BNEI BRAK (ISRAEL).-Vestirse con pudor no tiene por qué estar reñido con ir a la moda ni con ser elegante; ésta es la máxima de algunas mujeres haredim en Israel, judías ultraortodoxas, dispuestas a reinventar su moda por la influencia de internet y de un mundo cada vez más globalizado.

"Las mujeres haredim están hoy más abiertas al resto de la sociedad israelí y al mundo en general, principalmente, por las redes sociales y por su reciente incorporación al mundo laboral", explica la socióloga Sima Zalcberg, especializada en vestimenta y sexualidad en el mundo religioso judío.

"Esto afecta a la moda que siguen, los colores y el maquillaje que usan", agrega la experta, quien destaca el gran peso que la apariencia física juega en una comunidad tan endogámica como la ultraortodoxa, basada en el cumplimento de unos estrictos preceptos religiosos y ritos sociales.

"Las adolescentes tienen alrededor de una hora, en ocasiones menos, para conocer a la persona que puede convertirse en su futuro marido, por lo que su apariencia, que se vean bonitas, es algo muy importante", concluye Zalcberg.

La comunidad haredí (temerosos de Dios, en hebreo) supera en la actualidad el 12% de la sociedad israelí, y constituye uno de los grupos sociales más empobrecidos, debido a que poco más del 30% de los hombres trabajan -ellas lo hacen en un 72%- y suelen tener una prole de entre cinco y siete hijos.

Pese a ello, el potencial financiero de su industria de moda es muy alto, según la fundadora de la única escuela de estilismo para mujeres haredim de Israel, Hani Dobkin, quien señala que siempre existe la necesidad de arreglarse para eventos especiales como las cenas de Sabath -día de descanso para los judíos- o las numerosas bodas.

"La diferencia es que ahora la moda es internacional, estamos expuestas a las redes sociales y nos inspiramos en figuras como Victoria Beckham, Kate Middleton y Melania Trump, que visten bien pero de forma pudorosa", explica a Efe Dobkin en su escuela de diseño en Bnei Brak, urbe en la periferia del sur de Tel Aviv, que inauguró hace tres años y a la que acuden unas 80 mujeres haredim.

Dobkin lleva un vestido verde esmeralda que le cubre hasta las rodillas, y unos zapatos de tacón fucsias que contrastan con la indumentaria de la mayoría de las religiosas que pasean por Bnei Brak, donde todavía priman los colores oscuros y las faldas negras.

"Las reglas de vestimenta establecidas en la Biblia (Pentateuco) son muy claras: cubrirse el cabello, las rodillas, llevar medias y no mostrar escote", recuerda Dobkin, a partir de ahí se abre todo un mundo de posibilidades en el que estas seguidoras de rabinos algo menos conservadores mezclan todo tipo de colores, texturas y tejidos.

"La idea es hacer que las mujeres religiosas se sientan a la moda y elegantes pero sin tener que renunciar a las reglas de pudor", afirma a Efe una de las profesoras de este centro, Miri Beilin, también estilista en una de las sucursales de Bianco Nero, marca internacional para ultraortodoxas.

Además de vestirse con decoro, muchas de ellas una vez casadas se cubren el cabello con una peluca -más corta cuanto más religiosas sean- cuyo precio supera los 1.000 euros si se trata de pelo natural, normalmente importado de países europeos para que sean "khoser".

"Los primeros dos meses me costó mucho trabajo acostumbrarme a la peluca porque de repente me vi rara, ya no me sentía yo, además estaba recién casada, etc. fueron muchos cambios", reconoce a Efe en una tienda de pelucas la mexicana Edith Azerbad, llegada a Israel hace dos años y madre de un bebé de poco más de dos meses.

"La religión no tiene por qué estar peleada con la belleza. Yo creo que es muy importante verse bien", asegura al tiempo que afirma que le gusta ir muy maquillada y que detesta las pelucas cortas. "Yo adapté la religión a quien yo soy, y no al revés", sentencia.

La moda haredim, una burbuja cada vez más porosa a las tendencias globales que imponen plataformas como Instagram y Facebook, florece así a paso lento en las comunidades ultraortodoxas de Israel, en buena medida todavía ancladas estéticamente en el siglo XIX.

"Los sábados salgo a la calle a pasear, no hay coches porque no conducimos en Sabath, y simplemente observo a todas las chicas vestidas de forma hermosa como si fuera una pasarela de moda. ¿Quién necesita París cuando tiene Bnei Brak?", dice jocosa Beilin.

FUENTE: EFE

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