MIAMI.-Rosita Fornés quería ser recordada como una mujer que vivió intensamente y que logró realizarse a pesar de no haber hecho todo lo que quiso. Así lo manifestó la gran vedette cubana en el documental Rosita Fornés: Mis tres vidas.

La actriz, bailarina y cantante, quien falleció de enfisema pulmonar, a los 97 años, en Miami, el miércoles 10 de junio, definió su existencia en tres etapas que para ella significaron haber vivido tres vidas, que estuvieron marcadas por el constante amor a su profesión, los lugares por donde anduvo y los romances que a su paso encontró.

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“Soy una mujer que amó mucho su profesión y que logró realizarse bastante en sus tres vidas, aun cuando cree que dejó de hacer muchas cosas. Y en mi vida privada soy una mujer igual que cualquier otra, presumida eso sí”, dijo Fornés en el documental de Luis Orlando Deulofeu (Pinar del Río, Cuba), que vio la luz en 1996.

“Yo he vivido tres vidas, se puede decir también que son tres etapas. Pero no, yo las califico así, de vidas diferentes”.

Nacida en Nueva York el 11 de febrero de 1923, de padres españoles, vivió hasta los dos años en esa ciudad, de donde dijo recordar los paseos por Central Park y alguno que otro regaño de su padre. Llegó a Cuba a temprana edad, vivió en España, México y finalizó sus días en EEUU. Su fibra de artista la hizo convertirse en ciudadana del mundo, pero la inigualable Rosita Fornés nunca dejó de ser y sentirse cubana.

De hecho, el Ministerio de Cultura de la isla informó hoy que los restos de la Vedette de Cuba, como fuera bautizada por el público, descansarán en la isla. El comunicado que difundió la agencia Prensa Latina indicó que se procedería de tal manera “para cumplir su última voluntad”.

“Recuerdo perfectamente el día que llegué a Cuba en el barco, que se paró en la entrada donde está el Morro y no podía entrar a la bahía, porque había un mal tiempo tremendo. Tengo fija esa imagen”, contó Fornés en el documental.

Tres vidas, tres amores

En la pieza, de casi una hora de duración, la diva a quien México y Latinoamérica también hicieron suya, repasó momentos de su carrera que se desarrolló entre el teatro, el cine y la televisión. Su versatilidad y talento la llevaron a México, donde registró su paso más importante por el séptimo arte y recibió el reconocimiento de las estrellas de la época del cine dorado mexicano como María Félix, Jorge Negrete o Luis Aguilar, con quien rodó No me olvides nunca.

Allí también filmó El deseo, Se acabaron las mujeres, La carne manda, Un poquito de tu amor y Cara sucia. También realizó una actuación especial en Piel Canela, con Sarita Montiel.

Su debut en el cine cubano llegó más tarde, en los años 80, con su éxito taquillero Se permuta (1985). También actuó en Plácido, Papeles Secundarios, en el cortometraje Quiéreme y verás y en la comedia Las noches de Constantinopla.

Fue Mario Moreno “Cantinflas”, con quien vivió un romance, quien la impulsó hasta México proponiéndole a su padre que le permitiera viajar para llegar a la pantalla grande.

“Cantinflas le dice a mi padre que me llevara a México a debutar en el cine. Él se fue fijando en mí en los ensayos, me buscaba para conversar conmigo. Y fue naciendo una atracción entre los dos muy bonita. Él quería que yo fuera a México para formalizar allá ese romance. Hasta habló con mi padre porque él estaba casado hacía tiempo y le dijo que estaba separado, porque se estaba divorciando. Yo era muy joven y me enamoré de él de verdad. Fue el primer amor que tuve en serio, romántico, bonito e inesperado”, recordó.

Pero a su padre, quien inicialmente se había opuesto a que continuara en el ambiente artístico, no le inspiraba confianza esa relación. Y regresó a Cuba desilusionada a refugiarse en el trabajo.

“Se fue afectando la relación con Mario, porque mi padre empezó a averiguar y él no se había terminado de divorciar. Él me ofreció el oro y el moro, que tuviera paciencia, que me quedara, que iba a estar muy bien en México, que él estaría siempre a mi lado. Pero mi padre me dijo no veo esto claro, me hizo dejarlo todo y me trajo para Cuba. Eso me entristeció, todas mis ilusiones se vinieron abajo, pero al llegar el trabajo no me faltó”, confesó.

Luego regresó a México y llegó al altar con el actor y comediante Manuel Medel, en una época en la que se sintió acosada por magnates, políticos y ministros. De esa unión de cuatro años nació su hija, Rosa María Medel Palet.

Entre idas y vueltas, al volver a Cuba con su hija, su público siempre la esperaba de brazos abiertos. Esa vez debutó en la televisión con la opereta La casta Susana. Fue así cómo conoció a quien sería su compañero por las próximas décadas.

“Me impactó la presencia de Armando Bianchi, lo simpático que era trabajando. Luego nos eligieron en un programa como Miss y Mr Televisión. Eso nos unió más hasta que surgió el romance y culminó en un una unión perfecta. Así surgió un amor muy bonito que duró 28 años hasta que él falleció. Viví una vida intensa con él, trabajé mucho con él, viajé con él”, narró.

Con una nueva ilusión y un gran bagaje artístico emprendió vuelo hacia España, donde inició su “tercera vida”. Por allá estuvieron juntos dos años y debutaron en Barcelona con la comedia musical Linda misterio. Aun tenía tiempo que cumplir en un contrato que rompió al no poder reencontrarse con su hija. Fue esa la razón que la regresa a Cuba, donde una vez más encontró las puertas abiertas.

Una piedra en el zapato

Pero al regresar de su primera gira, que la llevó por Europa, ya en tiempos de dictadura, algo había cambiado. Intentaron minimizarla señalando que su manera de ser no encajaba en los nuevos parámetros de televisión.

“Le habían cambiado el nombre al programa. Me hicieron sentir en varios momentos, sobre todo, cierto director de televisión me restregó que mi personalidad molestaba, que yo era la imagen de la burguesía. Y cuando pedía cualquier cosa para mejorar el programa, me decía que tenía que meterme en la cabeza que aquí el estrellato se había acabado, que ya no existían las estrellas, al extremo que mi programa, que estaba en primer lugar de rating, me lo cortaron de un día para otro”, relató.

También comenzaron a molestar su look y el público que atraía por su extrovertida y carismática personalidad.

“Me he jactado de que siempre he tenido un público muy heterogéneo. Me han admirado los viejos, los jóvenes, los medios tiempos, los niños, los hombres, las mujeres y los homosexuales. Ese es un público que me ha seguido mucho y al que le he agradecido mucho, porque me ha aportado mucho a través de mi carrera. Ese público para mí es muy importante, porque además tengo grandes amigos entre los homosexuales. Yo salgo a trabajar y me entrego a todo el que me recibe con amor y cariño”, manifestó.

“Tuve que soportar que un día me dijeran que no sabía vestirme modestamente, porque siempre salía vestida de lentejuelas y plumas. Y que era la reina de las locas. Yo dije: ‘Yo puedo salir vestida con un traje de cortar caña y sigo siendo Rosita Fornés’”.

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