sábado 21  de  febrero 2026
RESEÑA

Treinta años de "Como los peces", el retrato de un país

El álbum coronó una carrera que ya tenía precedentes; se convirtió en uno de los testimonios discográficos más honestos de las últimas tres décadas en Cuba

Por Michel Hernández

La Habana.- Hace 30 años comenzó la forja de un disco que definió a generaciones de cubanos. Carlos Varela iniciaba la grabación de ‘Como los peces’, un álbum que ofreció una salida a una legión de jóvenes en la isla cuando ya, en el horizonte, no veían otra salida.

Eran los años 90 y los cubanos pisaban las arenas movedizas de la historia. Había un músico, sin embargo, que tenía algunas respuestas a la noche que vendría, que comenzaba a replantearse su lugar en el entramado de la sociedad, del país. Lo hacía con la seguridad de que sus preguntas eran las mismas que muy poco tiempo después se iban a hacer también otras generaciones cuando salieran de la edad de la inocencia. Son las mismas que permanecen en la boca del tiempo.

Varela tenía en ese momento la edad que comienza a cumplir su disco, el álbum más redondo de toda su discografía. Entre esas letras yace en toda su dimensión Cuba en sus convulsos y definitivos años 90. Se escuchan las despedidas insalvables, el golpe de las puertas que se cerraban sin retorno y el dolor que nacía desde el mar. Ese cuadro inacabado, inconcluso, éramos los cubanos en esa época, en la que, sin embargo, nuestra humanidad nos hizo permanecer hasta dejar en la vida y el tiempo la última palabra.

Decir lo prohibido

El punto de quiebre ya se había hecho grande y con los años se trasformó en una bestia hambrienta. Varela lo cantaba y sus conciertos eran catárticos. Miles de jóvenes decían lo prohibido arropados en la libertad de la noche como si se sacaran del pecho una piedra gigante. Con la clara certeza de que sus voces, unida a la voz del trovador, serían el mejor testimonio de su tiempo. Y realmente lo fue gracias a un músico que se empeñaba en depurar la anomalía con la terquedad de la belleza.

Con la madurez que presuntamente otorgan los años uno se pregunta qué estado de gracia lo condujo a escribir temas como Pequeños sueños, El niño, los sueños, y el reloj de arena, El leñador sin bosque, Habáname, o Como un ángel.

El cantautor podía haber grabado ese disco y retirarse luego, digamos, a una isla desierta. Podía no haber grabado absolutamente nada más. Ese álbum, con doce canciones, le había entregado las llaves de la posteridad. Las llaves de la memoria de un país al que desmenuzó con la precisión de un cirujano. Lo puso sobre la mesa y poco a poco fue extrayendo sus partes hasta que encontró el significado de las esperanzas rotas y nos contó todo lo que había visto en la mesa del descubrimiento.

El álbum coronó una carrera que ya tenía precedentes prácticamente imposibles de alcanzar. ‘Monedas al aire’ o ‘Jalisco Park’ son fonogramas que todavía hoy al escucharlos sentimos el sonido de la vida hecha jirones. Y ese extravío definitivamente no podía ser superado. Pero llegó ‘Como los peces’ y puso todo de cabeza. Se convirtió en uno de los testimonios discográficos más honestos de las últimas tres décadas en Cuba y de alguna forma avisó sobre la Cuba que podría venir después, sobre las malas repeticiones de la historia.

Todos los temas

No es sencillo seleccionar un tema por encima de otro en este disco. Ni es necesario porque todos son parte del impacto de una misma escena. Pero ‘Foto de familia’ es uno de los retratos más fieles que nos han hecho a los cubanos. Da lo mismo donde estemos y el credo que profesemos. Ahí está Cuba a flor de piel. Está el cuadro de todos sus dolores, esperanzas y contradicciones y nadie pueda girar la mirada ante el cuerpo de un país en brasas.

Pero está ante todo la soledad que cada uno ha aprendido a llevar como puede sobre la espalda, algunos en un viaje de no retorno y otros en ese viaje que hacemos a los orígenes como si lo hiciéramos hacia nuestras esencia.

En el disco intervinieron los músicos Dagoberto Pedraja, José Ramón Mestre, Arián Suárez Bragaña, Fernando Favier, Dayan Abad y se terminó de grabar a inicios de 1995. Fue estrenado en Cuba en ese mismo año en un concierto en el teatro Karl Marx, en La Habana. Allí se escuchó decir a Varela que era un leñador sin bosque, que los muchachos se iban al mar como los peces, que prefería ser olvidado antes que hacerse bufón, que La Habana guarda un tesoro que es difícil olvidar, y que los años van pasando y miramos con dolor como se va derrumbado cada muro de ilusión. Varela cantó eso y cantó más. Y ‘Como los peces’, a partir de esa noche, se transformó en nuestro más fiel retrato.

Varela ha transitado por diferentes etapas de su carrera. Su posición ante la vida y la música han variado lógicamente como la de cualquier artista. En su obra no ha dejado de mostrar lealtad a aquellas canciones, que lo colocaron en la cima de un éxito que se mide, en su caso, porque todavía hoy la belleza y la angustia existencial de esas canciones siguen mirándonos a los ojos. Como los peces.

Las interrogantes de Varela

El cantautor sabe lo valioso que ha sido ese disco para su público y para los cubanos en general. Los jóvenes que escucharon hace 30 años esas canciones por primera vez quizá se las entreguen hoy a sus hijos. Cuba sigue estando ahí y las canciones vuelven para explicar que, en esencia, el país no ha cambiado. Y muchos se han llevado el país con esas canciones en la maleta y ese peso es a veces mayor que el de la propia vida.

Durante los últimos 15 años he entrevistado en varios momentos a Varela. No ha rehusado a ninguna pregunta y a veces en la conversación ha mirado al cielo de Cuba para interrogarse e interrogarnos, que al final no es lo mismo pero es igual.

“En Cuba he estado censurado en varias ocasiones. Me han bloqueado teatros vendidos completamente como el Karl Marx en el año 2000, cuando dejaron a 5 mil personas con sus entradas sin poder pasar de los amplios cordones policiales en la 5ta Avenida, pero nadie nos dijo que el teatro ya estaba completamente lleno de estudiantes uniformados que llegaron en 200 autobuses amarillos”, me dijo en una ocasión sobre el tránsito de sus canciones por la escena cubana.

Y agregó: “¿Por qué? ¿Quién decidió eso? ¿Solo porque mis canciones son incómodas en Cuba? ¿Qué hay verdaderamente detrás de eso? ¿Y cómo se explica entonces que unos años después teníamos vendido un gran teatro en Miami y también me encuentro con otro gran operativo policial afuera del recinto porque había unas treinta personas con carteles que decían VARELA RATA COMUNISTA! mientras una aplanadora aplastaba mis discos. ¿Quién y qué está detrás de todo eso? ¿Por qué nos comportamos así?”.

El artista, que luego publicaría los discos Siete, No es el fin y su más reciente álbum, El Grito mudo, entre otros, tiene sus propias respuestas como las tiene su público y la tendrán los lectores. Hoy lo más importante son esas canciones que permanecen con una actualidad pasmosa, y que nos indagan a fondo desde el cuerpo de la nación. Preguntas que mientras trascurre el tiempo más actualidad cobran. Quizá las interpretemos de maneras diferentes treinta años después, ya sea si estamos fuera de la isla o en la superficie del país.

Cada cual sabrá (o no) qué hacer con las heridas. Varela, por su lado, ha despejado esa incógnita en el verso de la canción “El bostezo de la espera”, que me citó una vez: “Que estés aquí o allá no te hace menos ni más, solo el amor es lo único que queda, el Dios que nos puede salvar”.

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Carlos Varela en entrevista con el periodista Michel Hernández, en La Habana, Cuba.

Carlos Varela en entrevista con el periodista Michel Hernández, en La Habana, Cuba.

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