MIAMI.- Un buen título de crédito rara vez se comenta al salir de la sala. Si funciona, el espectador no piensa en él: piensa en la película. Ese es el terreno incómodo y silencioso en el que trabaja Doménica Basantes, diseñadora ecuatoriana de motion graphics cuya firma está detrás de algunos de los documentales de moda y cultura visual más premiados del circuito de festivales de los últimos dos años.
El trabajo de Basantes pertenece a una categoría difícil de nombrar. No es dirección de arte, aunque piensa como directora de arte. No es edición, aunque su trabajo nace pegado a la sala de montaje. No es ilustración ni animación ni fotografía, aunque usa las tres. Lo que hace es construir el aparato visual que sostiene una película documental por fuera de su metraje filmado: las secuencias de títulos, los montajes gráficos, la estilización de material de archivo, los créditos finales, los sistemas tipográficos que identifican a quien habla en cámara. Todo eso que el espectador procesa sin registrar y que, mal resuelto, deshace una película en treinta segundos. Finalmente ella es visual designer.
El caso Dressing the Part
El proyecto que mejor explica su método es Sandy Powell: Dressing the Part, largometraje documental dedicado a la diseñadora de vestuario británica ganadora de múltiples premios de la Academia, con participación de Cate Blanchett, Tilda Swinton, Julianne Moore y Toni Collette. Basantes diseñó la secuencia de títulos y los gráficos editoriales, y coordinó el flujo de trabajo gráfico de la producción. El documental obtuvo el premio a Mejor Largometraje Documental en el Burbank International Film Festival y un Platinum Video Award en los Vega Awards.
Lo interesante del caso no es el resultado sino el origen. La película, en su planteamiento inicial, no contemplaba secuencia de títulos. Basantes, que ya había colaborado con el departamento de Branded Content de SCAD en otras producciones, se enteró de que el proyecto estaba en marcha y decidió proponerse. "Honestamente, I offered myself as a tribute", bromea. La ironía esconde un dato relevante: preparó por iniciativa propia varias exploraciones visuales, sin encargo, y las presentó al director. Una de ellas conectó y terminó incorporándose a la película.
Diseñar títulos para un documental sobre una diseñadora de vestuario implica una trampa evidente. El vestuario cinematográfico es, por definición, un oficio de superficie, textura y silueta; hacer gráficos sobre ese universo invita a la imitación decorativa. Basantes optó por el camino opuesto: estudiar la obra de Powell hasta poder traducir su lógica en lugar de citarla. El resultado sobrevivió incluso a una prueba severa. Ya en postproducción, alguien propuso eliminar la secuencia para acortar la duración del documental; el director la defendió argumentando que a esas alturas los títulos se habían vuelto parte de la historia. Permanecieron en el corte final.
El reconocimiento más citado de ese proceso, sin embargo, no llegó de un jurado. Llegó por correo electrónico, desde una sala de espera de aeropuerto, firmado por la propia Powell. El director entró a la oficina de Basantes para leérselo en voz alta y subrayó una línea: "And best of all the graphics at the end are genius!". La diseñadora lo describe como el reconocimiento que más guarda, por encima de cualquier estatuilla. "Sentí que todo el esfuerzo, las horas de dudas, las noches buscando cómo contar mejor una historia, habían valido la pena".
One Step Away: cuando la identidad completa es el encargo
Si Dressing the Part fue la puerta de entrada, One Step Away fue la prueba de escala. Aquí no se trató de una intervención puntual, sino de la totalidad del sistema gráfico del documental: el diseño de títulos, la secuencia de apertura completa, cada montaje gráfico que aparece a lo largo de la película, el tratamiento y la estilización de fotografías y materiales de archivo reales, y los créditos finales. Trabajó en contacto directo y permanente con la editora de video, generando recursos gráficos a medida según lo que la narración iba necesitando.
La decisión estética que atraviesa la pieza es una de las más difíciles de sostener en motion design: renunciar a la perfección digital. Basantes construyó el lenguaje visual sobre lo táctil —fotografía real, elementos de collage, texturas, imperfección deliberada— para producir una carga nostálgica que no sonara artificial. "Mi objetivo nunca fue que alguien dijera qué bonitos los gráficos, sino que sintieran que siempre habían pertenecido a esa historia", explica. Es una declaración de principios más que una nota técnica: la ambición no es que el diseño destaque, sino que resulte inevitable.
El circuito de festivales respondió con una amplitud inusual para un documental de este formato. One Step Away fue reconocido en el Seattle International Fashion Film Festival con los premios a la película más inspiradora, mejor edición y elección del público; obtuvo el Oro en la categoría de documental tanto en los VEGA Awards como en los NYX Awards; el Platinum Video Award en los Hermes Creative Awards; el Oro en video y documental en los Muse Awards; el Award of Excellence de los Communicator Awards; y una mención honorífica en los MarCom Awards. Fue además finalista en los Shorty Awards, recibió el premio a Mejor Película Bélica en el Roma Short Film Festival y a Mejor Película Inspiracional en el Indo Dubai International Film Festival, con selecciones oficiales en el LA Femme International Film Festival y el LA Fashion Film Festival, además de una proyección especial en el SCAD Savannah Film Festival.
Para Basantes, el peso de ese proyecto está en otro lugar. Fue, dice, la primera vez que sintió que estaba construyendo la identidad visual completa de una película en lugar de piezas sueltas. "Desde el primer título hasta el último crédito había una intención detrás de cada detalle". Y de ahí extrae la lección que hoy define su manera de trabajar: el diseño no siempre necesita llamar la atención para hacer una diferencia; a veces su función es crear una atmósfera y hacer que las personas sientan algo sin darse cuenta de por qué lo están sintiendo.
House of Lanvin y el oficio invisible de la coordinación
No todos los encargos exigen autoría. En el cortometraje documental House of Lanvin —seleccionado en el Chelsea Film Festival, el London Fashion Film Festival y el Fashion Film Festival Chicago, y premiado como Mejor Fashion Film en los TASTE Awards— el papel de Basantes fue deliberadamente distinto. La visión creativa y la dirección artística estuvieron a cargo de Igor Latukhin, y su trabajo consistió en hacer que esa visión pudiera ejecutarse sin fricción.
Fue el puente entre motion graphics, edición y producción: organizó solicitudes, dio seguimiento a cada entrega, mantuvo los gráficos actualizados, canalizó comentarios y se aseguró de que la información estuviera disponible para todos los equipos al mismo tiempo. Para eso construyó un sistema de trabajo en Notion donde vivían timestamps, referencias, versiones, assets, comentarios y enlaces de entrega. Además de coordinar, desarrolló gráficos y animaciones respetando estrictamente el lenguaje visual establecido por Latukhin.
Es, quizá, el aprendizaje menos glamoroso y más útil de su trayectoria. "Entender cuándo tu aporte consiste en proponer una dirección creativa y cuándo consiste en ayudar a ejecutar la visión de otra persona con el mayor cuidado y respeto posible", resume. En producciones de ese nivel, sostiene, las buenas ideas no bastan: hacen falta personas capaces de colaborar, comunicarse y cuidar el detalle para que todo funcione como un solo equipo.
A esa misma familia de proyectos pertenece The Maximalist, el cortometraje documental sobre el diseñador indio Manish Arora, donde Basantes firmó ilustración, diseño de títulos y motion graphics, trasladando a movimiento el exceso cromático y ornamental que define la obra del diseñador.
Fuera de la pantalla de cine
Su relación con el formato cinematográfico no se agota en la postproducción. Desde su incorporación al equipo de Visual Media de SCAD en 2023, Basantes ha trabajado en la producción en vivo del SCAD Savannah Film Festival, colaborando en etapas tardías con los editores de video para entregar reels de homenaje y contenido de apertura: creando gráficos, buscando material de archivo e identificando declaraciones de los homenajeados. Es un trabajo de presión distinta —sin margen de revisión, con la sala llena— que ha complementado con diseño de gráficos para eventos en vivo institucionales, adaptando piezas en tiempo real durante ensayos y pruebas en escenario, pantallas y sistemas de proyección.
En paralelo, ha desarrollado una infraestructura invisible que explica por qué los equipos editoriales la buscan: sistemas escalables de lower thirds, seguimiento de gráficos y protocolos de entrega de assets que redujeron errores y ciclos de revisión en las producciones donde se aplicaron. Poco de eso se ve en pantalla. Todo eso determina si una película llega a tiempo.
A los veintiséis años, con una filmografía breve pero densa en reconocimientos, Basantes representa y es referente de una generación de diseñadores formados en la convergencia: gente que llegó al cine desde el diseño de producto, la fotografía y la interfaz, y que trae consigo una pregunta que el cine documental agradece más de lo que admite. No cómo hacemos que esto se vea bien, sino qué necesita sentir quien está del otro lado.