Las autoridades cubanas están hondamente preocupadas.

Al menos, eso se desprende de la entrevista exclusiva concedida el pasado domingo en La Habana a la cadena de noticias NBC News y a la agencia Reuters por altos oficiales del Ministerio del Interior (para el exterior) y del documental trasmitido la noche del jueves por la televisión cubana en horario estelar (para el interior), cuyo texto reprodujo al día siguiente el diario oficial Granma.

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Lo dijo directamente el coronel Ramiro Ramírez, a cargo de la seguridad de los diplomáticos, y según la orientación estricta que recibió del mando: “Nuestra principal preocupación en este momento son las acusaciones que nos está haciendo el Gobierno de los Estados Unidos y en eso estamos centrados, porque es una calumnia”, afirmó.

Para llegar a esta entrevista, como es costumbre, el Gobierno cubano hizo llegar, a través de sus canales, su disposición a que la agencia de su escogencia hiciera las preguntas adecuadas a sus representantes. Y, ¡zaz!, se abrieron (entreabrieron) las puertas del arcano. Vale aclarar que los cubanos aún no saben de ese extraño encuentro, pues los medios nacionales no lo reflejaron. Solo Cubadebate —un medio oficial para el exterior— lo recogió sucintamente.

En un salón del Hotel Nacional, en el Vedado, y como para despejar cualquier reticencia de los visitantes a acudir a uno de los sitios donde se dice que ocurrieron ataques (¿el lugar del crimen?), los oficiales hicieron todo lo posible por convencer a los estadounidenses —y al mundo— de que no solo son inocentes, sino que han hecho lo indecible por aclarar el misterio.

Aparte de Ramírez, allí estuvieron el teniente coronel Jorge Alazo, jefe de la división criminal, el teniente coronel Roberto Hernández, investigador, y el Dr. Manuel Villar, especialista en Otorrinolaringología.

Los oficiales reiteraron que la historia de los ataques y las dolencias de los diplomáticos es ciencia-ficción. Curioso, porque, por un lado, hablan de bulo y, por otro, las intervenciones estuvieron dirigidas a demostrar que se han aplicado concienzudamente a investigar los hechos.

Así pues, alegan que cerca de 2.000 expertos (criminólogos, audiólogos y matemáticos) investigaron los incidentes; que entrevistaron a 300 vecinos y realizaron exámenes médicos a 30 de ellos; que analizaron 14 grabaciones de ruidos suministradas por Estados Unidos; que están dispuestos a colaborar con los investigadores estadounidenses (de hecho, tuvieron una reunión la semana pasada con agentes del FBI). Y que, en fin, siguen investigando.

Curioso. Nunca se había visto que un cuento de ciencia-ficción haya sido tomado con tanto realismo.

Los militares manifestaron su inconformidad con que Estados Unidos no haya cooperado plenamente con la pesquisa. Argumentan que, hasta el presente, no han encontrado evidencia que corrobore sus acusaciones.

Rechazaron rotundamente que se haya utilizado un arma sónica: “Es imposible. Estamos hablando de ciencia ficción”, indicó el teniente coronel José Alazo. “Desde un punto de vista técnico, ese argumento es insostenible (…) Cuba nunca ha producido este tipo de armas", dijo.

Sobre el tema de los sonidos parecidos a un concierto de grillos enfatizaron: “No hemos podido demostrar que el incidente existe, ni hemos podido probar que los sonidos analizados dañen la salud humana”, dijo el teniente coronel Roberto Hernández. Además, insistieron, si hubiera existido tal ataque hubiera afectado a familiares, y todas las presuntas víctimas estarían aquejadas de problemas de audición, lo cual no sucede.

Los oficiales lamentaron que Estados Unidos les diera la información de manera tardía, lo cual calificaron de “obstáculo importante para resolver el misterio”. Informaron de que, buscando posibles causas, habían analizado muestras de aire y suelo, y hasta consideraron la posibilidad de que los causantes fueran insectos. Rechazaron las hipótesis que se han barajado en el exterior: que partidarios de la línea dura o un tercer país, por diferentes motivos, puedan estar detrás de los ataques.

Para concluir, subrayaron que las acusaciones son equivocadas y sin fundamento.

“Puedo garantizarle que esto es completamente falso”, afirmó el coronel Ramiro Ramírez a la entrevistadora.

Lo que ocurre con declaraciones de esta naturaleza es que no tienen credibilidad.

A través de los siglos, existe una larga tradición en el uso de falsedades por parte de los gobiernos de todo el mundo. En nuestros días, la diferencia en su empleo entre los países democráticos y los regímenes totalitarios, es que en los primeros existen instituciones y mecanismos para buscar la verdad y esta puede llegar a derribar a un presidente; en el caso de los segundos, donde no existe acceso a la información libre ni posibilidad de verificar la información de manera independiente, la verdad es un adorno innecesario.

Para poner un ejemplo del 2013: el barco norcoreano Chong Chon Gang partió de Cuba y fue interceptado en Panamá con armas, dos aviones de combate MiG-21 y sistemas de radar de misiles, todo eso oculto entre toneladas de azúcar. El gobierno cubano demoró bastante en responder y, al final, explicó que había enviado 240 toneladas de armamento obsoleto para su reparación en Corea del Norte y posterior devolución. En verdad, la mayor parte de los equipos era completamente nuevo. Un panel de expertos de la ONU concluyó que Cuba había mentido y había violado el embargo de armas.

Entrevistas como esta, lejos de ayudar a conocer la verdad, la alejan. Ahora, para colmo, aparece un nuevo factor, tan recurrido por la propaganda de la isla: la “mafia de Miami”. “Hay una mafia anticubana en Miami y somos víctimas de su trabajo sucio que involucra a personas muy cercanas a los círculos gobernantes de Estados Unidos”, señaló el teniente coronel Ramírez, jefe del equipo encargado de las investigaciones.

En el caso del documental “Presuntos Ataques Acústicos” del jueves, otros oficiales del MININT reiteraron que el gobierno no tiene nada que ver con los ataques sónicos e insistieron en que no existen suficientes evidencias.

El programa, de más de media hora, incluyó testimonios de militares, expertos, médicos y vecinos de los diplomáticos. El viernes, el diario oficial Granma incluyó el texto completo, de más 5.000 palabras, del audiovisual.

Aquí no se maneja la palabra “calumnia” ni “ciencia ficción”. Es un largo informe, en tono mesurado y con profusión de detalles, de los esfuerzos realizados por la parte cubana. El alegato de defensa refiere los “obstáculos a la investigación” y “falta de cooperación” de la parte estadounidense; presenta las conclusiones parciales de las pesquisas y termina con un acápite dedicado a la “politización del tema”, que comprende tanto ataques al senador Marco Rubio como la disposición del gobierno de seguir cooperando con Estados Unidos en este y otros temas, y de normalizar las relaciones entre los dos países.

Con todo, quizá lo que rebaja la seriedad del documento es la apelación a la cigarra como probable culpable. “Los investigadores cubanos demostraron a través de un profundo estudio la similitud entre las muestras sonoras entregadas y el sonido de esos insectos”.

“Hicimos una prueba, tomamos una grabación en nuestra capital y aplicamos el mismo procesamiento digital que aplicamos a las muestras de audio que nos entregaron”, explicó el teniente coronel Juan Carlos Molina, ingeniero en telecomunicaciones. “Este ruido común es muy parecido al ruido de una cigarra”.

La mención al insecto no fue de pasada: se llegó a decir, citando a científicos de EEUU, que los grillos y cigarras pueden producir sonidos de 90 decibeles, que, a la larga, pudieran provocar “pérdida de audición, irritación e hipertensión en situaciones de exposición prolongada”. A Molina le faltó aclarar que las cigarras cantan para todos y no solamente para los diplomáticos estadounidenses y canadienses.

Por asombroso que parezca, este resultado fue presentado a la contraparte estadounidense “como la causa plausible de algunos incidentes sonoros”.

El Departamento de Estado se negó a comentar en profundidad acerca de las declaraciones de esta semana de los oficiales cubanos. Apenas señaló que "la seguridad y el bienestar de los ciudadanos estadounidenses es nuestra principal prioridad (...) continuamos nuestra investigación de los ataques, y el gobierno cubano nos ha dicho también que continuará con estos esfuerzos”.

Estados Unidos sostiene que los ataques —que se produjeron desde fines del 2016 y hasta mediados del 2017— afectaron, hasta ahora, a 22 diplomáticos de Estados Unidos (además de a cinco de Canadá). Especialistas indican que entre los daños se cuentan lesión traumática cerebral leve, pérdida de audición permanente y trastornos de equilibrio, jaquecas severas, alteración cognitiva e inflamación cerebral. Aunque no ha responsabilizado directamente a Cuba de los hechos, sí destacó la obligación —según los acuerdos de Viena— de proteger al personal de la embajada y sus familias.

En este sentido, el presidente Donald Trump responsabilizó al Gobierno cubano: “Es un ataque muy inusual (…) pero creo que Cuba es responsable”. Por lo visto, estas palabras fueron bien escuchadas en la isla.

A inicios de esta semana, el senador Marco Rubio, entrevistado por la cadena Fox, dijo estar seguro de que el Gobierno cubano está detrás de los ataques sónicos o, al menos, sabe quién está detrás. “No puedes tomar un taxi en Cuba sin que el Gobierno sepa que eres un estadounidense que trabaja en la Embajada. No hay forma de que alguien haga esto a los estadounidenses (…) y el Gobierno cubano no lo sepa. Es imposible”.

Por cierto, por estos días se supo que Alina López Miyares, ciudadana estadounidense, residente en Miami, fue acusada de espionaje y condenada a 13 años de cárcel. ¿Hay algún intercambio de espías en lontananza? Lo sorprendente es que el juicio a la supuesta agente fue el 2 de octubre, un día después de que Estados Unidos expulsó a 15 diplomáticos de Washington.

Despachos de prensa de CNBC, Reuters, Fox News, AP, entre otras, fueron utilizados para la nota.

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