NUEVA YORK.-Las llaman radicales. Son artistas de las artes plásticas que decidieron romper los cánones de la academia y centrar su atención en el lado menos convencional de la imagen estética, tal y como lo fijan los patrones de belleza establecidos.

Son mujeres que trasgredieron los conceptos del arte tradicional y crearon nuevas tendencias durante años que el continente convulsionaba y se producían grandes transformaciones históricas.

Argentina en 1983 restablecía la democracia tras años de dictadura militar; Brasil en 1977 legalizaba el divorcio; Chile, bajo el Gobierno de Salvador Allende, en 1971 creaba la Secretaría de la Mujer; Colombia, en 1977 era sede del Primer Encuentro Continental de la Mujer; en Costa Rica, entre 1981 y 1986 emergieron grupos que defendían agendas políticas al servicio de la mujer; y Cuba en 1965 legalizaba la práctica del aborto.

Por otra parte, en Guatemala, ese mismo año, en 1965, las mujeres ganaban el derecho al voto; en 1975, La Conferencia Mundial por el año Internacional de la Mujer se celebraba en México; en 1967, en Panamá, nombraban a la profesora Otilia Arosemena “Mujer de las Américas”; mientras Paraguay en 1961 reconocía el derecho de las mujeres a ejercer el voto; en 1978 en Perú se fundaba un grupo para reclamar los derechos de la mujer; en 1976 en Puerto Rico se aprobaba un nuevo código civil que garantizaba igualdad de derechos económicos y legales para la mujer; en 1973, la Corte Suprema de EEUU legalizaba el aborto; en Uruguay quedaba legalizado el divorcio en 1978 y en Venezuela, en 1968, se fundaba el Movimiento de Liberación de la Mujer.

En este contexto, el movimiento artístico de las radicales, considerado feminista y transgresor, cobró fuerza entre los años 1960 y 1985, sin embargo no fue hasta ahora, más de tres décadas después, que se realizó una labor de selección representativa del peculiar fenómeno, por iniciativa de The Hammer Museum de Los Angeles, California.

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La muestra, que se podrá visitar hasta el 22 de julio, recoge más de 260 piezas.
La muestra, que se podrá visitar hasta el 22 de julio, recoge más de 260 piezas.

La muestra incluye más de 260 piezas en las que se pueden apreciar la intención y los conceptos desarrollados por estas artistas, en fotografía, video, pintura, impresiones, esculturas y otros recursos experimentales.

The Brooklyn Museum, en Nueva York, es la única sede en la costa Este de EEUU que acogió la exhibición suigéneris, que en estos momentos permanece abierta al público en esa sede hasta el 22 de julio próximo.

Según sus propios organizadores, las exponentes “exploran las prácticas artísticas de mujeres latinoamericanas, consideradas pioneras en este estilo, surgido en un período tumultuoso y transformacional en la historia de Las Américas y el desarrollo del arte contemporáneo”.

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Mónica Mayer, artista mexicana que exhibe su obra como parte de la exposición.
Mónica Mayer, artista mexicana que exhibe su obra como parte de la exposición.

La selección es un compendio de obras de 120 artistas, de 15 diferentes países. Durante una visita realizada por periodistas hispanos al museo, la artista colombiana radicada en Nueva York, Sandra Llano Mejía, quien presenta una de sus obras en la muestra, compartió vivencias y reseñó detalles de lo difícil que ha sido hallar reconocimiento para esta manera diferente de manifestar el arte.

Llano Mejía, por ejemplo, que fue considerada por el Museo de Arte Moderno de Nueva York como una de las pioneras del videoarte en el mundo, aunque es egresada de academia, asegura que siempre la dominó el interés de manifestar el arte presente en la propia vida; en la funcionalidad del cuerpo humano así como de lo que su interior deriva.

Su obra Pulso, que forma parte de la exposición en el Museo de Brooklyn, son los trazos que Llano Mejía consiguió hacer a partir de las pulsaciones de un corazón y las intensidades de la respiración humana.

Esta mujer, nacida en la mitad del siglo XX, considera que el arte que no puedes enmarcar o mostrar a partir de los conceptos tradicionales, explora la relación de los creadores con su entorno y ofrece un universo de posibilidades más diversas para manifestarse.

Junto a la obra de Llano Mejía en la colección que exhibe el Museo de Brooklyn también destacan otras piezas emblemáticas de actrices consideradas entre las más influyentes del siglo XX, como Anna Maria Maiolino, de Brasil; Ana Mendieta, de Cuba; Lygia Pape, de Brasil y Cecilia Vicuña, de Chile.

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