(Diario Las Américas publica, íntegramente, la investigación de Víctor David Melo en Telemundo 51)
A seis meses de su polémica liberación, Dahud Hanid Ortiz sale de la sombra para relatar la pesadilla que asegura haber vivido en manos del aparato represivo del régimen de Caracas. Niega ser responsable del triple homicidio por el que fue condenado, en el que murieron dos cubanas y un ecuatoriano
(Diario Las Américas publica, íntegramente, la investigación de Víctor David Melo en Telemundo 51)
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Nota del editor: Este artículo contiene descripciones fuertes que pueden resultar perturbadoras para algunos lectores.
Durante siete años y medio, Dahud Hanid Ortiz se fue a dormir cada noche con la misma certeza: “Me voy a morir”, se repetía en silencio, una y otra vez en la oscuridad de los sótanos de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM), en Caracas.
El veterano del Ejército de Estados Unidos asegura que durante su cautiverio en Venezuela fue sometido a torturas sistemáticas que lo llevaron al límite de la conciencia y del cuerpo.
“Me colocaban cinta adhesiva en los ojos y me golpeaban sin parar. Me pusieron una bolsa con insecticida en la cabeza hasta perder el conocimiento. Me elevaron con un sistema de poleas, esposado, desnudo, con las manos hacia atrás, y me aplicaban descargas eléctricas con una batería de automóvil. A raíz de eso perdí el control de los esfínteres”, expone ante la reportera principal de Telemundo 51, Marilys Llanos.
Minutos antes, Ortiz había mostrado reportes médicos que documentan las secuelas físicas y psicológicas con las que lidia: lesiones en la próstata, los hombros y los testículos, además de un daño emocional severo.
Hace una pausa. Respira hondo. Y entonces menciona el castigo que, asegura, lo quebró por dentro.
“Me introdujeron la boca del cañón de un fusil por el ano, violándome”, recuerda con voz entrecortada. “Varias veces me introdujeron objetos hasta que yo me desmayaba del dolor”.
Es la primera entrevista que concede desde que fue liberado. Y, asegura, también será la última. La controversia lo persigue desde hace años.
“He guardado silencio porque hay cosas que deben mantenerse en secreto. Pero hay otras que hay que contar. Yo quiero contar lo que me pasó en Venezuela y también desmentir todo lo que se dice en internet sobre mí con relación al crimen en España”, apunta quien además estuvo recluido en El Rodeo II, El Dorado y en otros lugares clandestinos, donde asegura que el tiempo dejó de existir.
Hubo días —asevera— en los que no tuvo acceso a agua.
“Una vez tuve que morderme la lengua para beber mi propia sangre después de cinco días sin tomar nada”, cuenta mientras muestra las cicatrices. “Mis riñones comenzaron a fallar. Mi entrenamiento militar me ayudó a sobrevivir, pero nada te prepara para algo así”.
ENTRE LUCES Y SOMBRAS
El testimonio de Ortiz estremece. Pero es apenas un capítulo de una historia compleja, polémica y cargada de acusaciones que se desarrolló al menos en cuatro países: España, Venezuela, Alemania y Estados Unidos.
La controversia llegó a su punto de ebullición en julio de 2025, cuando Ortiz apareció en las fotos divulgadas por el Departamento de Estado entre los 10 ciudadanos y residentes estadounidenses excarcelados como parte de un canje por 250 venezolanos deportados por la administración Trump y recluidos en el CECOT, en El Salvador.
“Este no era un preso político común. Es un asesino”, advierte el abogado Víctor Salas, dueño del bufete donde ocurrió el triple asesinato en España. Una de las víctimas era su esposa, Elisa Consuegra.
“En su momento, tuve una relación con ella, era una mujer excepcional. Y aun conservo buena relación con su familia”, detalla.
“Ahora mismo hay tres familias que están devastadas porque un criminal ha salido en libertad por un error. Este señor segó la vida de tres inocentes, dejó niños huérfanos a los que no sabemos cómo explicarles lo que ocurrió. A mí me ha costado muchos años lidiar con esto, pero hoy puedo decir que lo he perdonado por lo que hizo… Lo que no voy a hacer jamás es olvidar y espero que esto no quede impune. Vamos a pelear hasta el final para alcanzar justicia”, esboza.
Salas asevera que, en 2014, Ortiz había sido expulsado con deshonores del ejército americano por “falsificar documentación para elevarse el rango oficial”. Mira aquí el documento.
“Hay momentos en los que uno tiene una caída, o lo que sea por diferentes problemas personales”, riposta Ortiz. “Trump me liberó porque yo serví a este país honorablemente. Los militares no abandonamos a nadie después de la batalla”, apunta al mencionar que acumuló 19 años de servicio en el Ejército de los Estados Unidos y mostrar sus fotos uniformado con la prestigiosa condecoración Corazón Púrpura (Purple Heart) y también la medalla Estrella de Bronce (Bronze Star Medal).
Durante su carrera fue desplegado en Corea, Afganistán, Kuwait e Irak. Habla árabe, inglés, hebreo, alemán y español, una formación lingüística poco común que- según explica- adquirió a lo largo de años de servicio entre Estados Unidos y Europa.
En el momento de su liberación, un portavoz del Departamento de Estado escribió en una declaración enviada por correo electrónico a NBC News que “Estados Unidos tuvo la oportunidad de lograr la liberación de todos los estadounidenses detenidos en Venezuela, muchos de los cuales denunciaron haber sido sometidos a tortura y otras duras condiciones. Por razones de privacidad, no entraré en detalles de ningún caso específico”.
DOS VERSIONES, UNA HISTORIA
En 2024 Dahud Hanid Ortiz recibió la condena en Venezuela, donde le atribuyeron responsabilidad del homicidio de tres personas -dos cubanas y un ecuatoriano- en el bufete de abogados de Madrid, un caso que las autoridades españolas calificaron como un crimen brutal y pasional.
“Yo no maté a esas personas. Soy inocente”, afirma Ortiz al ser cuestionado al respecto. “Todo fue un montaje”.
Los medios españoles lo han bautizado como el triple asesino de Usera al divulgar el parte de las autoridades, forenses y patólogos. En sus páginas se lee que el exmilitar habría apuñalado hasta la muerte a dos empleadas y a un cliente de esa oficina legal el 22 de julio de 2016, cuando fue a buscar a un abogado que mantenía una relación sentimental con su exesposa, Irina Treppel. Ese abogado es Salas. Y las autoridades sostienen que la tercera víctima mortal fue un hombre que Ortiz habría confundido con él.
“Yo estaba en Alemania, a más de dos mil kilómetros de ese lugar cuando todo ocurrió”, insiste Ortiz. “Nunca pudieron presentar una prueba científica en mi contra. Ni una huella, ni ADN, ni videos”.
Ortiz sostiene que fue incriminado por terceros con poder e influencia, entre ellos Salas.
“Él tenía vínculos con el narcotráfico, recibió amenazas y tuvo que huir de Perú”, dice en referencia a Salas.
“Movió toda esta maraña con sus contactos para inculparme porque estaba en una relación con alguien de mi pasado. Yo estaba preso en Venezuela y eso facilitó todo”.
“Yo no soy abogado de narcotraficantes, vivo tranquilo en ese sentido gracias a Dios”, responde Salas acerca de esa acusación.
“Dahud me llamó en innumerables ocasiones para acosarme antes del crimen. Y hay pruebas testificales y técnicas, científicas que acreditan que Dahud fue el autor del triple crimen. Él incluso escuchaba las conversaciones de Irina, le tenía la computadora hackeada. Este hombre es capaz de cualquier cosa. Y la justicia tiene que llegar”.
Entre las pruebas que menciona Salas que aparecen en el expediente judicial hay una llamada entre el veterano y su expareja. “Él trató de hacer creer a las autoridades de que estaba en Alemania y utilizó a un amigo, llamado Aditya Dolontelide, que luego se convierte en un testigo fundamental en el caso, porque le pidió que se quedara con su teléfono personal para que hicieran una llamada a Irina desde Alemania. Y con un teléfono que uso en España, se hizo una llamada en altavoz. Y con ese número es que luego se descubre el recorrido que hizo Dahud en Madrid en las horas previas al crimen”.
Mientras tanto, los familiares de las víctimas exigen respuestas en medio del dolor. “Simplemente quiero que el asesino esté en prisión. Es una raya muy fea que un individuo de esas características esté libre en Estados Unidos”, señala desde Cuba Juan Carlos Consuegra, padre de Elisa Consuegra. “Eso fue un crimen pasional y mi hija no tenía nada que ver con eso. Quiero que se haga justicia”.
PRISIÓN EN VENEZUELA
Ortiz fue detenido en Venezuela el 4 de octubre de 2018. Asegura que las autoridades lo acusaron de ser espía de Estados Unidos debido a su pasado militar.
“Yo estaba en Venezuela de vacaciones, por negocios. Quería diferentes cosas. Pero un día se me aparecieron un gran número de efectivos encapuchados, sin ninguna identificación ni orden judicial y sin yo haber cometido delito in fraganti. Se abalanzaron contra mí y me golpearon hasta quedar inconsciente. Todo eso, por la simple razón de ser gringo”, responde ante la pregunta de Llanos sobre cómo empezó su cautiverio.
“Por eso me torturaron. Querían que yo revelara los planes del imperio contra Maduro, me preguntaban si yo era espía, y las razones por las que estaba en Venezuela. No tenía nada que ver con lo de España”, recuerda.
Pese a una solicitud de extradición presentada por España, el régimen decidió juzgarlo en Venezuela, amparándose en la Constitución que prohíbe extraditar a ciudadanos nacidos en el país.
En enero de 2024, un tribunal de Caracas lo condenó a 30 años de prisión por el triple homicidio ocurrido en Madrid en 2016.
“A través del Tribunal Supremo, se determinó que él es ciudadano venezolano, nacido en Venezuela. Y por eso no podían extraditarlo a Madrid. Y por el principio "non bis in idem" nadie puede ser juzgado dos veces por el mismo hecho”, explica Salas sobre el estatus legal actual de Ortiz en Europa. “Pero en estos momentos tanto Alemania como España lo han declarado persona de alta peligrosidad. Y por eso en España ahora mismo este sujeto tiene una orden de detención. De hecho, tiene prohibición de entrada en territorio europeo”, agrega.
MARCADO Y EN LA CLANDESTINIDAD
Hace más de seis meses que Ortiz no cumple la condena por el triple homicidio, pero asegura que la pesadilla no ha terminado. “Duermo en diferentes lugares. Me muevo constantemente. Sigo temiendo por mi vida. Las células chavistas son como unos pulpos, están en por todos lados, incluso en Estados Unidos”, dispara.
Y pese a las recomendaciones de mantener silencio, decidió hablar ante las cámaras de Telemundo 51.
“Quiero que el mundo sepa lo que me pasó en Venezuela. Después de tanta tortura, manipulaciones, mentiras, ilegalidades en mi proceso… Yo confío en que en algún momento se abrirá una ventana de tranquilidad para mí. Después de la tormenta siempre llega la calma”, cierra.
Esa calma —dice— aún no llega. Porque, aunque ya no duerme en los sótanos de la DGCIM, Ortiz asegura que cada noche vuelve al mismo pensamiento con el que sobrevivió siete años y medio en Venezuela: “me voy a morir”.
