MADRID.- El 15 de mayo, la vida de Griselda Triana se paró. Su esposo, el periodista mexicano especializado en narcotráfico Javier Valdez, fue asesinado a tiros en Sinaloa, estado tristemente conocido por ser "cuartel" de importantes cárteles de la droga.

"A Javier lo mataron por su trabajo. De eso no tengo la menor duda", asegura la mujer en entrevista con dpa en Madrid, a donde viajó para recoger un premio que la Asociación de la Prensa de la capital española otorgó de forma póstuma a su esposo.

"Ahora tengo más miedo que nunca", dice con rotundidad. "Me preocupa la seguridad de mi familia (...) Aunque el objetivo era Javier y consiguieron matarlo, eso no quita que me pueda ocurrir lo mismo por el simple hecho de denunciar y de pedir que su crimen se esclarezca".

Valdez, de 50 años, era uno de los grandes especialistas de México en narcotráfico y crimen organizado. En sus libros sobre el tema y en su columna "Malayerba", publicada semanalmente en el semanal "Riodoce", puso durante años rostro y nombre a las víctimas de la violencia.

"Javier nunca, nunca, pensó en dejar el periodismo, a pesar de los riesgos", remarca ahora su viuda rotundamente. "Amaba su profesión y la ejercía con pasión. No podía dejar solas a las víctimas que todos los días caen en las calles de Sinaloa".

El periodista, corresponsal del diario "La Jornada", fundador del portal web "Riodoce" y autor de libros como "Narcoperiodismo" o "Miss Narco", "nunca ocultó su miedo, pero lo asumía", destaca Triana. "En algunas ocasiones conversábamos sobre ello y él era consciente de que lo podían matar. Pero queríamos pensar que eso no iba a ocurrir".

Se forjó como periodista en la misma tierra donde nació, en la que "el 'narco' está metido en todas partes", según explica su viuda. En 2003 fundó el semanario "Río Doce" con el objetivo de hacer lo que más le gustaba: periodismo de investigación.

"Eso le llevó a especializarse en el tema del 'narco'. Él sentía que no podía ser cómplice ni guardar silencio ante la violencia", explica su viuda.

"Nuestros hijos sabían que su papá hacía un trabajo muy arriesgado y que era valiente e íntegro. No era nada fácil, pero le acompañarmos hasta el último momento porque ninguno podíamos pedirle que dejara de hacer lo que quería. Alguien tenía que narrar las historias de la tragedia en México", relata con la voz quebrada.

Tras el homicidio de Valdez, Triana y sus dos hijos, de 18 y 23 años, seguirán en Culiacán, la capital de Sinaloa, donde fue asesinado el periodista mexicano. Con su muerte, sin embargo, no acaba el miedo.

Según la organización Reporteros sin Fronteras, México es el tercer país más peligroso del mundo para los periodistas, por detrás solo de Siria y Afganistán. Desde el año 2000, más de un centenar ha muerto. En 2017 ya son siete, entre ellos Valdez. Doce disparos pusieron fin a su vida y a una carrera profesional brillante por la que fue reconocido con varios premios internacionales.

La investigación sobre su asesinato no arroja por ahora indicios sobre los autores ni permiten esclarecer los hechos. Y Triana denuncia la pasividad de las autoridades y su "complicidad" con las organizaciones criminales.

"Quiero dejar abierta la esperanza y darles el beneficio de la duda de que esta vez de verdad vayan a hacerlo, aunque los hechos demuestran lo contrario. El nivel de impunidad es muy alto", asegura, en alusión a que el cinco por ciento de los crímenes contra periodistas quedan sin resolver en su país.

En ese sentido, la viuda de Valdez pide "sentencias ejemplares", aunque reconoce que es complicado llegar a eso cuando "ni siquiera hay detenidos".

La muerte del periodista causó una gran conmoción en México, donde cientos de compañeros salieron a la calle hace unos días para protestar por la violencia y la impunidad que sufre el gremio.

"Cuando en un país los niños quieren hacer narcotráfico de grandes y las jovencitas aspiran a casarse con un 'narco', es que algo está mal. Pero es muy difícil que la gente te apoye; la gente no se atreve a denunciar y al final opta por dejarte solo", lamenta su viuda.

FUENTE: Ana Lázaro Verde / dpa

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