MIAMI— No reconocía a su propia madre, vivía en una especie de limbo y todos la miraban con lástima. Así estaba Yrenes Martínez en 2017, cuando le diagnosticaron una amnesia disociativa y su cerebro se desconectó de la realidad.
A causa de varios factores estresantes, Yrenes Martínez sufrió una amnesia disociativa y se le cayó el cabello, pero de esa crisis nació una idea que le hizo triunfar
MIAMI— No reconocía a su propia madre, vivía en una especie de limbo y todos la miraban con lástima. Así estaba Yrenes Martínez en 2017, cuando le diagnosticaron una amnesia disociativa y su cerebro se desconectó de la realidad.
En charla con DIARIO LAS AMÉRICAS, la joven reveló cómo fue esa dolorosa etapa y cómo encontró la luz en medio de tanta adversidad.
Tras culminar sus estudios universitarios en Negocios Internacionales en la Universidad APEC, en su natal República Dominicana, Yrenes trabajaba en un banco al tiempo que realizaba una maestría en Economía Aplicada. Fue así como sufrió un choque emocional.
“A uno le enseñan que uno sale del colegio y tiene que ir a la universidad. Y a veces terminas estudiando algo que no tiene que ver contigo”, confesó Yrenes, cuya experiencia en la maestría “no fue agradable porque estaba poniendo demasiado de mí”.
Todo se combinó para que surgiera una crisis de salud mental: “Ahí vino la ansiedad del trabajo, de 8 de la mañana sin horario de salida, y la maestría, de 5 de la tarde a 10 de la noche. Fue un estrés acumulado. No me estaba cuidando, y tuve una recaída”.
“Por el estrés me dio una amnesia disociativa y se me cayó el cabello. Una amnesia disociativa es cuando el cerebro se desconecta. A veces uno se frustra mucho en el camino de lograr cosas, y más cuando uno viene desde abajo y quiere destacarse en su familia”, detalló.
El resultado fue complejo para ella y para su familia. Como admitió, en ese tipo de casos “el cerebro olvida por un transcurso de días, meses, años, tu identidad. Tú no te conoces. Y el cerebro hace eso para poder sobrevivir, se reinicia. Ahí entro en esa ansiedad, no conozco a mi familia, no conozco a mi mamá, y duro semanas en esa condición”.
¿Qué sintió durante esos días? “A veces cuando todo el mundo está arriba de ti así, y no conoces a nadie, entras en un estado de ansiedad en el que te preguntas: ‘¿Por qué me están diciendo Yrenes, si yo ni sé cuál es mi teléfono?’ Me daban muchos ataques de pánico”, relató.
“La gente te ve como una loca”, aseguró Yrenes, que comenzó un tratamiento con un psiquiatra y un neurólogo. “Me decían que para volverme a encontrar yo tenía que liberar ese estrés a nivel de ansiolíticos, y se crea cierta dependencia”, amplió.
Su cuerpo también sufrió: “Perdí peso, no me daba hambre, estaba como un robot, no podía ni siquiera compartir con mis amigos. Mi vida social y física cambió bastante. Las pastillas te bajan el ánimo, y lo que pasaba a mi alrededor me afectaba, porque me daban por loca, la sociedad a veces es bien cruel. Me hablaban y yo estaba en un estado en que todo iba lento, en una nube”.
Su madre se mantuvo siempre a su lado y le decía: “Tienes que poner de tu parte. No te puedes dejar caer”. Así comenzó a juntar fuerzas para levantarse: “Como a los tres meses decido dejar las pastillas. Dije: ‘Tengo que sacar de abajo y volverme a sentir como era antes, una chica proactiva, que le gusta hablar con la gente’. Luego, reintegrarme al trabajo también me costaba porque la gente pensaba que yo no estaba apta para hacer mi labor”.
Normalmente una persona puede perder unos 100 cabellos al día. Cuando la caída es abundante, puede haber factores desencadenantes, como el estrés.
Según el especialista en psiquiatría Daniel K. Hall-Flavin, M.D., de Mayo Clinic, existen tres categorías de pérdida de cabello relacionadas con niveles elevados de estrés: el efluvio telógeno (los folículos pilosos entran en una fase de reposo y se caen), la tricotilomanía (necesidad recurrente de arrancarse el cabello), y la alopecia areata (el sistema inmunológico ataca los folículos pilosos).
“El cabello se me empieza a caer mucho. Imagínate, una mujer que trabajaba recibiendo personas en el banco, en protocolo, organizando eventos; la imagen era primordial”, dijo Yrenes Martínez.
Una amiga que estaba perdiendo mucho cabello fue la inspiración para que Yrenes investigara cómo preparar un remedio natural. “Fue también un apoyo emocional porque llegaba a mi casa, hacía unas mezclas, probando, y así hice un producto buscando ingredientes e ideas. El jengibre ayuda a estimular el crecimiento del cabello, activa los folículos”, contó.
El resultado fue impresionante. Su amiga “era la evidencia más real porque tenía unos hoyos en el cabello. Al empezarle a salir cabello la gente le preguntaba qué usaba. Ahí nace mi marca Ginger Milk”.
Su negocio comenzó desde abajo, con la ayuda de un señor que repartía periódicos y que comenzó a entregar los pedidos que le hacían del gotero con la fórmula para evitar la caída del cabello.
El sueño que nació en la soledad de su casa es actualmente una empresa consolidada con más de 47 empleados y facturación millonaria, en República Dominicana y en el mundo.
“Ahora tengo una psicóloga, dreno mis problemas con una persona que me puede ayudar, que me guía y me habla desde el conocimiento”, subrayó la joven. Y planteó: “Me la paso todos los días resolviendo problemas, y si no estoy bien mentalmente, no puedo seguir adelante”.
¿Cómo lidiar con el peso de llevar una empresa? “Antes los problemas me afectaban más. Por ejemplo, hace poco tuve una conversación difícil, pero cuando la terminé, estoy aquí de nuevo. Aprendí a hacer una sola cosa a la vez. De todas las terapias a las que fui, aprendí que no puedo ser multitasking, y yo lo forzaba. Hay como una mala percepción en la sociedad de que si no haces tantas cosas no tienes capacidad”, constató.
¿Qué es lo que la hace fuerte? Su equipo de trabajo, sin dudas.
Para esa persona que pueda sentirse estresada, Yrenes tiene un consejo: “Tómate una pausa y mírate a ver si realmente te sientes bien con lo que estás haciendo. A veces uno no se da la oportunidad de conocerse. Por ejemplo, ahora yo no necesito mucha aprobación, tomo mis decisiones porque sé lo que quiero y es lindo cuando te conoces tanto, te amas tanto, cuando tu felicidad está primero. Sal un día, tómate un café contigo, invítate a cenar. Yo soy mi mejor amiga. Cuando uno descubre eso, uno no necesita mucho para vivir feliz”.
