MIAMI.- Tras casi dos décadas alejada de la pantalla chica, ya era hora de que María Conchita Alonso volviera triunfal al medio que considera íntimo, aunque ha sido el cine el que ha acaparado su talento ante las cámaras.

Y finalmente, luego de tanto aguardar la propuesta ideal, la actriz recibió una oferta irrecusable para reconquistar a su público latino, el mismo que ha sabido representar por todo lo alto en Hollywood. Y para su regreso escogió el set de grabaciones de la nueva entrega de una exitosa serie que Telemundo transmite de lunes a viernes en su horario estelar.

La sexta temporada de El Señor de los Cielos marca tu regreso a la televisión, ¿qué te hace volver?

Después de 18 años, creo que lo mejor para regresar a la televisión hispana es hacerlo por medio de una serie como esta que es número uno en el mundo hispano. Como tengo otros proyectos para la TV, era importante que me fueran viendo, ir entrando poco a poco en sus casas otra vez.

Nunca he estado retirada del todo. He hecho películas, aunque no llegan a muchos países. Aquí en México, donde estamos filmando, he estado cantando por los últimos siete años. Pero regreso, más que todo, porque quería estar en los hogares hispanos, lo extrañaba. Y si todas las negociaciones salen bien, empezaré la preproducción de mi bioserie, que es un proyecto que llevó dos años tratando de realizar sin llegar a un acuerdo.

¿Qué te mantuvo alejada tanto tiempo de la televisión hispana?

No me había llegado una buena oferta. Me llegó una que otra, pero bastante malas como para aceptarlas. Y en realidad ahora no tengo que aceptar nada que no me guste. Nunca lo he hecho, trabajo porque me gusta. Creo que en mi vida habré hecho uno o dos trabajos porque me pagaron muy bien, pero no hago las cosas por dinero. Lo más importante es sentirme bien y estar orgullosa de hacer algo porque me gusta.

Esta oportunidad no la busqué, me llegó. En diciembre estuve en Miami para conversar sobre mi bioserie y una de las productoras me preguntó si me interesaba participar en El Señor de los Cielos. No había visto la serie ni sabía quién era Rafael Amaya, pero sí me habían dicho que estaba batiendo récords.

¿En qué te identificas con tu personaje?

Una de las pocas cosas que tenemos en común es el amor por la vida. Ella es una fiscal de Nueva York, a quien envían a México a extraditar al Señor de los Cielos. Irán viendo que no solo va a por Aurelio Casillas, sino a por otros personajes malos y no tan malos como él. Es una mujer cuya vida privada es un poco revoltosa, acaba de enviudar y se quiere desatar sentimentalmente. Pero es muy seria en lo profesional, va a lo que va, y siempre logra su cometido.

El cine te ha acaparado todos estos años, ¿qué es lo que te atrae a ese medio?

Es lo que más me gusta. Primero, uno se ve grande en la pantalla. Para mí, el cine tiene más magia y queda plasmado de por vida. Lo bueno de la televisión es que es muy íntima, se entra en la casa del televidente, uno se convierte como en su familia. El cine es un poco más alejado, más intocable. Aunque yo no soy la diva como muchas lo son, porque me parece algo absurdo y estúpido. Todos somos iguales y merecemos el mismo respeto. Por tanto, no creo en divismos.

Aunque de El Señor de los Cielos es grababa como si estuviéramos haciendo cine. Usamos tres cámaras, ya sea en exteriores, en las calles o en los estudios. Yo empecé a grabar en junio y creo que termino a finales de agosto. Mi personaje hace apariciones especiales. No vengo a ser protagonista, sino como invitada estelar en una producción que lleva cinco años de éxito en la pantalla.

Dirías que ser latina te abrió las puertas de Hollywood, ¿cómo ha sido el camino?

Yo llegué a Hollywood cuando no existían personajes relevantes y de respeto para los latinos. Hoy en día hay bastantes personajes bien escritos para nosotros. Y sí soy consciente de que inicié un cambio y abrí puertas para todos esos hispanos que han llegado después de mí.

Protagonizas la película ¡He matado a mi marido!, que presentaron hace poco en el Festival de Cine Dominicano de Nueva York

Fue una película que amé filmar, porque es al estilo como lo que hacía Pedro Almodóvar en sus comienzos. Es una comedia negra, en castellano con subtítulos en inglés. Conmigo están Eduardo Yáñez y Assumpta Serna, que es una actriz española muy respetada, de mi generación. Además están Alicia Machado, Gaby Espino y Guy Ecker, con quien también trabajo en El Señor de los Cielos, y en la película encarna a mi marido, a quien yo mato.

Yo interpreto a una mujer que cree que tiene un matrimonio maravilloso, mientras que el marido le monta cuernos con cualquiera. Se siente vieja y acabada. No me identifico en nada con ella. Es bastante insegura, homofóbica, racista, se refugia en el alcohol y las pastillas, pero es un personaje muy bueno.

Se te conoce por decir las cosas sin tapujos, ¿quién es María Conchita Alonso?

Siempre he sido muy clara. Creo que cuando uno se muestra tal como es, con virtudes y defectos, vive más tranquilo. Y si hubiera alguien que quisiera hacer daño y sacar a la luz algún secreto, pues no pudiera porque ya uno lo dijo todo. Pienso que la vida hay que vivirla como uno quiera, siempre respetando a los demás.

¿Qué sueños te faltan por realizar?

Unos años atrás hubiera dicho que dirigir, grabar un disco en inglés, aunque he grabado canciones en inglés, tener una isla. Ahora ya eso no es importante. Sí me gustaría lanzar un álbum en inglés y que fuera un éxito, pero no lo necesito para estar feliz. Dejé mi carrera por casi 18 años para dedicarme a salvar a Venezuela del comunismo de los Castro. Abandoné todo y me dediqué exclusivamente a intentar que el país no viviera lo que está viviendo. He cambiado mucho en cuanto a lo que necesito para ser feliz. Soy más feliz que infeliz, pero todos tenemos nuestros altibajos, aunque tengamos un novio o marido e hijos que nos den felicidad.

En estos momentos, lo que quiero es trabajar bastante; no sé cuántos años más, mi corazón dictará hasta cuándo. Mientras me haga feliz, lo seguiré haciendo. Y luego me quiero retirar, aunque no del todo, en un pueblecito donde nadie me conozca, tal vez, en EEUU o en Europa. Pero en algún lugar muy pequeño para pintar durante el día; quizás abrir un barcito y hacer algo por la noche. Y no enterarme de lo que pasa en el mundo, porque lamentablemente estoy siempre muy pendiente de lo que sucede en todas partes y trato de ayudar lo más que pueda.

Saliste muy pequeña de Cuba para Venezuela, ¿qué sientes por la isla que te vio nacer?

Es lógico que me sienta venezolana, porque lo único que conozco de Cuba es lo que mis padres me contaban, las películas que mi papá filmaba de los cumpleaños, en Cienfuegos y Varadero. Pero yo soy lo que soy por Venezuela. En mi casa se comía comida cubana y venezolana, se escuchaba música de ambos países, pero cuando salía estaba en Venezuela. Entonces, lo que siento por Cuba es tristeza, dolor y rabia de que sigan utilizando la maldad en contra de seres inocentes como la mayoría del cubano de a pie. Y porque hayan abierto sus puertas al mundo y borrado el hecho de que Cuba es un régimen dictatorial, totalitario, comunista. Y vino Obama, lo borró y ahora está de moda ir para allá, donde sigue la represión y la falta de respeto. Venezuela está peor, porque Fidel desarmó al pueblo, Chávez armó a los malandros. En Cuba no se comen a los perros o animalitos que no se deben comer, ya en Venezuela se ve eso. Es muy triste.

¿Has pensado aventurarte a la política?

Como activista estoy involucrada y abogo por los animales. No me interesa para nada tener un puesto político, porque en realidad es muy sucia. No quiere decir que no existan políticos que en verdad quieran un cambio, pero a la política le gusta eliminar del camino a quienes quieren hacer el bien. Creo que mi voz es más creíble como activista. A mí lo que me interesa es evitar el sufrimiento humano, porque si la gente es feliz, la energía que se esparza por el mundo es positiva y eso contribuye con la felicidad colectiva.

En 2014, el Gobierno venezolano inició trámites para retirarte la ciudadanía, ¿sigues siendo ciudadana de Venezuela?

No sé ni me interesa. En realidad, ni me he preocupado por averiguar. Ellos pueden hacer lo que les dé la gana con un papel, pero no pueden quitarme el amor ni el orgullo que llevo por dentro.

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