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MIAMI.- La Asociación Estadounidense de Oncología (ASCO, por su siglas en inglés) prevé que en 2018 se diagnostiquen más de 266.000 mujeres con cáncer del seno, el tumor maligno más común en EEUU. Penosamente al finalizar el presente año unas 41.000 mujeres y cerca de 500 hombres habrán muerto, víctimas de dicha enfermedad.

Solo en Florida se registrarán 19,860 nuevos casos, después de California con 29.360 pacientes es el segundo estado con mayor concentración de enfermos que desarrollan cáncer de seno de la unión americana.

Las enfermedades oncológicas tienen un gran impacto en la sociedad moderna. Según las estadísticas publicadas por ASCO, en EEUU fallecerán en el año en curso, alrededor 609.640 personas de cáncer y a 1,735.350 estadounidenses se le diagnosticaría, al menos, un tumor maligno.

A pesar de las alarmantes cifras, el cáncer de seno es sólo la segunda causa de muerte entre las mujeres estadounidenses, lo supera el cáncer de pulmón del que podrían fallecer este año unas 70.000 mujeres y 83.000 hombres.

Pero el trabajo que desempeñan los investigadores permite mirar al futuro con cierto optimismo. Desde la década de los noventa la cantidad de mujeres que fallece debido al cáncer de seno disminuye a ritmo constante, gracias a la detención temprana y a las mejoras en los tratamientos.

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La mayoría de los tumores cancerosos de seno se crean a partir de un daño en los genes.
La mayoría de los tumores cancerosos de seno se crean a partir de un daño en los genes.

Factores de riesgo

Los factores de riesgo del cáncer de seno pueden ser diversos, ya que engloban todo aquellos elementos que aumentan la probabilidad de desarrollar un tumor maligno. Dichos factores pueden tener un origen ambiental, hereditario, desarrollarse por el estilo de vida o producirse como resultado de una mutación genética. Clasificar a las personas en grupos de riesgo permite estar vigilantes y ayudarles a prevenir la enfermedad. Aunque es bueno señalar que existen muchas pacientes dentro de estos grupos que nunca la desarrollarán.

La mayoría de los tumores cancerosos de seno se crean a partir de un daño en los genes, producido por casualidad después del nacimiento del individuo. Afortunadamente este daño no se transmite a la descendencia. Por lo tanto que un progenitor haya muerto o padecido de cáncer no significa automáticamente que sus hijos sean proclives a desarrollarlo.

La ASCO sostiene que del 5 al 10% de los tumores de mama sí tiene carácter hereditario. Lo transmite mujeres portadoras de mutaciones en los genes BRCA1 y BRAC2, cuya función es evitar que las células crezcan sin control. Son genes supresores de tumores humanos que regulan el ciclo celular y evitan su proliferación incontrolada. Cuando un individuo hereda tal mutación sus células pueden desarrollarse hasta producir un cáncer.

Al considerar el riesgo de desarrollar un cáncer de mama, es importante recalcar que la mayoría de mujeres que contrajeron este tipo de enfermedad no pertenecían al grupo de personas con factores de riesgo ni tenía antecedentes familiares.

La edad es otro factor de riesgo del cáncer de mama. En la medida que la mujer envejece aumentan las probabilidades de desarrollarlo. Estadísticamente, las mujeres son más propensas a contraer cáncer a partir de los 50 años.

El estilo de vida puede influir en el desarrollo del cáncer de seno. Es que la obesidad se encuentra entre los factores de riesgos para las mujeres posmenopáusicas. Existe un agravante para las mujeres obesas: una vez que han contraído la enfermedad tienen mayor posibilidad de recurrir después del tratamiento de cura.

Por otra parte, las personas que consumen 1 o 2 bebidas alcohólicas diarias (cerveza, vino, o licor) se colocan en un grupo de riesgo. Y al igual que ocurre con el sobrepeso el cáncer de seno tiene más oportunidad de reaparecer en pacientes consumidores habituales de alcohol después de realizado el tratamiento.

Prevención

Actualmente no existe una terapia o forma de vida que nos proteja totalmente de contraer cáncer de seno. Dicho esto, muchos estudios señalan que existen estilos de vida que podrían a reducir los riesgos de contraer la enfermedad. Los especialistas recomiendan practicar ejercicios físicos, por lo menos 30 minutos diarios y evitar el sobrepeso. Estas actividades se deben realizar de forma sistemática principalmente en las edades post menopáusicas. De ello se desprende que es necesario llevar una dieta sana y evitar la ingesta diaria de bebidas alcohólicas.

Otra forma de prevenir las consecuencias del cáncer de seno es la detención precoz. Las mujeres deben tener conciencia de la importancia de realizar la autoexploración mamaria. Si este examen se realiza de forma regular permite a la mujer por un lado conocer cómo son sus senos en estado normal. Así les resultará más fácil detectar si se registra algún cambio significativo en los mismos.

Algunos doctores sostienen que la mujer a partir de los 25 años debe autoexplorarse siete días después de cada menstruación. Por su parte, las mujeres posmenopacáusicas deberían fijar un día al mes para observarse.

Dichas exploraciones deben buscar deformidades en la mama, algún dolor al palpar, secreciones en los pezones, cambios de color o textura del seno, existencias de bultos, endurecimientos o hundimientos en áreas de la mama, el pezón, o la axila.

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¿Cómo realizar un autoexamen?

Frente en el espejo

  • De pie con los brazos hacia abajo a ambos lados del cuerpo
  • Presionar con las manos en la cadera y empujar los hombros y los codos hacia delante
  • Con los brazos hacia arriba, sobre la cabeza y girar el tronco de derecha e izquierda
  • Juntar los brazos por detrás de la cabeza y presionando hacia delante.

De pie y acostada

  • De pie: En la ducha, con un brazo encima de la cabeza y con la mano contraria enjabonada deslizarla sobre la piel mojada del seno.
  • Acostada: Boca arriba con una almohada debajo de la espalda y un brazo sobre la cabeza con la mano contraria explorar el seno.

¿Como deslizar los dedos?

  • Hacia el pezón en estrella, del exterior de la mama al centro.
  • Con movimientos ascendentes en zigzag de lado a lado del seno.
  • En círculos desde el pezón hacia el exterior de la mama.

Con un brazo detrás de la cabeza y el codo levantado, presione suavemente con las yemas de los dedos de la mano contraria la mama y la axila que se explore.

Si una paciente descubre una secreción, bultos o alguna anomalía eso no significa que tenga cáncer, pero se recomienda que vaya a ver a su médico de cabecera para que este determine cuál es la causa de esta anomalía.

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Mamografía

Es la prueba preventiva de detención del cáncer de mama con rayos X que permite ver en imágenes si existen indicios antes que aparezcan los síntomas. Es un análisis para detectar microcalcificaciones, nódulos, quistes y patologías benignas que permiten seguir su evolución a través del tiempo.

Se recomienda que todas las mujeres a partir de los 40 años se sometan a una mamografía anualmente. Aquellas personas con algún factor de riesgo, como antecedentes familiares, los médicos aconsejan comenzar a revisarse antes de esta edad.

Lo más importante de una mamografía es que si se detecta la enfermedad en estado inicial es muy posible que se pueda curar. Por ello es importante realizar estos exámenes con la periodicidad que recomiendan los especialistas.

Amamantar disminuye los riesgos de cáncer de seno

Por todos es conocido que la lactancia materna además de ser muy saludable para el bebé, sirve para desarrollar vínculos afectivos cruciales para la supervivencia y desarrollo de la criatura.

Pero un estudio científico realizado en el Hospital Universitario de San Cecilio de Granada, España, titulado Lactancia materna: Un método eficaz en la prevención del cáncer de mama”, sostiene que existe una correlación significativa entre el tiempo de lactancia materna y la edad de diagnóstico del cáncer de seno entre pacientes con antecedentes familiares y personales de cáncer. O sea, amamantar a un bebé de forma prolongada protege a la madre de contraer cáncer de mama.

La tesis de estos médicos españoles sostiene que la supresión de la ovulación que ocurre durante la lactancia reduce la exposición de las madres lactantes a hormonas como el estrógeno, “estrechamente implicada en la carcinogénesis del cáncer mamario”. Por otra parte, “la lactancia aumenta la producción de células diferenciadas en el parénquima mamario que confiere protección contra los carcinógenos”, o sustancias que causan cáncer.

Por su parte, la Sociedad Estadounidense contra el Cáncer plantea que existen algunos medicamentos que podrían reducir el desarrollo de cáncer de seno en mujeres con factores de alto riesgo. Algunos estudiosos coinciden que los fármacos para realizar terapia hormonal pueden ayudar a prevenir el cáncer de seno. Entre ellos son especialmente eficaces los llamados inhibidores de la aromatasa.

En conclusión: Las mujeres deben cuidarse de forma preventiva con auto exploraciones regulares. Cuando tengan la edad adecuada, someterse a las mamografías periódicas. Deben evitar la obesidad con dietas sanas y ejercicios físicos sistemáticos. Las mamás deben amamantar a su bebé el mayor tiempo posible. Porque al final, el único factor de riesgo que debe ser una meta es envejecer.

 

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