viernes 3  de  abril 2026
SALUD MENTAL

Poda neural: el arte de aprender eliminando

El cerebro no intenta conservarlo todo, sino quedarse con lo que realmente le resulta útil. Y en ese proceso, va afinando nuestras habilidades, nuestras respuestas y nuestra forma de estar en el mundo

Diario las Américas | Dra VIOLETA GARCÍA
Por Dra VIOLETA GARCÍA

Cuando pensamos en el desarrollo del cerebro, lo habitual es imaginar crecimiento: más conexiones, más capacidades, más inteligencia. Pero el cerebro no solo se construye sumando. De hecho, una de sus estrategias más sofisticadas consiste en hacer justo lo contrario: eliminar conexiones. A este proceso se le llama poda neural o poda sináptica, y es clave para entender cómo aprendemos, nos adaptamos y, en cierto modo, nos convertimos en quienes somos.

Al nacer, el cerebro humano es una especie de “bosque exuberante” de conexiones neuronales. Durante los primeros años de vida se crean millones de sinapsis a una velocidad vertiginosa. Es un momento de máxima plasticidad: el cerebro está preparado para absorber información del entorno y generar múltiples rutas posibles. Pero ese exceso tiene un problema: no es eficiente.

Mantener todas esas conexiones activas sería como intentar circular por una ciudad donde todas las calles permanecen abiertas aunque nadie las use. El tráfico sería lento, caótico y poco funcional. Por eso, el cerebro empieza a hacer algo sorprendente: selecciona, refuerza y elimina.

Las conexiones que se utilizan con frecuencia —por repetición, aprendizaje o experiencia— se fortalecen. Las que no se usan, se debilitan y acaban desapareciendo. Este principio se resume en una frase muy conocida en neurociencia: “las neuronas que se activan juntas, se conectan entre sí”. Pero hay otra cara menos popular y igual de importante: las que no se activan juntas, se desconectan.

La poda neural comienza en la infancia, pero tiene uno de sus momentos más intensos durante la adolescencia. En esta etapa, el cerebro entra en una especie de “fase de ajuste fino”, especialmente en áreas como la corteza prefrontal, implicada en la planificación, el autocontrol o la toma de decisiones. Esto ayuda a explicar por qué la adolescencia es, a la vez, un periodo de cierta impulsividad y de enorme reorganización interna.

Desde fuera, podría parecer que el cerebro “pierde” algo al eliminar conexiones. Sin embargo, ocurre justo lo contrario: gana eficiencia. Es como pasar de un borrador lleno de opciones a una versión final más clara, rápida y especializada. El cerebro adulto no tiene más conexiones que el infantil, pero sí mejores.

Un aspecto especialmente interesante es que la poda neural no sigue un guion fijo. Está profundamente influida por la experiencia. Lo que vivimos, repetimos o dejamos de hacer va moldeando literalmente la arquitectura cerebral. Por ejemplo, un niño que crece escuchando varios idiomas mantiene redes neuronales asociadas a esos sonidos y estructuras. Si esas redes no se usan, se debilitan con el tiempo.

Esto tiene implicaciones importantes. Por un lado, subraya la importancia del entorno y el aprendizaje en etapas tempranas. Por otro, explica por qué ciertas habilidades, si no se practican, se vuelven más difíciles de recuperar. El cerebro no “olvida” por descuido, sino porque optimiza.

Desde la investigación clínica, la poda neural también ha despertado mucho interés. Se ha observado que un equilibrio adecuado en este proceso es fundamental. Una poda excesiva podría estar relacionada con algunos trastornos como la esquizofrenia, mientras que una poda insuficiente podría vincularse a condiciones del neurodesarrollo como el trastorno del espectro autista. Aunque estas relaciones siguen investigándose, apuntan a la relevancia de este mecanismo en la salud mental.

Ahora bien, hay algo que suele sorprender: la poda neural no es exclusiva de la infancia o la adolescencia. El cerebro adulto sigue reorganizándose, aunque de forma más gradual. Esto significa que, en cierta medida, seguimos “podando” a lo largo de la vida. Cada vez que dejamos de practicar algo, ciertas conexiones se debilitan. Cada vez que repetimos una conducta o pensamiento, otras se fortalecen.

Desde aquí se puede hacer una lectura más cercana. Cambiar un hábito, aprender algo nuevo o incluso modificar la forma en que pensamos no es solo “añadir” algo distinto. Implica también dejar de reforzar lo anterior. Y eso lleva tiempo. El cerebro necesita debilitar rutas antiguas mientras consolida nuevas.

En el fondo, la poda neural es una forma de inteligencia biológica. El cerebro no intenta conservarlo todo, sino quedarse con lo que realmente le resulta útil. Y en ese proceso, va afinando nuestras habilidades, nuestras respuestas y nuestra forma de estar en el mundo.

Quizá la idea más sugerente es esta: aprender no siempre consiste en acumular. A veces, consiste en soltar.

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Violeta Garcia Psicóloga

Puedes encontrarme en: https://violetagarcia.es

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