MIAMI.- Con una mirada que trasciende épocas, latitudes y lenguajes artísticos, el Nader Museum acoge una exposición que reúne a 14 figuras relevantes del arte moderno y contemporáneo latinoamericano. La muestra propone un recorrido que parte de la memoria cultural, el mito y el inconsciente para adentrarse en el cuerpo, la geometría, el color, el espacio y el movimiento.
En Masters of the Museum: From Myth to Motion, que se puede visitar hasta finales de noviembre, dialogan obras de artistas como Fernando Botero, Wifredo Lam, Diego Rivera, Rufino Tamayo, Joaquín Torres-García, Carlos Cruz-Diez y Jesús Rafael Soto, entre otros.
Más que ofrecer una visión homogénea del arte de la región, la exposición busca revelar la diversidad de lenguajes y las búsquedas individuales que definieron la trayectoria de estos maestros.
Desde su experiencia como coleccionista y promotor del arte latinoamericano, Gary Nader, curador de esta exposición, propone obras que reflejan contextos históricos y culturales, pero también transforman la manera en que el espectador se relaciona con ellas.
En esta entrevista con DIARIO LAS AMÉRICAS, Gary Nader habla sobre el origen de Masters of the Museum: From Myth to Motion, las conexiones que encontró entre artistas de distintas generaciones y países, el rol de la colección del Nader Museum y la importancia de acercarse al arte latinoamericano más allá de las etiquetas. También menciona algunas de las obras que tienen un significado especial para él y explica por qué, después de tantos años dedicado al coleccionismo, una obra de arte todavía puede sorprender y generar nuevas preguntas.
- ¿Cómo nace la idea de presentar Masters of the Museum: From Myth to Motion y qué buscas transmitir al público con esta exposición?
La idea nace de volver a mirar la colección del Nader Museum y preguntarnos qué ocurre cuando ponemos estas obras en conversación. He dedicado buena parte de mi vida a conocer y reunir el trabajo de estos artistas. Esta exposición permite ver conexiones que van más allá de la época o el país de origen de cada uno. Quiero que el público descubra cómo 14 voces muy distintas ampliaron nuestra manera de representar el mundo y de percibir una obra.
- El título habla de un recorrido “del mito al movimiento”. ¿Qué significa este concepto en el contexto de la muestra?
Es el recorrido conceptual de la exposición, que comienza con artistas que trabajan la memoria cultural, los símbolos, el ritual y el inconsciente. Luego pasa por el cuerpo, el espacio y la geometría, hasta llegar a obras en las que el color y el movimiento dependen de la mirada y de la presencia del espectador. Cada artista abre una posibilidad distinta; el recorrido permite apreciar cómo dialogan esas búsquedas.
- La exposición reúne a artistas de distintas generaciones y países. ¿Qué elemento común permitió reunirlos bajo un mismo concepto?
Su capacidad de construir un lenguaje propio. Rivera y Tamayo, por ejemplo, se relacionan de maneras distintas con la cultura mexicana; Lam y Matta abren otros territorios para la imaginación; Cruz-Diez y Soto cambian la relación entre la obra y quien la mira. Lo que los reúne es esa voluntad de ir más allá de las formas recibidas.
- ¿Por qué considera importante destacar la diversidad de lenguajes y propuestas que existen dentro de este arte?
Porque la expresión “arte latinoamericano” puede servir para ubicar una historia, pero dice muy poco sobre una obra concreta. Estos artistas vivieron en lugares y momentos distintos, tuvieron influencias diversas y respondieron a preguntas propias. Si los vemos como una sola corriente, perdemos lo más interesante: las decisiones individuales con las que cada uno contribuyó al arte moderno y contemporáneo.
-La selección abarca temas como la historia, la memoria cultural y el mito, pero también la geometría, la materia, el espacio psicológico, el color y el movimiento cinético. ¿Cómo dialogan entre sí estos conceptos?
A través de una pregunta que atraviesa la muestra: ¿cómo se transforma la experiencia en una imagen? En algunas obras, esa experiencia toma la forma de una figura, un símbolo o un espacio cargado de memoria. En otras, aparece en una estructura geométrica o en un color que cambia cuando nos movemos. Las respuestas son diferentes, pero las obras se iluminan entre sí cuando las vemos juntas.
- La exposición reúne nombres fundamentales como Fernando Botero, Wifredo Lam, Diego Rivera, Rufino Tamayo, Joaquín Torres-García, Carlos Cruz-Diez y Jesús Rafael Soto. ¿Qué consideras que distingue a estos artistas dentro de la historia del arte moderno y contemporáneo latinoamericano?
Cada uno hizo reconocible una forma nueva de mirar. Rivera dio a la historia y a la vida pública una presencia monumental. Tamayo exploró el color y la figura desde una sensibilidad propia. Lam creó imágenes en las que confluyen tradiciones culturales y espirituales. Torres-García desarrolló una propuesta constructiva que pensó la modernidad desde el sur. Botero convirtió el volumen en un lenguaje inconfundible. Cruz-Diez y Soto hicieron que el color, el espacio y la percepción del espectador fueran parte activa de la obra. Su importancia se entiende mejor al observar lo que cada uno hizo posible.
- La muestra conecta propuestas figurativas, abstractas y cinéticas. ¿Qué revela esa diversidad sobre la evolución artística de América Latina?
Revela que no existe una sola dirección para contar esta historia. La figura siguió siendo fértil mientras otros artistas investigaban la abstracción o llevaban la obra hacia una experiencia física y cambiante. Esos lenguajes convivieron y todavía dialogan. La exposición ofrece la oportunidad de ver esa riqueza en un mismo recorrido.
- Desde tu experiencia como coleccionista y promotor del arte latinoamericano, ¿qué cree que todavía desconoce el público internacional sobre los grandes maestros de la región?
Creo que todavía falta mirar sus obras sin esperar que todas expliquen una identidad regional. Conocer su contexto es esencial, pero también lo es reconocer la ambición de sus investigaciones sobre la forma, el espacio, el color o el cuerpo. No fueron espectadores de lo que ocurría en otros centros artísticos. Participaron en las conversaciones que dieron forma al arte de su tiempo.
- ¿Qué te gustaría que el espectador descubriera o se llevara consigo después de recorrer Masters of the Museum: From Myth to Motion?
Me gustaría que saliera con ganas de mirar de nuevo. Que una obra que creía conocer le plantee una pregunta distinta al verla junto a otra. Y que recuerde al menos un momento en el que su propia presencia cambió lo que veía: al acercarse, alejarse o moverse frente a una pieza.
- ¿Después de tantos años dedicado al arte latinoamericano, ¿qué te sigue sorprendiendo frente a una obra de un gran maestro?
Que una obra conocida todavía pueda resistirse a una lectura definitiva. Puedo haberla visto muchas veces y, al cambiar su contexto o mi manera de acercarme a ella, encontrar una relación nueva entre sus formas y sus ideas. Esa posibilidad de seguir descubriendo es una de las razones por las que continúo haciendo este trabajo.
- ¿Existe alguna pieza de esta exposición que tenga para ti un significado particularmente especial?
Todas son especiales para mí. Cada una forma parte de mi colección privada porque encontré en ella algo que merecía conservarse y compartirse: la fuerza de una idea, la singularidad de una mirada o un momento decisivo en la trayectoria de su artista. Reunirlas en esta exposición me permite volver a verlas en relación unas con otras. Algunas obras que conozco desde hace años me muestran ahora algo distinto, y eso también forma parte de la experiencia de coleccionar.
- ¿Si tuvieras que elegir una sola obra de la muestra para explicarle a alguien qué es el arte latinoamericano, ¿cuál escogerías y por qué?
Escogería La casa de las gemelas Arias, de Fernando Botero. La obra parte de una escena vinculada con sus recuerdos de Medellín: el interior de un burdel, lleno de personajes. Botero la transforma mediante un lenguaje que reconocemos de inmediato. El volumen de las figuras, la manera en que ocupan el espacio y la ironía con que observa las relaciones entre ellas nos invitan a mirar más allá de la anécdota.
También me interesa porque Botero toma una experiencia cercana y la pone en conversación con una larga tradición de la pintura. Esa capacidad de partir de un lugar propio y crear una obra con alcance universal dice mucho sobre su importancia. Elegiría esta pieza para iniciar la conversación sobre el arte latinoamericano; después mostraría las obras de los demás artistas de la exposición, porque cada uno aporta una respuesta diferente.