MIAMI.- Cine y videojuegos siempre han tenido una relación compleja por ser diametralmente opuestos. Todo largometraje es una experiencia netamente pasiva para la audiencia; en cambio, los videojuegos demandan por parte del público una actitud activa para que la historia pueda avanzar. A pesar de esto, existe una retroalimentación innegable entre ambos: cada vez tenemos más películas cuyas secuencias de acción parecen sacadas de un videojuego y videojuegos con secuencias cinematográficas que nada tienen que envidiarle a cualquier director de culto. Lastimosamente, la gran mayoría de las adaptaciones de cualquier clásico de consolas a la gran pantalla han sido un fracaso. Muchos realizadores creen que llevar un videojuego al cine es solo tomar una premisa —y desarrollarla como les dé la gana—, incluir un par de personajes —que, muchas veces, no tienen ninguna similitud física o psicológica con el material original—, meter a la fuerza uno que otro easter egg y listo. Por supuesto, siempre existe la excepción a la regla (como el caso de maravillas recientes como Super Mario Bros, Fallout o The Last of Us) y este es precisamente el caso de Mortal Kombat II, la cuarta adaptación del emblemático juego de peleas a la gran pantalla.
Secuela directa de la precuela de 2021 (y reboot de la franquicia que, lastimosamente, tuvo que ir directo a streaming por la pandemia del COVID-19), Mortal Kombat II nos presenta a Kitana (Adeline Rudolph), una princesa guerrera cuya dimensión es esclavizada por el terrible Shao Kahn (Martyn Ford) y que entrena fuertemente para poder, algún día, liberar a su pueblo. En paralelo conocemos a Johnny Cage (Karl Urban), un actor de películas de acción clase B venido a menos y que atraviesa una suerte de crisis existencial. A pesar de lo disímiles que son sus contextos, ambos personajes tienen más en común de lo que creen y sus vidas darán un giro inesperado cuando deban enfrentarse en un torneo de Mortal Kombat organizado por Shao Kahn. Es así como, acompañados por personajes emblemáticos del videojuego como Sonya Blade (Jessica McNamee), Jax Briggs (Mehcad Brooks), Liu Kang (Ludi Lin) y Raiden (Tadanobu Asano), Johnny y Kitana deberán luchar para salvar sus respectivos mundos y enfrentarse a sus principales miedos.
Escrita por Jeremy Slater (guionista de largometrajes como Godzilla X Kong: The New Empire, Fantastic Four y series como The Umbrella Academy y Moon Knight) con la venia Ed Boon y John Tobias (creadores del videojuego), Mortal Kombat II es el largometraje más fiel a la saga que hemos tenido hasta la fecha. Más allá de usar la premisa del torneo —que es el eje central de la franquicia— e incorporar luchadores icónicos nunca antes vistos en la pantalla grande, el guión intenta capturar la esencia del videojuego creando una serie de combates a muerte espectaculares, dedicando algo de tiempo para explorar la historia de fondo de algunos personajes y aderezando todo con muchos easter eggs —que van desde catchphrases, hasta locaciones o referencias al vasto universo de Mortal Kombat. Moviéndose entre la acción clase B, comedia física y autorreferencial, secuencias de pelea imposibles y grandes dosis de gore —que nada tienen que envidiarle a Tarantino—, la película nos deja claro que está pensada para los fans e invita al público en general a que suspenda sus prejuicios y se entregue a la descabellada lógica de los videojuegos.
Dirigida por Simon McQuoid, responsable de la primera entrega, Mortal Kombat II toma todos los elementos que hicieron brillar a su predecesora y los lleva al siguiente nivel confiando ciegamente en su público objetivo. Por ejemplo, las peleas se basan en coreografías que serán reconocibles por los fans y la utilización de “poderes especiales” por parte de los personajes se incorpora de forma orgánica a los combates para resolver y/o escalar conflictos (respetando la lógica interna de la película y del videojuego). Esto crea una suerte de complicidad inconsciente con el espectador, invitándolo a estar constantemente a la expectativa de cuándo determinado personaje utilizará su “famosa” técnica. Lo mismo sucede con la puesta de cámara, la utilización de algunas locaciones o los múltiples Fatalities: todo parece calcado del videojuego sin que se sienta artificial. Al mismo tiempo, McQuoid se toma ciertas licencias con algunos personajes (como Kano, Baraka o Quan Chi) y los utiliza como comic relief haciendo autoreferencias a los elementos paródicos del juego y la película.
En el apartado del cast, las actuaciones obedecen más a la caracterización de los personajes, que a un registro natural (haciendo que todos estén un poco histriónicos). Esto no va en detrimento de la historia, al contrario, hace que sea más sencillo para el público comprar el código narrativo tan particular que la historia ofrece (casi como diciéndole de frente: “¡hey!, no te tomes esto demasiado en serio, ¡disfruta de la experiencia y ya!). A pesar de esto, Adeline Rudolph brilla como Kitana y le da cierto toque de seriedad a la historia, Karl Urban brilla como Johny Cage demostrando su versatilidad para la comedia y, como es de esperarse, la leyenda Hiroyuki Sanada se roba el show con su aparición —dejándonos ávidos de más intervenciones en el futuro. Otro punto que hay que resaltar es el diseño de vestuario de Cappi Ireland (Mortal Kombat, Better Man, Lion) que logra adaptar los uniformes de los personajes a la perfección—haciendo uno que otro cambio— logrando que los actores no parezcan que están haciendo cosplay de sus personajes (uno de los principales males que atañen a las adaptaciones de videojuegos).
Mortal Kombat II no pretende transformar el género o ganarse un Oscar, pero si le da una gran lección a muchos realizadores: el arte de la adaptación yace en tener un profundo amor y respeto por el material original. El resultado es una película divertida, sin mayores pretensiones, hecha por fans para los fans con una sinceridad que se agradece profundamente y que se puede palpar en cada plano. Gracias a que no se toma demasiado en serio a sí misma —y se encarga de que el espectador tampoco lo haga— puede zambullirnos en un mundo surrealista lleno de personajes excéntricos, humor tonto y un tipo de violencia que jamás creímos posible ver en pantalla de forma orgánica dentro de una historia. Esperemos que su éxito en cartelera le dé carta blanca a Simon McQuoid y a su equipo para volver a subir la barra en una futura entrega y que sirva de inspiración a otros realizadores para traer a la pantalla grande esas historias que marcaron a toda una generación con el respeto y amor que merecen.
Lo mejor: su equilibrio entre acción, comedia y gore. Ver en pantalla grande un torneo de Mortal Kombat con todas las de la ley. La incorporación en la trama de los movimientos de pelea de todos los personajes y algunas locaciones icónicas del juego. Los easter eggs.
Lo malo: por ser una película destinada por completo a los fans, es probable que aquellos que no sepan nada de los videojuegos o no hayan visto la precuela se pierdan entre tantos personajes, autorreferencias y el lore de la franquicia.
Sobre el autor
Luis Bond es director, guionista, editor y profesor especializado en cátedras de guión, construcción de personajes, dirección, mitología, arquetipos y lenguaje simbólicos. Desde el 2010 se dedica a la crítica de cine en web, radio y publicaciones impresas. Es Tomatometer-approved critic en Rotten Tomatoes (https://www.rottentomatoes.com/critics/luis-bond/movies ), miembro de LEJA y Florida Film Critics Circle. Su formación en cine se ha complementado con estudios en Psicología Analítica profunda y Simbología.
Twitter (X), Instagram, Threads, TikTok, Substack: @luisbond009
Web: www.luisbond.com