viernes 29  de  mayo 2026
EDUCACIÓN

"El Camino de Santiago es donde el destino deja de ser una sentencia"

Hablamos con María Díaz de la Cebosa, presidenta de CIS University y de la International Studies Foundation, sobre el programa Camino de Santiago

ESPECIAL

Luis Fernández

Hay proyectos que se miden en kilómetros y otros que se miden en transformaciones. El programa de becas del Camino de Santiago, impulsado por la International Studies Foundation, pertenece a estos últimos. Lo que nació de una charla de pasillo en Miami se ha convertido en un puente de esperanza que conecta a jóvenes de entornos vulnerables con su propio potencial.

Hablamos con María Díaz de la Cebosa, presidenta de CIS University y de la International Studies Foundation, sobre el origen de esta vivencia, el impacto del silencio y por qué creer en alguien que no conoces, lo considera la inversión más poderosa que existe.

Una idea entre dos mundos

-¿Qué es el programa de becas Camino de Santiago y a quién va dirigido?

Es un programa que ofrece a jóvenes de entre 16 y 18 años, seleccionados no solo por su rendimiento sino por su actitud y compromiso social, la oportunidad de recorrer el Camino de Santiago. Son chicos que provienen de entornos vulnerables y que, a menudo, nunca han tenido la oportunidad de salir de su comunidad.

-¿Cómo surgió la idea? ¿Qué te motivó a comenzar esta experiencia?

Todo empezó en 2017. En Madrid teníamos el programa Go American con la Embajada de EEUU. Tras dos años de clases de inglés y cultura americana, buscábamos un cierre mágico para los alumnos. Se nos ocurrió el Camino. Pero la chispa definitiva saltó en Miami. Mientras esperaba una reunión con el alcalde Tomás Regalado, conocí el proyecto “Una hora de tu comida salva una vida”, enfocado en evitar el abandono escolar. En ese momento, antes de entrar al despacho, pensé: “¿Y si unimos estos dos mundos? ¿Y si sentamos en el mismo sendero a un chico de un barrio de Madrid con uno de Miami?”.

-¿Qué ocurrió cuando entraste a la reunión con el alcalde Regalado?

Tomás Regalado es un hombre de una dimensión humana extraordinaria. Yo iba a hablarle de nuestras escuelas sociales con la Fundación Real Madrid, pero me lancé: “¿Crees posible seleccionar a diez chicos en situación vulnerable para que se unan a nuestros estudiantes en España y que hagan el Camino de Santiago?”.

Julián Linares, gran amigo y compañero de ambos, estaba allí y apoyó la idea de inmediato. En cuestión de minutos, Tomás ya estaba preguntando de qué zonas vendrían y cuántas becas harían falta. Así, ese mismo año, el proyecto se hizo realidad.

“Hay ángeles que se cruzan en momentos determinados para que las cosas salgan como deben salir”.

El primer paso: El descubrimiento

-¿Cómo fue aquel primer viaje de 2017? ¿Qué descubriste tras esa experiencia inicial?

Fue mágico e increíble. Recuerdo la presentación en el Ayuntamiento de Miami. Invitamos a las familias para explicarles el proyecto; eran personas que nunca habían viajado, algunas ni siquiera conocían el mar viviendo en Miami. Ver la luz en los ojos de esas madres, sintiendo el orgullo de que sus hijos harían algo que ellas nunca pudieron... eso me llenó. En el aeropuerto, un chico nos hacía trucos de magia con cartas mientras esperábamos el avión. Era su forma de canalizar el nerviosismo ante lo desconocido. Fue ahí donde entendí que este proyecto no se mide en números, sino en el calado personal y espiritual que conlleva.

-¿Cuánto ha crecido el programa desde entonces? ¿Qué impulsa su expansión?

Ha crecido mucho. Hoy tenemos jóvenes de Puerto Rico, Nueva York, New Jersey, Madrid y este año se incorporan niñas de Nueva Orleans. El motor es el “boca a boca” y el apoyo de patrocinadores y empresas. Cada año hacemos un documental donde se ve la vivencia real; cuando la gente lo ve, siente la experiencia y quiere hacerse partícipe. Necesitamos esos apoyos para sufragar los gastos de un proyecto de esta índole, porque la transformación es real y tangible.

La transformación: El barro y las estrellas

-En el Camino suceden muchas cosas. ¿Qué crees que tiene más impacto en los jóvenes?

Es todo el proceso. El impacto empieza el día que saben que han sido seleccionados; para ellos es un sueño que ni se habían planteado por su situación económica. Pero luego llega la realidad: el Camino exige mucho física y mentalmente; son 25 kilómetros diarios de sacrificio. Para la generación digital, estar desconectados es un cambio radical. Sin embargo, al segundo día, el individuo muere para que nazca el grupo. Se convierten en una familia. Si uno llora, otro ríe. Es el “Camino de las Estrellas”, la Vía Láctea que guiaba a los peregrinos. Esa conexión con la naturaleza y con los compañeros es inexplicable.

¿Cómo impacta esa transformación positiva a la sociedad?

_Se nota en la esperanza. Estos chicos sienten que personas que no los conocen de nada creen en ellos antes incluso de ver sus logros. Eso les cambia la perspectiva: pasan de ser receptores de ayuda a ser personas que quieren aportar a los demás. Recuerdo a un estudiante de Puerto Rico que, con 17 años, descubrió en el Camino su propósito de vida. Regresó con la claridad de quién quería ser. Esa es la transformación que luego ellos devuelven a su comunidad.

¿Qué crees que les habría pasado a estos jóvenes si no hubieran hecho el viaje?

_Es una pregunta difícil porque es entrar en suposiciones. Lo que sí sé es que se habrían perdido una experiencia de autodescubrimiento vital. Es como si pudieras haber ido a la Luna y no fuiste; si no lo conoces, no sabes qué te has perdido, pero tu vida no habría tenido ese punto de inflexión. El Camino les enseña que su voluntad es soberana.

El horizonte: Un programa por generaciones

-Miremos al futuro. ¿Hasta dónde crees que puede llegar este programa?

Mi idea es que se mantenga siempre. Que sea un programa de nuestra Fundación por generaciones, gracias a nuestras alianzas. No se trata del número —ya sean 10 o 50 becados— sino de hacerlo “de verdad”. Lo importante es estar cerca del peregrino, velar por su camino y asegurar que sea una experiencia de vida auténtica. Queremos que más jóvenes descubran que, aunque su entorno sea vulnerable, su potencial es infinito, y pueden ser esa estrella que ilumine el Camino.

Ellos ponen los pies y el esfuerzo; usted, la oportunidad. Mantener el Camino abierto depende de su voluntad. Escanee este código, apoye el Programa de Becas y permita que el próximo joven cambie su destino bajo las estrellas. Hagamos que suceda.

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