Especial
@luisfsanchez6

En algún momento se levantará una estatua de Dwyane Wade en la entrada de la AmericanAirlines Arena en Miami, tal como la que tiene Dan Marino en el Hard Rock Stadium.

Será el reconocimiento a la trayectoria de un gran talento deportivo y a un ser humano excepcional, que en estos momentos vive en medio de un cúmulo de emociones la semana final de “su último baile” (#OneLastDance).

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La contribución de Wade, de 37 años, en sus 16 temporadas en la Liga de las Estrellas del Basquetbol, la NBA, supera las estadísticas. Su aporte fue decisivo en la conquista de tres anillos para el Heat de Miami (2006, 2012, 2013); fue designado como el Jugador Más Valioso en las Finales de la NBA; fue nominado 13 veces al Juego de Estrellas de la Liga; y tuvo una participación crucial en la escuadra de Estados Unidos que conquistó el oro en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008. En su carrera profesional iniciada en el 2003, cuando fue escogido por el Heat, jugó más de 1,050 partidos y anotó 23,065 puntos con un promedio de 22 por encuentro*.

Más allá del atleta

Todos esos logros bastan para tenerlo en un pedestal, sin embargo, hay una parte humana en Wade que trasciende los comportamientos tradicionales, especialmente en el más alto nivel profesional, donde los egos son de una voracidad monstruosa.

Wade siempre hizo gala de un desprendimiento inusual y siempre puso el equipo sobre sus pretensiones personales. Nunca tuvo miedo de que la llegada de figuras de la talla de Shaquille O'Neal y LeBron James pudieran hacerle sombra. Todo lo contrario, les abrió el espacio para que ellos pudieran brillar y se beneficiara el equipo.

Shaq venía de ganar tres anillos (2000, 2001, 2002) con los Lakers de Los Ángeles y era una figura mundial. Cuando el gigante de 7.1 pies de estatura llegó al Heat en julio del 2004, Wade virtualmente era el dueño del equipo, pero jamás sintió recelos en compartir su rol en el club con su famoso compañero.

Gracias a esa generosidad, el Heat resultó beneficiado y en el 2006 alcanzó su primer título desde que la franquicia empezó en la NBA en 1988. El gesto de Flash tuvo su premio porque fue elegido como el MVP en las Finales de ese año.

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Marcus Smart (izq.), de los Celtics de Boston, en acción ante Dwyane Wade, de los Heat de Miami, durante un juego de la NBA en el AmericanAirlines Arena de Miami, el 3 de abril de 2019.
Marcus Smart (izq.), de los Celtics de Boston, en acción ante Dwyane Wade, de los Heat de Miami, durante un juego de la NBA en el AmericanAirlines Arena de Miami, el 3 de abril de 2019.

Con LeBron

La experiencia con la llegada de LeBron en el 2010 tuvo matices diferentes, pero el desapego de Wade por el individualismo era el mismo. Incluso renunció a una sustancial cantidad de dinero para que el club pudiera retener y contratar los jugadores que hacía falta sin exceder las reglas salariales de la NBA.

Así el Heat pudo juntar a los Tres Grandes (Wade, LeBron y Chris Bosh) y extender el contrato a Udonis Haslem, quien era una pieza fundamental para apretar en los partidos duros, cuando tenía que salir a relucir la “inteligencia del barrio” para equilibrar los temperamentos.

Ese tipo de gestos de Wade tenían además el efecto de fortalecer la unidad del grupo. Los compañeros se daban cuenta de que tenían un líder dispuesto a sacrificar sus beneficios personales por el bien común, en una reedición del concepto de "uno para todos y todos para uno" de la clásica novela de Alejandro Dumas, Los Tres Mosqueteros.

En una entrevista que hace la revista Sport Illustrated con motivo del retiro del astro, Wade confiesa cómo fue la entrega del simbólico bastón de mando a LeBron, durante las vacaciones que pasaban con sus respectivas familias en Las Bahamas, luego de que habían perdido las Finales de la temporada 2010-11 contra los Mavericks de Dallas, y no quería que se les fuera a quemar el pan en la puerta del horno una vez más.

“Adelante, hermano”, aseguró Wade que le dijo a LeBron. "Sé tú mismo, como lo grande que eres, y nosotros encontraremos la manera de ser grandes al lado tuyo".

Gracias a esa buena química, el Heat consiguió dos títulos consecutivos (2012, 2013) y cayó en las Finales del 2014 contra los Spurs de San Antonio, a quienes habían vencido en la campaña anterior.

Su espíritu

“Dwyane es un ganador”, comentó el entrenador del Heat, Erik Spoelstra, quien era asistente cuando Wade fue seleccionado por la franquicia de Miami en el Draft del 2003. “Ha demostrado a lo largo de su carrera que puede reinventarse muchas veces para ayudar a su equipo, y esa es una de las cosas que lo hacen único y futuro miembro del Salón de la Fama”.

Wade jugó sus primeras 13 temporadas en la NBA con el Heat. En el 2016 pasó a los Bulls de Chicago, el equipo del estado donde nació, y al año siguiente tuvo una breve estancia con los Cavaliers de Cleveland de su amigo LeBron. Luego de 46 partidos, volvió al Heat, su casa, y donde esta semana dará “el último baile” de una carrera que quedará impregnada para siempre en la retina de los aficionados.

*Estas estadísticas no incluyen los últimos cuatro partidos de Dwyane Wade en la temporada regular 2018-19 de la NBA.

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