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MIAMI.- Si usted es como la mayoría de las personas, probablemente pensará que la enfermedad cardíaca es un problema de otros. Sin embargo, teniendo en cuenta las estadísticas sobre los padecimientos cardiovasculares como principal causa de muerte y discapacidad en Estados Unidos, es importante considerar que no sólo existen muchos tipos de enfermedades del corazón, sino que se van desarrollando lentamente con el transcurso del tiempo, hasta que no nos dejan otra opción que, en el mejor de los casos, aprender a convivir con ellas.

La Insuficiencia cardíaca y la cardiopatía isquémica son dos de las enfermedades crónicas que con más frecuencia exigen de los pacientes un cambio en sus hábitos. Estudios publicados recientemente sobre el tema por la Universidad de Barcelona y la Fundación Clínic, sugieren cómo actuar ante diferentes factores que intervienen en el mejoramiento de su calidad de vida.

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Las investigaciones médicas muestran cada vez mayores avances en la prevención y salud cardiovascular, aunque aún nos falta información para trabajar juntos como sociedad en aprender a convivir con las demandas de bienestar que exige en estos tiempos la salud de nuestro corazón.

Vivir con Cardiopatía Isquémica

La cardiopatía isquémica se produce cuando se obstruye una arteria del corazón. Si es de manera lenta, se habla de angina de pecho, si se obstruye de forma rápida, es cuando se produce un infarto. Es la primera causa de muerte en adultos en el mundo, tanto en hombres como en mujeres. La modificación de los estilos de vida es la pieza fundamental para evitar o prevenir esta enfermedad.

Ansiedad y depresión. Tener un infarto o una angina de pecho es una experiencia límite para muchos pacientes, que suele dejar en ellos un importante impacto. El desconocimiento de la enfermedad, la necesidad de hacer múltiples cambios de hábitos, la toma de fármacos nuevos, el miedo a que el episodio se repita, entre otros, son algunos de los factores que pueden generar ansiedad o depresión.

En este sentido, hay que intentar transformar esta angustia en empeño para hacer un cambio de rutinas. La modificación de la alimentación, el ejercicio regular, la relajación y dedicar tiempo para el autocuidado, favorecen un mayor bienestar.

Los especialistas y otros pacientes que han pasado por la misma situación pueden aportar información y consejos útiles para ver la realidad bajo un prisma más positivo. Los programas de rehabilitación cardíaca también son una buena opción para retomar la vida con seguridad y eficacia.

Alimentación. Seguir una dieta rica en frutas, verduras, pescado y carnes blancas. Evitar en la medida de lo posible los dulces, los embutidos, los alimentos fritos y las carnes rojas. Intentar transmitir este hábito a la familia y amigos, o a todos con quienes se comparte en la mesa. Además, una alimentación equilibrada, permite controlar los otros factores de riesgo, como el sobrepeso, la diabetes, o la hipertensión.

Ejercicio. Buscar un mínimo de tres horas a la semana repartidas en varios días para ejercitarse. No es necesario que sea un ejercicio extenuante, pero sí se debe notar cómo el corazón se acelera un poco y la respiración es algo entrecortada. Es mejor empezar de forma progresiva, sin cansarse, y exigirse un poco más cada día hasta llegar a notar estas sensaciones a las tres semanas, aproximadamente, del inicio de la actividad.

Esta regla general debe ser individualizada, por lo que es mejor consultar al doctor el tipo de ejercicio y la intensidad adecuada para cada caso. Si se tienen síntomas, como ahogo o dolor en el pecho, debe cesar la rutina y consultar con el médico antes de reanudarlo.

Dejar de fumar. La mayoría de los pacientes dejan de fumar tras un infarto, pero el 80% vuelve a recaer en los siguientes meses. Dejar de fumar es, sin duda, lo mejor que se puede hacer por la salud. El esfuerzo y la tenacidad se ven recompensados por una mayor capacidad respiratoria, un mejor sabor de los alimentos y, sobre todo, una clara mejoría de la salud del corazón.

Control del peso. Una alimentación poco equilibrada y el sedentarismo pueden hacer que con el paso de los años se gane de manera progresiva peso. El cambio en la dieta y la instauración de una rutina de ejercicio permiten controlar el peso sobrante. Hay que desconfiar de las dietas milagrosas y dejarse aconsejar por un profesional que garantice una pérdida de peso gradual, pero constante, y que se encamine más a un cambio de estilo de vida que a una dieta puntual.

Buscar tiempo para relajarse. El estrés ha demostrado ser un factor importante en el desarrollo de múltiples enfermedades, pero especialmente en la cardiopatía isquémica. Las técnicas de relajación, la meditación, el buscar un tiempo para el autocuidado, son básicos para adoptar una actitud más relajada y positiva ante el día a día.

Tomar la medicación de forma correcta. Es importante ser riguroso con la toma de la medicación prescrita. Ser olvidadizo o poco constante puede implicar complicaciones serias. Si hay algún medicamento que produce efectos secundarios, no hay que dejar de tomarlo. Se debe comentar con el doctor, quien le informará de las posibles alternativas farmacológicas para adecuar el tratamiento.

Sexualidad. Muchos pacientes sienten miedo al reemprender la actividad sexual tras una angina de pecho o un infarto. Las relaciones sexuales se pueden iniciar transcurrida al menos una semana de un infarto agudo de miocardio o de la implantación de stents. Tras una cirugía de by-pass es recomendable diferir la actividad sexual entre seis y ocho semanas para permitir una buena cicatrización de la herida del esternón.

Cuando existan dudas respecto a la capacidad de esfuerzo del paciente es recomendable realizar una prueba de esfuerzo. Si el resultado es normal, la probabilidad de padecer un infarto causado por el coito es extremadamente baja.

Muchos pacientes pueden presentar disfunción sexual causada, en la mayor parte de los casos, por la propia enfermedad de los vasos sanguíneos, o por efectos psicológicos; algunos fármacos pueden también tener resultado. En este caso, hay que comentarlo con el médico.

Vivir con Insuficiencia Cardíaca

La insuficiencia cardíaca se produce por la incapacidad del corazón de bombear la sangre de forma adecuada al resto de los órganos. Como consecuencia, aparece cansancio, debilidad o dificultad para respirar. Es la primera causa de hospitalización en la población mayor de 65 años.

Alimentación. La insuficiencia cardíaca requiere una atención especial en la alimentación. Controlar la sal es necesario porque favorece la retención de líquidos en el organismo y provoca que el corazón trabaje más fuerte y rápido. Lo mismo ocurre con las grasas que influyen en la aparición de la arteriosclerosis.

Ejercicio. El ejercicio moderado ayuda a que el corazón trabaje mejor. Muchas personas con insuficiencia cardíaca notan una mejoría de los síntomas al realizar una actividad física. No hay que olvidar preguntar al médico qué tipo de ejercicio se puede realizar, ya que depende del caso. Pasear para hacer la compra o subir tramos pequeños de escaleras, son prácticas que permiten mantenerse activo a lo largo del día.

La importancia del reposo. Mantenerse activo es muy importante, pero el reposo es tan o más importante, ya que permite que el corazón se recupere de los esfuerzos. En muchas ocasiones, las personas con insuficiencia cardíaca descansan mal por las noches, bien porque tienen tos, disnea o porque tienen que ir al lavabo por efecto de los diuréticos. Por este motivo, pueden necesitar pequeños descansos diurnos. Se recomienda descansar una media hora después de comer y cenar.

Estrés. Es recomendable tener el estrés “bajo control”. Practicar relajación, escuchar música, ser más positivos, practicar ejercicio… pueden ser métodos que ayuden a mejorar el manejo del estrés. El corazón trabaja de forma más intensa bajo situaciones de estrés y ansiedad.

Tabaquismo. Fumar aumenta la tensión arterial, la frecuencia cardíaca y disminuye la proporción de oxígeno que circula por el organismo. Además, fumar aumenta la rigidez de las arterias y provoca que el corazón trabaje más. Las personas que dejan de fumar tienen mayor probabilidad de mejorar sus síntomas.

Sexualidad. La mayoría de personas con insuficiencia cardíaca, si tienen bajo control los síntomas, pueden mantener relaciones sexuales. Escoger momentos de tranquilidad, seleccionar un lugar familiar y tranquilo, evitar mantener relaciones después de una comida copiosa y, si aparece el cansancio, parar.

Vacunaciones. La gripe, los resfriados y las neumonías pueden resultar graves para las personas con insuficiencia cardíaca. Es importante consultar con su equipo médico la necesidad de la vacunación y con qué periodicidad.

Fármacos. El tratamiento es diferente para cada persona, pero en todos los casos es necesario seguirlo de forma correcta y no variar las dosis ni abandonar la medicación. Si no se sigue la prescripción médica, no solo el tratamiento puede resultar ineficaz, sino también se puede agravar la enfermedad.

Viajar. Si se desea viajar es recomendable comunicarlo al equipo médico para que redacte un informe actualizado, así como prescribir suficiente medicación para toda la estancia, y extra por si ocurriese alguna incidencia. Si se viaja fuera del país, se aconseja disponer de una cobertura sanitaria por si fuese necesario ingresar en un hospital. Durante las vacaciones es importante no bajar la guardia y controlar la ingesta de líquido y sal.

Apoyo emocional. Existen diferentes asociaciones de apoyo a pacientes que asesoran y ayudan a otras personas que han pasado por una situación similar. Esta relación facilita la adaptación a los cambios en el estilo de vida, a seguir las recomendaciones y a no abandonar las pautas saludables. Se recomienda preguntar en su centro de salud sobre este tipo de entidades.

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