MIAMI.- "Estigma, discriminación y salud" es la clase impartida desde la primavera de 2021 en la Universidad de Harvard por el profesor e investigador, Mark L. Hatzenbuehler, en la que estudian el impacto de la estigmatización en la salud de las personas.
La cátedra, que llega en un momento en el que se reconoce la importancia de la salud mental, evalúa cómo las diversas formas de estigma producen resultados negativos de salud en múltiples características, que van desde la sexualidad y el peso corporal hasta la inmigración y la pobreza.
"Si tenemos suerte, llegaremos a la vejez y esa es una situación estigmatizada en muchos contextos sociales", expresó Hatzenbuehler, reseñado por la revista The Harvard Gazette.
Resalta el "gran atractivo" que representa el estudio de la estigmatización social, al considerar que es "una situación humana común", pese a la creencia general que lo atribuye a unos "pocos grupos" de personas.
¿Cómo afecta la salud?
De acuerdo con los estudios desarrollados por Hatzenbuehler, las creencias sobre la controlabilidad (si alguien es considerado responsable de adquirir su rasgo estigmatizado) pueden predecir actitudes negativas hacia esa identidad, estatus o condición.
"Los defensores sugirieron que estos hallazgos tenían implicaciones de intervención. Y muchos que trabajan en el ámbito de la salud mental difundieron la idea de que estas condiciones son biológicas para tratar de reducir la estigmatización", explicó.
El también psicólogo clínico especializado, que se considera una especie de académico accidental, se ha dedicado a comprender "cómo el estigma está arraigado en la sociedad en general".
Además, se ha encargado de estudiar el estigma hacia las personas de la comunidad LGBTIQ. Estas investigaciones, por ejemplo, le han permitido encontrar aumentos en una variedad de problemas de salud mental, como depresión, ansiedad y abuso de alcohol entre las minorías sexuales que viven en aquellos estados en los que recientemente aprobaron enmiendas constitucionales que prohibían el matrimonio entre personas del mismo sexo.
Según su análisis, quienes atribuyen los trastornos de salud mental al ADN podrían aliviar un aspecto del estigma: la culpa. Sin embargo, quienes mantienen esta creencia tienden a ser propensos a pensar que las personas con problemas de salud mental son peligrosas, por lo que suelen desear una mayor distancia social y respaldan al "pesimismo sobre las posibilidades de recuperación".
Al final, los distintos estudios demostraron que el estigma simplemente persistía bajo diferentes mecanismos.
Cambio en los estigmas
"Pude aprender sobre los estigmas relacionados con la edad, el tipo de cuerpo, la raza, el origen étnico e incluso diferentes enfermedades", indicó Rick Lee, quien tras cursar la clase del profesor Hatzenbuehler trabaja como coordinador de investigación clínica en el Hospital General de Massachusetts.
Igualmente, evaluaron la campaña "Una enfermedad como cualquier otra", promovida por defensores de la salud mental a finales del siglo XX con el objetivo de reducir los prejuicios contras las personas con esquizofrenia, depresión o trastorno por consumo de alcohol.
Tanto Hatzenbuehler como sus estudiantes descubrieron que está había fracasado debido a que los estigmas tienden a cambiar de forma y reproducirse a través del tiempo, tras examinar los hallazgos de un metanálisis realizado en 2012 que captura los cambios globales en las últimas décadas.
"En diferentes países vemos una disminución en las actitudes de apoyo hacia las personas con esquizofrenia y prácticamente ningún cambio en la depresión", enfatizó.
FUENTE: Con información de The Harvard Gazette