miércoles 10  de  julio 2024
CRITICA DE CINE

Thelma: la aventura tragicómica de envejecer

Visualmente, su director logra ponernos en los zapatos de la heroína de la historia y construye una épica basada en la subjetividad

Diario las Américas | LUIS BOND
Por LUIS BOND
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La senectud es algo que nos aterra y dentro de nuestra titánica fantasía de progreso creemos que podemos evitarla. A diferencia de las civilizaciones tradicionales, la modernidad no nos prepara para lidiar con la fragilidad de este proceso natural y nos ha llevado a desconectarnos por completo de esta fase de la vida, invitándonos a poner en un pedestal todo lo nuevo y desvalorizando por completo la voz de la experiencia. Cremas, maquillaje, pelucas, operaciones para estirar la piel, botox, prótesis, sexagenarios bailando en TikTok como adolescentes o usando filtros de Instagram para quitarse décadas de encima, son algunas de las acciones estériles que se han vuelto más comunes contra el paso inexorable de los años. Por supuesto, el cine no es un fenómeno ajeno a esto: el público demanda caras jóvenes y conflictos estimulantes, desplazando muchas veces a leyendas del séptimo arte a un segundo plano. Es por eso que tener un elenco protagónico que pase los 80 años y que explore el tema de las limitaciones de la vejez es una rara avis en el cine moderno… Y ese precisamente el caso de Thelma, la ópera prima de Josh Margolin que Magnolia Pictures nos trae a la cartelera de cine.

Inspirada en un hecho de la vida real, la historia nos presenta a Thelma (June Squibb), una abuela de 94 años que vive sola, se mantiene activa y posee un vínculo muy estrecho con su nieto Daniel (Fred Hechinger) con quien comparte todos los días. Juntos, a pesar de la diferencia de edad, atraviesan un proceso similar: sienten que son una carga para su familia, anhelan independencia y lidian con la angustia del paso implacable del tiempo. Las cosas se complican cuando un día Thelma es víctima de una estafa por teléfono, acción que prende las alarmas de su nieto, su hija Gail (Parker Posey) y su nuero Alan (Clark Gregg) que comienzan a ver esto como un signo de deterioro por su edad avanzada. Como es de esperarse, Thelma no se quedará de brazos cruzados y decide embarcarse en una aventura junto con su amigo —y contemporáneo— Ben (Richard Roundtree) para recuperar los $10.000 que perdió, desenmascarar a los ladrones que la engañaron y demostrarle a todos que sigue más activa que nunca.

Escrita, dirigida y editada por Josh Margolin, Thelma explora con sutileza temas sumamente peliagudos como la vejez, la muerte, el medio a crecer, la vulnerabilidad intrínseca de nuestra condición como seres humanos, las dinámicas familiares —y los complejos que se activan en ellas—, los prejuicios generacionales, la dificultad de adaptarnos a los cambios y muchas cosas más. Tópicos que, lejos de confrontarnos con una cachetada, se desarrollan bajo la estructura de una heist/road movie protagonizada por nonagenarios con carta blanca para hablar y hacer lo que sea bajo la égida del humor (sin por eso desmerecer el subtexto trágico que sostiene gran parte del largometraje). El éxito de esta extraña mezcla reside en la capacidad de su guionista para tomar un conflicto real —una abuelita estafada— y desarrollarlo con todos los tropos de una película de espionaje pero en “miniatura”: como robarse un vehículo especial (un scooter para abuelitos), actuar como fugitivos (de la familia angustiada que los persigue), usar micrófonos para comunicarse con discreción (audífonos bluetooth para la sordera), hackear una computadora (lidiando con los pop-up) e inclusive empuñar un arma. El resultado es una historia auto-consciente y un poco naive que juega con esa idea de cómo mientras vamos envejeciendo volvemos a ser niños frente a los ojos de los demás (desobedientes, sin conciencia de peligro y ávidos de demostrarle a todos nuestra independencia).

Visualmente, su director logra ponernos en los zapatos de la heroína de la historia y construye una épica basada en la subjetividad. Así, atravesar una tienda llena de antigüedades es para Thelma el equivalente a infiltrarse en una guarida plagada de obstáculos que podrían causarle la muerte o manejar un scooter en el medio de un pasillo se vive como una persecución en una autopista a toda velocidad. Apoyándose en el montaje y la manipulación del tiempo —que pasa de la elasticidad y parsimonia de la tercera edad a un ritmo trepidante a lo Misión Imposible—, Margolin logra generar tensión en cosas tan sencillas como hacer la cola de un banco o poner el acento en una caída que se vive como una potencial muerte. Al mismo tiempo, a través de la dirección y el montaje, utiliza el cambio de perspectivas para magnificar pequeños conflictos y, de un momento a otro, hacer zoom out para ponernos en contexto y pasar de un registro a otro. En este proceso, la fotografía de David Bolen (Untold, The Lionheart, Delhi Crime) también juega un papel clave al darle a toda la historia esa luz cálida y textura que nos hace sentir en un “hogar”, aunque estemos en plena aventura yendo de un sitio a otro. Al mismo tiempo, logra pasar a la otra antípoda cuando cae la noche, resaltando la sensación de indefensión de Thelma y Ben mientras se alejan más y más de su zona segura. Otro punto interesante en la subjetividad de cada escena es el juego con la óptica para deformar el espacio (a veces para crear la ilusión de que un lugar es más grande de lo que es o, en otras ocasiones, eliminando la profundidad de campo para hacernos sentir más la sensación de intimidad y aislamiento). Por último, la banda sonora de Nick Chuba (Shogun, The Strangers´ Case) es la que termina de marcar el tono de cada escena, pasando de un género a otro para meternos de lleno en el mood correcto cada vez que cambiamos de perspectiva (componiendo temas que pueden ir con facilidad de la comedia a la acción de un segundo a otro).

Por supuesto, una de las fortalezas innegables de Thelma está en sus actuaciones. June Squibb se roba el show por completo, demostrando que a su edad —y luego de decenas de títulos en su haber— entra por la puerta grande en su rol protagónico. No solo logra con éxito moverse entre múltiples registros disímiles, también hace sus propios stunts —que, dicho sea de paso, a su edad son sumamente exigentes— y mantiene la frescura de la historia en todo momento. A su lado, el icónico Richard Roundtree se aleja por completo de la imagen que tenemos de él como Shaft para encarnar a un viejo sabio que decide acompañar a su mejor amiga a una “última aventura”, pero sin por ello dejar de estar consciente de sus limitaciones —hasta el punto de no saber si podrá superarlas o no, transformándose profundamente durante su viaje. Ambos crean una dupla maravillosa que por momentos recuerda a Don Quijote y Sancho Panza, pero en tono Buddy Cop Movie. En paralelo, Fred Hechinger brilla en todas sus interacciones con June Squibb, haciéndonos sentir que el vínculo que lo une con su abuela es profundamente genuino (y sirviendo como espejo de las angustias que ambos comparten). Parkey Posey y Clark Gregg funcionan perfecto como “adultos responsables” que, muy en el fondo, están aterrorizados cuando las cosas se les salen de control (regalándonos escenas de humor involuntario memorables). Todos conforman una familia que se siente real, cercana y amorosa —algo clave y de lo que depende en gran medida el éxito de la trama. Otra gran sorpresa del cast es ver a Malcolm McDowell en la gran pantalla una vez más, su papel como antagonista —a pesar de su avanzada edad— sigue teniendo esa vibra ominosa que suelen tener su papeles que con solo una mirada nos aterroriza.

Thelma es una película sobre la aventura que es vivir (aceptando los altos y bajos que vienen con el ciclo natural de las cosas). Creando un espejo entre una abuela nonagenaria y su nieto veinteañero nos demuestra que, sin importar la edad que tengamos, todos debemos enfrentarnos a los prejuicios del entorno y a nuestros miedos para poder crecer. Al mismo tiempo, a través de su humor naive y drama ontológico, nos invita a hacer las paces con nuestro pasado, aceptar nuestras limitaciones, enfrentarnos al fracaso y disfrutar de las pequeñas victorias con la alegría de un niño —y el agradecimiento de un anciano— cada día de nuestra vida. Lecciones que deberíamos asumir con la seriedad de un estoico, pero que solemos obviar por el terror que nos causa reflexionar sobre nuestra propia mortalidad y fragilidad como seres humanos. Solo cuando logremos enfrentarnos a estos miedos con la madurez propia de la senectud podremos esbozar una sonrisa perenne como Thelma y ganarnos con creces el verdadero título de héroes de nuestra historia.

Lo mejor: la dupla de June Squibb y Richard Roundtree, son dinamita pura en pantalla. Lo orgánico de la dinámica familiar. La mezcla idónea entre humor y drama al tratar temas tan complejos. Las referencias al cine de acción y espías. Ver a Malcolm McDowell en pantalla.

Lo malo: la subtrama de Daniel con su novia, aunque está siempre presente en un segundo plano y sabemos que es importante para su arco dramático, no termina de desarrollarse ni cerrar de la mejor forma —sobre todo en comparación al arco de Thelma que es perfecto.

Sobre el autor: Luis Bond es director, guionista, editor y profesor. Desde el 2010 se dedica a la crítica de cine en web, radio y publicaciones impresas. Es Tomatometer-approved critic en Rotten Tomatoes (https://www.rottentomatoes.com/critics/luis-bond/movies ). Su formación en cine se ha complementado con estudios en Psicología Analítica profunda y Simbología. Es co-host del podcast Axis Mundi donde profundiza en el análisis fílmico, la literatura, la psicología y los lenguaje simbólicos.

Twitter (X), Instagram, Threads, TikTok: @luisbond009

Web: www.luisbond.com

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