MIAMI.- Tras dos meses de actividades culturales cada fin de semana: exhibición de arte, música y teatro con grupos locales e internacionales, llegó a su final el IV Open Arts Fest, con la propuesta de la institución anfitriona, Artefactus Cultural Proyect, presentando Alguna vez en Miami, texto y puesta en escena de Eddy Díaz Souza.
Ambientada en Miami y haciendo alusiones a eventos históricos acontecidos en el área, como el huracán de 1926, la gran helada de 1894, la llegada del ferrocarril a la ciudad, el recuerdo de la estancia del poeta español Juan Ramón Jiménez, en Coral Gables y el presente pandémico, se estructura una pieza dictada por el quehacer literario de un escritor que mientras redacta sus historias se van haciendo realidad.
La premisa expresada en la promoción: “un grupo de actores refugiados en un teatro para resguardarse de la pandemia”, no quedó clara para este espectador, aunque se hacen guiños al principio del espectáculo cuando se alude a 30 días de encierro y luego al final a modo de cierre. Sin embargo, más bien lo que se percibe es el encierro de un escritor, interpretado por el actor Julio César Amador, que desde su aislamiento forzoso se pone a imaginar y crear, mientras sus textos toman vida. Las palabras que escribe viajan de la computadora a quienes las interpretan, apareciendo ocasionalmente el propio autor revelando el título de lo que va a escribir o haciendo acotaciones.
De esta manera se hilan una serie de historias independientes, como la de Alma, embarazada de Wilfredo, interpretada por Dairín Valdés y Armando Naranjo. Luego, a modo de epílogo, se evoca la epidemia de fiebre amarilla de 1899 y el aislamiento de los infestados en un hotel de Miami, mientras Alma (otro guiño sobre el encierro) de repente menciona que lleva 4 meses encinta y mira al exterior por una ventana.
El escritor anuncia la historia de la mujer de un policía que luego aparece muerta, y surge la narración escénica, donde los actores en uno de los buenos instantes teatrales, cortan con tijeras, simultáneamente, las páginas de un periódico. En esta escena aparecen todos los actores y hay un juego dinámico en torno a una armazón de metal que acomoda las distintas escenas.
Luego toman lugar otras historias, una que tiene que ver con la colonia de violetas; las anécdotas de un hombre hablando con su padre postrado en una cama porque se lanzó endrogado a una piscina vacía, texto que maneja con fuerza el joven José Miguel Quesada. Le sigue la de una gaga, relacionado con gatos que ahogan cruelmente, momento donde se vuelve a crecer Quesada y se luce Oneysis Valido. Una de las historias mejor tejidas en la jornada teatral es la de Medea y Jasón, con la solidez de Oneysis Valido y José Luis Pérez, en uno de los textos más elaborados.
Por la propia estructura de Alguna vez en Miami, los actores se desdoblan en varios personajes, lográndose en todos los casos un balanceado nivel interpretativo. De la misma manera que la escenografía de Carlos Artime, resulta mínima, pero funcional.
Para el cierre cantan Strangers In The Night (Extraños en la noche), quizás se quiso aprovechar las dotes del barítono/actor Armando Naranjo con su potente voz, acompañado de José Luis Pérez también con buen dominio vocal.
Concluyó el Open Art Fest 2021, una victoria para las artes en medio de una pandemia que todavía no termina y aun no se sabe qué nos deparará. Pero hay que seguir.