El cáncer, enfermedad responsable de la muerte de millones de personas en el mundo, es resultado de un descontrolado desarrollo de células que puede originarse prácticamente en cualquier parte del cuerpo, como en el hígado, el órgano más grande que poseemos, ubicado al lado derecho la cavidad abdominal, justo debajo de las costillas.
Su misión es vital pues no solo se encarga de descomponer, almacenar y metabolizar los nutrientes necesarios para el correcto funcionamiento del organismo, a través de la segregación de bilis; sino que además produce la mayoría de los factores de coagulación, y descompone las sustancias toxicas para que sean excretadas a través de las heces y la orina.
El hígado está compuesto de varios tipos de células, entre ellas las llamadas hepatocitos, y todas ellas son susceptibles a la formación de tumores que bien pueden ser benignos o cancerosos.
Anualmente más de 700.000 personas en el mundo son diagnosticadas con cáncer de hígado, un trastorno considerado una de las principales causas de muerte por cáncer. No en vano deja más de 600.000 muertes cada año. Esta misma semana, por ejemplo, el disidente chino Liu Xiaobo, ganador del premio Nobel de la Paz en 2010, falleció víctima de esta enfermedad.
En nuestro país, los indicadores de la Sociedad Americana Contra el Cancer destacan que la incidencia del cáncer de hígado se ha triplicado desde 1980, mientras las cifras correspondientes a 2017 señalan que este año se diagnosticaran alrededor de 40.710 nuevos casos de cáncer de hígado. De ese total, 29.200 de los afectados serán hombres y unas 11.510 mujeres.
Signos poco específicos
La sintomatología del cáncer de hígado no es especifica al inicio de la enfermedad, lo que representa una seria dificultad a la hora de realizar un diagnóstico confiable, aunque algunos de los signos más comunes son inflamación, retención de líquido, dolor en el abdomen, pérdida de peso y del apetito, las náuseas recurrentes, un recrecimiento del hígado o del bazo, prurito e ictericia. También pueden presentarse en algunos casos fiebre y fragilidad capilar.
Los tumores asociados al cáncer de hígado se clasifican en carcinoma hepatocelular, la variedad más común en adultos, especialmente en los Estados Unidos y se caracteriza por tener distintos patrones de crecimiento, su incidencia es mayor en el sexo masculino; colangiocarcinoma intrahepático, que afecta directamente al conducto biliar, y a esta categoría corresponden entre el 10% y el 20% de los cánceres originados en el hígado son colangiocarcinomas intrahepáticos.
Están también el angiosarcoma y el hemangiosarcoma, dos variedades menos comunes que se originan en las células que revisten los vasos sanguíneos del hígado, estos tumores crecen rápidamente, pero su origen sigue siendo un misterio: el hepatoblastoma, que afecta a los niños pequeños, y que si se mantiene localizado puede ser extirpado quirúrgicamente de forma exitosa.
Otro mecanismo de clasificación se basa simplemente en la posibilidad de que un tumor pueda extirparse completamente a través de cirugía. En este sentido se habla de tumores que pueden ser extraídos por medio de cirugía o tratables por trasplante, que puede erradicarse totalmente, aunque es importante señalar que sólo un pequeño número de pacientes con cáncer de hígado tiene este tipo de tumor.
Están también los tumores que no se pueden extraer, que aunque no se han propagado a los ganglios linfáticos u órganos distantes, no se puedan extirpar completamente mediante cirugía; y finalmente los inoperables, que si bien son pequeños y están localizados no pueden extirparse con cirugía porque las condiciones de salud del paciente no lo permiten o porque tras la intervención no contará con suficiente tejido hepático para mantener el órgano en buen funcionameinto.
Supervivencia y tratamiento
Las estadísticas confirman que en la mayoría de los casos el cáncer de hígado se detecta cuando se encuentra en estado avanzado, por lo que sólo entre un 10 y un 23 % de los pacientes son aptos para un tratamiento quirúrgico, esta realidad impacta la tasa de supervivencia, aunque superar este flagelo depende
Por lo general la tasa de supervivencia para este tipo de cáncer es de cinco años cuando es diagnosticado de forma temprana y el paciente es sometido a un tratamiento agresivo, el caso contrario, es decir cuando la enfermedad se encuentra muy avanzada, esta ronda apenas los seis meses.
Tenga en cuenta que esta tasa de supervivencia es un cálculo basado en estadísticas, por lo que solo puede servir como indicador, muchos pacientes lograr superar esta media, y en buena parte esto depende de su condición general y del funcionamiento de su hígado.
La estrategia de tratamiento para el cáncer de hígado depende de varios factores, entre ellos el porcentaje del órgano afectando, si el cáncer se ha diseminado a otras áreas del cuerpo y el estado de salud general del paciente.
Cuando el tumor se ha detectado de forma temprana y cuando éste es menor a los cinco centímetros se trata de la cirugía, que incluye la extirpación o el trasplante; la extirpación térmica, que utiliza calor para destruir las células cancerosas; la inyección percutánea de etanol, que implica aplicar alcohol directamente en el tumor hepático para destruirlo; y la radioterapia, que es el uso de rayos X u otras partículas con alta potencia para destruir las células cancerosas.
Ahora bien, si solo es posible mejorar la supervivencia del paciente se recomienda la quimioembolización, un tipo de tratamiento de quimioterapia que puede demorar el crecimiento del tumor en algunos casos; la terapia dirigida que apunta a los genes o proteínas específicos que contribuyen al crecimiento y supervivencia del cáncer.
Otras opciones de tratamiento son la inmunoterapia, también llamada terapia biológica, diseñada para estimular las defensas naturales del organismo; y los tratamientos paliativos que incluyen fármacos, dietas, técnicas de relajación, apoyo emocional y otras terapias complementarias.