MIAMI.-Una buena dosis del espíritu rocanrolero, el valor con el que el enfermero maneja las agujas y la sensibilidad del artista plástico dan la receta ideal de un buen tatuador. Así lo define Guillermo Chaviano, quien se dedica a tatuar la piel con el mismo esmero y la pasión que ha plasmado su arte en lienzos.

“Hay que saber dibujar si se quiere llegar a la escala de un tatuaje bien elaborado. Pero hay quien no sabe nada de arte y aprenden a hacer líneas bien limpias como si fueran a máquina, trazan, siguen esas líneas y ponen color”, explicó Chaviano a DIARIO LAS AMÉRICAS.

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El artista cubano, radicado en Miami hace casi dos décadas, encontró el oficio a sugerencia de un colega que constató su talento. Unos 10 años atrás impartía clases de artes plásticas en un hogar de niños huérfanos. Y como contaba con escasos recursos, para continuar esa labor social organizó una exposición, en la que incluyó una de sus pinturas a pedido de sus estudiantes.

“Yo quería más, quería hacer una muestra de arte para recaudar dinero y poder comprar brochas, lienzos, porque estaba pagando todo de mi bolsillo, y eran más de veinte niños. Logré que una galería me hiciera caso, hice la muestra y esa noche llevé una de mis pinturas”, contó el artista, que inició su formación en artes plásticas con apenas 5 años.

Fue entonces que un tatuador admiró su trabajo y le propuso ir a trabajar en una tienda donde vendían prendas para adornar los piercing. Aunque no ganaría mucho, al menos le serviría de experiencia. Y aceptó.

“Soy sociable por naturaleza, me encanta conversar hasta con gente que ni conozco. Esa noche un muchacho peruano me preguntó si una de las obras era mía, y me dijo que tal vez yo podría ser un buen tatuador y que donde él trabajaba necesitaban ayuda. Eso fue todo lo que necesité para entrenar la vista y como buen artista siempre aprendo algo nuevo”, recordó.

La experiencia

Desde entonces ha perfeccionado la técnica y hoy sus trabajos reflejan la calidad y el empeño que definen la filosofía de su shop, Divergent Ink, donde atiende a sus clientes, a quienes procura ofrecer una experiencia relajadora mientras los tatúa.

“Tratamos por todos los medios que el cliente esté cómodo y se vaya satisfecho, porque nosotros garantizamos la parte artística, pero el otro 50 por ciento de la experiencia tiene que ver con sentirse bien atendido y relajado. A veces en la casa o en el trabajo no nos escuchan, pero aquí sí”, indicó.

El tatuador crea una relación con quien éste tatúa similar a la que surge entre un estilista y su cliente. Como las sesiones suelen ser largas, es importante que quien se someta a las incesantes agujas se distraiga.

“Muchos tatuadores trabajan escuchando música, se ponen los headphones (auriculares) y ni miran a la cara. Yo creo que debe haber un vínculo, no se trata solo de poner el brazo, y muchas veces durante la sesión me comentan cosas íntimas. A la mayoría de la gente le da por hablar y es bueno que hablen, porque conversar ayuda a bloquear el dolor. La mente es algo increíble. La música alivia por un rato, pero nos gusta poner películas para acompañar la experiencia”, dijo.

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Guillermo Chaviano utiliza la técnica de acuarela, el efecto de carboncillo, el tridimensional con sombras y el estilo hiperrealista para tatuar la piel.
Guillermo Chaviano utiliza la técnica de acuarela, el efecto de carboncillo, el tridimensional con sombras y el estilo hiperrealista para tatuar la piel.

Sugerencias

En medio de tantas opciones y las nuevas tendencias, también es esencial concebir con antelación la idea de lo que será tatuado.

“Yo soy artista, pero tienen que darme al menos un concepto a partir del cual trabajar, alguna idea, aunque sea primitiva. Qué quieren, algo sencillo como una flor o unos puntos jeroglíficos, o algo más elaborado como unos labios hiperrealistas sonriendo para expresar alegría”, indicó.

“Últimamente nos estamos alejando del tatuaje rudimentario. Yo trabajo el efecto acuarela, el carboncillo. Hoy en día puedo hacer un tatuaje en el brazo, que cuando se seque parece que utilizaste carbón y te pintaste la piel, un efecto artístico que no parece tatuado. También se puede lograr un efecto tridimensional con sombras. Hay tantas opciones, por eso creo que se han vuelto tan populares los tatuajes. Claro, la otra opción es no hacerte el tatuaje”, agregó, entre risas.

En cuanto a cómo ha avanzado la sociedad en relación al prejuicio hacia quienes eligen tatuarse, comentó:

“Todavía existe quien juzga, por ejemplo, los tatuajes en el cuello aún son mal vistos, porque la mafia rusa y la italiana los usaban como códigos. Yo quise tatuarme el cuello, pero mis hijas y mi esposa intervinieron, me pidieron de favor que no lo hiciera. Y acepté no hacerlo, pero sí me hice el pecho completo, el estómago y las costillas, porque aunque esas cosas se deben conversar en pareja, al final, es mi cuerpo”.

Precisamente, en el arte de tatuar encontró inspiración cuando por situaciones de la vida tuvo que trabajar en la construcción y como electricista. Corría el año 2000 y estaba recién llegado de Perú, donde vivió seis años e impartió clases de arte en un prestigioso instituto tras dejar su natal Cuba.

“Yo encontré el tatuaje como una válvula de escape, porque me estaba frustrando en la construcción, incluso, mostré mi arte en una edición de Art Basel y ya la idea de no poder hacer arte me estaba haciendo daño, era como un cáncer”, reveló.

“Cuando llegué trabajé en la construcción por cinco años, me hice electricista, y llegué a ganar muy buen dinero hasta que me cogió un corrientazo, de 4160 voltios, que casi me mata, me voló la punta de adentro de los dedos, aún tengo la cicatriz. Soy demasiado atrevido, no me daba miedo la corriente. De ahí me quedé desempleado y empecé a dar clases a los niños. Dios me puso en el lugar correcto, donde llegó ese muchacho, vio mi trabajo y mi vida cambió”, relató.

Planes futuros

Aunque reconoce que tatuar le ha brindado satisfacción y un buen estilo de vida durante 10 años, contempla la idea de dedicarse a la escultura.

“Me enamoré de la técnica del tatuaje, sobre todo, porque se crea un vínculo con la persona, tu obra de arte va a quedar por siempre en la piel de quien tatúas. Yo tengo cerca de 2000 galerías de arte caminando por el mundo, que son mis clientes y somos como una familia”, expuso.

“Soy escultor y como no tenía el espacio ni dinero para montar un taller de arte, puse toda mi energía en tatuar. En el futuro quiero ser más selectivo en cuanto a las piezas que voy a hacer. Creo que nunca dejaré de tatuar, pero quiero dedicarle tiempo cuando llegue el momento, voy a buscar un warehosue para empezar a soldar con chatarra y hacer esculturas de 50 a 100 pies, que eso es lo que me gusta, estar lleno de mugre de pies a cabeza”, añadió

Quien hoy goza del fruto de su trabajo y una clientela que suele regresar, aun escucha uno que otro comentario que cuestiona su predilección.

“Hay gente que me pregunta si vivo de hacer tatuajes. Todo en la vida a lo que se le ponga el cuerpo, la cabeza, esfuerzo y dedicación, va a florecer”.

Para conocer más sobre el trabajo de Guillermo Chaviano, visite su perfil en Instagram @gchavianotattoo. Divergent Ink está ubicado en 5582 NE 4 Ct., en Miami.

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