”.

La mayor parte de esos automóviles son adquiridos en Estados Unidos. Y mientras un diez por ciento de la población puede beber mojito en un ambiente acogedor como el bar Shangri La o comer cortes de carne de res importada de Argentina o Uruguay en Fuego Lento o almorzar mirando al mar en Casa Mía Paladar, el noventa por ciento restante ve el glamour y los coches caros desde la acera de enfrente.

Liliam, estudiante de historia del arte, confiesa que su sueño es emigrar: "Estoy en la universidad por complacer a mis padres. Pero el sacrificio que hago no vale la pena. Cuando me gradúe, el salario que tendré es inferior al del tipo que vende viandas en una carretilla. 2026 será igual de malo. Seguirá la tanda abusiva de apagones y la interminable crisis económica. Habrá más miseria. La solución es emigrar. Si no tienes otra opción, tienes que conseguir un trabajo en una MIPYME donde pagan mejores sueldos”.

La mayoría de los ciudadanos son pesimistas y no esperan nada bueno del 2026. Laritza, madre soltera, considera que “será otro año de mierda, aumentará el hambre, habrán más pobres y más apagones. Tenemos que usar todas las variantes posibles para quitarnos de encima esta calamidad (la dictadura). Protestando en las calles o haciendo brujerías. El gobierno te aprieta cada vez más la soga en el cuello. Si no nos zafamos la soga, nos van a seguir asfixiando hasta dejarnos sin respirar”.

Emprendedores privados como Aitana, dueña de una tienda de ropa, piensan que el próximo año será muy complicado. "Los que no reciben remesas ni tienen acceso al dólar, caerán más hondo en el pozo de la pobreza. Aquéllos que reciben divisas o tienen algún negocio, tendrán más gardeo del gobierno. Ya están priorizando recuperar el control de los dólares, lo que traerá una espiral inflacionaria: al criminalizar a las agencias de remesas que proveen a buena parte del sector privado, el Estado intentará canalizar que las transacciones se hagan por su ineficiente sistema bancario".

"El 2026 es una incógnita. Si el gobierno logra controlar las divisas, los emprendedores privados tendrán que comprar los dólares en el mercado estatal. Pero solo le venderán el 50 por ciento de lo declarado en su cuenta fiscal. Y como todos los negocios tienen doble contabilidad, por culpa de la falta de liquidez y para evadir los impuestos abusivos, se seguirán comprando dólares por debajo del tapete”, vaticina Aitana.

Óscar, taxista, cree que “2026 nos pudiera traer buenas noticias, por ejemplo, que los canallas que desgobiernan el país se monten en un avión y se piren pal'carajo, mientras más lejos, mejor”.

Un día antes del 31 de diciembre, pocos cubanos esperaban celebrar la llegada del nuevo año. Ni siquiera sabían que iban a cenar el 31. Luis, jubilado, dice que si logra comprar la libra de pollo per cápita que venderán en la carnicería por la libreta de racionamiento, "ese pedacito de pollo me lo como con arroz blanco y frijoles negros. Si no, me como un pan con tomate, me tomo un vaso de refresco instantáneo y me acuesto temprano”.

Un porcentaje amplio de la población no despedirá el año con la tradicional pierna de cerdo asada. 2025 fue muy duro. Pero 2026 puede ser peor.

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