Las declaraciones de Donald Trump sobre México, en particular su insistencia en que “algo habrá que hacer” frente al poder de los cárteles de la droga, han vuelto a tensar la relación bilateral. La respuesta de la presidenta Claudia Sheinbaum, basada en el rechazo a cualquier intervención extranjera y en la defensa de la soberanía, especialmente tras la captura del dictador venezolano Nicolás Maduro por fuerzas especiales de Estados Unidos, ha abierto aún más el debate, al punto de llevarlo a un terreno delicado.
Para el doctor en Derecho y analista Carlos Sánchez Berzaín, lo que plantea Trump no debe leerse como una provocación, sino como la aplicación de una política de seguridad nacional.
“Estados Unidos lo que está haciendo es aplicar su política de seguridad nacional, y la parte fundamental de esa política es proteger a todo norteamericano del ataque con la droga, con el crimen y con el narcoterrorismo”, afirmó en entrevista con DIARIO LAS AMÉRICAS.
Desde esa óptica, el problema rebasa el intercambio retórico.
“México tiene en su territorio varios narcoestados. Hay estados completos dentro de México que están bajo el control del narcoterrorismo. Entonces, ahí va a presentarse un fenómeno en el cual, o el gobierno de México hace lo que tiene que hacer en ejercicio de su soberanía, o esa soberanía deja de ser tal para que el sistema internacional de lucha contra el crimen organizado opere”, sostiene el exministro boliviano.
El énfasis de Trump en la acción directa asegura Sánchez Berzaín, ya ha generado efectos concretos. “Lo está haciendo, ya lo está haciendo”, señaló, al recordar que durante años México se negó a extraditar narcotraficantes y que solo en el último año entregó a más de medio centenar. También apuntó a un giro en la política migratoria.
“México había rehusado cerrar su frontera. El año pasado ha empezado a dejar de ser cómplice en la migración forzada contra los Estados Unidos”.
Otro cambio relevante ha sido el abandono del discurso que atribuía el narcotráfico exclusivamente al tráfico de armas desde territorio estadounidense. “Eso se ha terminado”, afirmó Berzaín, aunque advirtió que los avances aún no alcanzan la magnitud del problema.
Espejo venezolano
El politólogo sitúa el trasfondo del conflicto en el plano político e ideológico. Apunta que el gobierno mexicano mantiene vínculos con el socialismo del siglo XXI y opera bajo una lógica que termina protegiendo al crimen organizado.
“Sheinbaum y López Obrador deben haber llegado al gobierno, gracias al Socialismo del Siglo XXI, y por eso son sirvientes de Cuba y del sistema que consolida Venezuela y Nicaragua”, sostuvo.
En ese contexto, mencionó el suministro de petróleo a Cuba como una señal política que podría verse afectada por la presión económica de Washington. “Eso se tiene que terminar”, dijo, al señalar que las relaciones comerciales, los aranceles y el tratado de libre comercio entre Estados Unidos, México y Canadá imponen límites claros.
Frente a la negativa de Sheinbaum a aceptar los mensajes de Trump, Sánchez Berzaín fue directo. Considera que el discurso de soberanía se ha convertido en un argumento para eludir responsabilidades.
“Lo que los hechos demuestran es que Sheinbaum está protegiendo el crimen y el narcotráfico con un discurso de soberanía y de independencia. No hay independencia ni soberanía para proteger al crimen”, afirmó.
Vinculó este escenario con lo ocurrido recientemente en Venezuela, donde Trump avanzó contra el régimen de Nicolás Maduro tras advertencias públicas.
“A Estados Unidos, en la política del gobierno actual, no le importa la retórica, le importan los resultados. Hasta un día antes de que lo capturen, Maduro bailaba y decía cosas. No era la retórica, eran los hechos”.
Por ende, considera que el mensaje para México es claro. “Si la señora Sheinbaum no presenta resultados de lucha contra el narcotráfico y el narcoterrorismo y sigue como un gobierno paradictatorial protegiendo el crimen, va a haber consecuencias”.
Sánchez Berzaín insistió en que no se trata de una amenaza improvisada, sino de una advertencia sustentada en hechos recientes.
“Yo no estoy haciendo otra cosa que leer la realidad objetiva de lo que está pasando”, afirmó. A su juicio, la presidenta mexicana aún tiene margen para corregir el rumbo. “Debería ser prudente, dejar sus compromisos con el crimen organizado y empezar a defender los intereses del pueblo mexicano”.
De no hacerlo, concluyó, el costo será alto. “Finalmente va a terminar perjudicando a México, a su industria y a su economía”.