MIAMI.- Desde el siglo XIX el cubano ha estado diciéndole adiós a su patria. Un exiliado lo fue el compositor Ignacio Cervantes (1847-1905), autor de la memorable pieza para piano Adiós a Cuba, con una fuerte carga de añoranza y dolor.

Con la cadencia de sus notas, de las manos de la pianista Gisela Calero Rosales, comienza el unipersonal Adiós a Cuba, obra del dramaturgo Luis Enrique Valdés Duarte, interpretado y dirigido por Yerandy Basart, en el marco del estilo Microteatro, esa manera breve de brindar pequeños espectáculos. En esta ocasión se rompe el formato de Microteatro, con piezas en 15 minutos, para duplicar el tiempo y ofrecer un programa de media hora, aun así, es insuficiente.

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La vida del compositor Ignacio Cervantes fue realmente sobrecogedora, tras triunfar en Francia, regresa a Cuba, pero queda impactado por la situación en la Isla. Tiempo después es acusado de recaudar fondos para la independencia, por lo que es condenado al destierro junto al violinista José White. Ante la tristeza de volver a dejar Cuba y en condiciones forzosas, compone lo que sería uno de sus temas más tristes, Adiós a Cuba. Años después regresó y tras la independencia falleció en La Habana, en 1905.

A partir de estos episodios en la vida de Cervantes y de su correspondencia con White e Irene Pintó del Carrillo Albornos, esposa de Antonio Carrillo de Albornoz, amigo de José Martí desde la juventud, Luis Enrique Valdés Duarte teje un espectáculo histórico, patriótico y emocional, que Yerandy Basart maneja con destreza en el pequeño espacio teatral del Centro Cultural Español de Miami, utilizando con precisión los recursos escénicos a su alcance.

Apenas un armario con espejo, un sombrero hongo, una maleta, algunas canciones, oportunos efectos de luces y el lenguaje corporal, son los elementos que necesita Yerandy Basart para transmitir la emoción que emana de una pieza esencialmente desgarradora. Adiós a Cuba es una propuesta dirigida a los cubanos, pero por extensión a todo aquel que se ve forzado a dejar su país, por lo que se hace muy emotiva.

Si bien el concepto escénico está muy bien logrado, se resiente la falta de referencias guías, que pongan en contexto para el público en general quiénes son los personajes a los que se alude. Las referencias simbólicas no batan, más cuando en Miami hay un público muy heterogéneo. El mostrar un violín mientras el personaje de Ignacio Cervantes le habla a Pepe, no es suficiente para que se sepa que Pepe es José White, el compositor de La bella cubana, su compañero de infortunios. Quizás el formato del “micro” o del micro-extendido”, como fue este caso, no fue suficiente. Durante la puesta se interpretan varias canciones completas, que roban minutos al tiempo del texto, y que muy bien hubieran ayudado a hacer más viable el conjunto.

Sin embargo es admirable el trabajo de Yerandy Basart, un actor joven, pero con mucha escuela, con sobrado talento y dominio escénico, que le imprime a Adiós a Cuba, la esperanza de un posible regreso.

Adiós a Cuba, funciones los viernes y sábados desde las 8 p.m., en el Centro Cultural Español, 1490 Biscayne Blvd., en Miami. Para boletos visite microtheatermiami.com.

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