MIAMI.- En una industria obsesionada con la inmediatez, los números y el algoritmo, Cristian “Ciey” representa una rara excepción: un productor y compositor que todavía habla de música como si fuera un acto espiritual. Su discurso no gira alrededor de fórmulas virales, sino de raíces culturales, improvisación, emoción y disciplina. Y, quizá precisamente por eso, ha terminado construyendo una de las trayectorias más interesantes y silenciosamente influyentes de la música latina contemporánea.
El nombre de Ciey aparece detrás de algunas de las canciones más importantes de los últimos años. Su trabajo forma parte del universo creativo de Shakira, Ricky Martin, Ryan Castro, J Balvin, Rels B y Greeicy, entre otros artistas que hoy dominan la conversación global de la música latina. Sin embargo, detrás de esos créditos existe una historia mucho más compleja que la de un simple hitmaker.
“Yo no quiero hacer canciones para una semana. Quiero hacer música que dentro de 20 años alguien vuelva a sentir como si acabara de salir.”, confirma, Ciey no llegó a la música desde la tendencia. Llegó desde la academia, la investigación y la obsesión. Es músico profesional, compositor orquestal, multiinstrumentista y estudió en Cuba, un país que, según él mismo describe, transformó por completo su manera de entender el ritmo, la sensibilidad y la creación artística. Allí encontró un equilibrio entre el rigor técnico y la intuición afrocaribeña; entre la estructura académica y el sabor visceral de la improvisación.
Ascenso
Esa dualidad terminó convirtiéndose en el sello de su sonido. Mientras buena parte de la industria urbana se enfocaba en replicar fórmulas, Ciey comenzó a construir una visión mucho más amplia de la música popular. Su proceso creativo mezcla antropología musical, exploración rítmica, estudio de raíces culturales y una búsqueda permanente por entender cómo dialogan distintos géneros entre sí. Habla con naturalidad sobre claves afrocubanas, flamenco, síncopas latinas, improvisación jazzística y armonías minimalistas aplicadas al pop urbano. Para él, entender la raíz de un género es la única manera de empujarlo hacia adelante.
Y esa filosofía ha terminado permeando cada una de sus producciones. Uno de los capítulos más decisivos de su carrera llegó con Monotonía, el éxito global interpretado por Shakira y Ozuna. La historia detrás de la canción parece más cercana a una película que a una sesión de estudio convencional.
“Las mejores canciones que he hecho nacieron cuando dejé de pensar en qué iba a funcionar y empecé a pensar en qué era verdad.”
Según relata el propio productor, la canción nació en un momento particularmente complejo: después de permanecer semanas acompañando a jóvenes músicos que habían sido estafados en un campamento creativo y quedarse trabajando con ellos incluso sin recibir pago. Poco después conoció al productor Alejandro “NUP”, comenzaron a trabajar juntos y, casi de manera improvisada, nació la estructura inicial de Monotonía.
El resultado terminó convirtiéndose en uno de los lanzamientos latinos más importantes del año y en una confirmación de algo que Ciey repite constantemente: la música hecha desde la honestidad emocional siempre encuentra su camino.
Amar la música
Su enfoque creativo también desafía varias de las lógicas actuales del negocio. Mientras muchos productores trabajan pensando exclusivamente en velocidad, métricas y contenido para plataformas, él insiste en defender la profundidad artística. Habla abiertamente sobre el desgaste creativo que produce una industria acelerada y sobre la necesidad de volver a construir canciones desde la esencia y no desde la ansiedad del algoritmo. “A veces la industria te empuja a pensar más en números que en música. Mi lucha personal ha sido no dejar de amar la música por encima del negocio”.
Paradójicamente, esa visión más artesanal es justamente la que lo ha llevado a colaborar con algunos de los nombres más relevantes de la música latina actual. Después de Monotonía, Ciey continuó expandiendo su presencia internacional con trabajos para Ricky Martin y nuevas colaboraciones junto a Ryan Castro, J Balvin y otros artistas clave de la nueva generación latina.
Pero incluso con ese crecimiento, mantiene una dinámica creativa poco común: durante el día trabaja en estudio y durante las noches participa en sesiones de improvisación junto a músicos de jazz y música afrocubana. Para él, esos espacios son fundamentales porque lo obligan a permanecer en constante aprendizaje y a evitar caer en “clichés creativos”.
Esa búsqueda permanente también explica por qué muchos dentro de la industria lo describen más como un arquitecto emocional que como un productor tradicional.
Las canciones de Ciey rara vez se sienten construidas desde el cálculo. Suelen tener una sensibilidad particular: vulnerabilidad melódica, texturas orgánicas, armonías poco evidentes y una capacidad de convertir emociones complejas en algo profundamente masivo. Él mismo asegura que su principal herramienta creativa es escuchar. Escuchar conversaciones, historias, emociones, silencios y contextos humanos para luego traducirlos en música que otras personas puedan hacer propia.
En una era donde la inteligencia artificial, los datos y la velocidad parecen dominar la conversación cultural, Ciey representa otra posibilidad para la música latina: la del productor que todavía cree en el oficio, en la intuición y en el poder de una canción capaz de sobrevivir más allá del momento.
Y quizá ahí radica lo más interesante de su carrera: mientras muchos persiguen el próximo éxito viral, Cristian “Ciey” parece estar persiguiendo algo mucho más difícil de conseguir — canciones que permanezcan.