MIAMI- Las órdenes ejecutivas firmadas por el presidente Joe Biden en enero a favor de las llamadas energías limpias (eléctrica, solar, nuclear y eólica), en busca del desplazamiento del uso de los derivados del petróleo (combustibles fósiles), han creado un “campo de minas” que ya tuvo su primer estallido, mucho antes de lo que vaticinaron expertos.

El ciberataque del 9 de mayo contra una red de oleoductos en Estados Unidos operada por Colonial Pipeline - que transporta cerca del 45% de los combustibles consumidos en la costa Este del país- puso de manifiesto las posibles consecuencias de las medidas adoptadas por la actual administración en su plan energético.

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Más del 90% de la población y la industria estadounidenses dependen del petróleo y el gas diariamente. Los intentos de reducir esa alta dependencia, saliendo de una estremecedora recesión económica, no constituyen medidas acertadas, opinan expertos. Implican una inversión de billones de dólares y un extenso período de cambios.

Ciberataque a red de oleoductos

El mayor operador de oleoductos de productos refinados de EEUU, Colonial Pipeline, envía gasolina y combustible para aviones desde la costa del Golfo de Texas a la populosa costa Este a través de 8.850 kilómetros de tuberías, que abastecen a 50 millones de consumidores.

El presidente Biden ha reiterado desde su último debate durante la campaña electoral que es “hora de actuar”. Su Administración se ha propuesto eliminar la contaminación producida por el uso de combustibles fósiles en el sector energético para el 2035 y de la economía del país en general para el 2050. Nadie podría garantizar que el gobierno que sucederá al actual en cuatro u ocho años de un segundo término tenga el mismo enfoque sobre el tema energético.

El expresidente Donald Trump potenció la industria petrolera estadounidense y en su mandato eliminó la dependencia extranjera del combustible.

Bajo el consenso de analistas, ecologistas y gobiernos, el paso hacia las energías limpias es razonable y hasta poco cuestionable en situaciones normales.

En medio de una pandemia que no termina luego de más de un año, ese empeño se considera totalmente erróneo, no solo por la grandiosa inversión “improductiva” que requiere, sino de la forma planificada y progresiva que necesita su implementación para evitar un caos energético, al tratar de desmantelar una infraestructura perfeccionada durante más de 100 años y que emplea de forma directa e indirecta a unos 14 millones de estadounidenses.

El plan de energía de Joe Biden

Entre las promesas de campaña de Joe Biden se mencionó eliminar la fracturación hidráulica (conocida en inglés como “fracking”), neutralizar la industria del carbón, reducir al máximo las zonas de extracciones de crudo tanto en tierra como en zonas marítimas, eliminar los subsidios federales al petróleo; más regulaciones medioambientales a la industria, entre otras medidas que sintetizan su plan: Transición de los combustibles fósiles a energías renovables. Después de 100 días de gobierno, el presidente Biden ha cumplido con casi todas estas prerrogativas y los resultados son adversos.

¿Es una estrategia acertada? ¿Es el mejor momento? ¿Existen las condiciones favorables para un traspaso rápido del petróleo, gas y carbón hacia las energías eléctrica, solar, nuclear y eólica? Respuestas: No es una estrategia desacertada, pero no es el momento adecuado para este tipo de inversiones en el vórtice de otras prioridades en una recuperación económica.

La Administración de Información Energética de EEUU desglosa la demanda de petróleo en el país de la siguiente forma: Entre el 45% y 50% la gasolina de motor; combustible destilado (20%) y para aviones (9%); materias primas químicas y otros (26%).

Según expertos, no se han creado condiciones suficientes para responder a una transformación que implicaría décadas de reajustes en infraestructura. Las hidroeléctricas y la industria nuclear son una solución, pero entrañan también enormes cifras de inversión a largo plazo.

Industria nuclear, una solución altamente costosa

La alta capacidad energética de la tecnología nuclear es insuperable e incomparable respecto a la energía eólica o solar, por las que apuesta Biden.

Un kilogramo de uranio enriquecido al 4% utilizado en combustible nuclear, al ser completamente gastado, produce la energía equivalente a la que se extrae de aproximadamente 100 toneladas de carbón mineral de alta calidad o de 60 toneladas de petróleo.

El material fisionado [división de núcleos] (uranio-235) no se desgasta completamente del combustible nuclear, por lo que es reutilizable con previa regeneración (a diferencia de cenizas y desechos de combustibles orgánicos).

El uso de centrales nucleares permite evitar la emisión anual de 700 millones de toneladas de dióxido de carbono (CO2) en Europa y de 270 millones toneladas de CO2 en Japón. En Rusia, la energía nuclear elimina la emisión anual de 210 millones de toneladas de gas carbónico. Desventajas: Riesgos de escape radioactivo, gran inversión en estrictas medidas de seguridad y de tecnología, personal altamente calificado; su ubicación conlleva múltiples especificidades; elevados costos de instalación y de procesamiento de desechos radioactivos, entre otras.

Alta dependencia del petróleo

El reciente ataque cibernético a la red de oleoductos demostró la alta dependencia del petróleo y gasolina de casi todos los estados de la Unión. En apenas horas la escasez de combustible se hizo evidente en casi toda la región Este del país.

Los precios de la gasolina se incrementaron aún más de lo que ya habían subido desde enero (+13%). Si se compara con abril del 2020, la cifra asciende al 47% con un promedio nacional antes del ciberataque de 2.89 dólares el galón, según la American Automobile Association (AAA). Ahora el precio promedio se encuentra en 2,98 dólares.

A principios de marzo, el valor regular en California era de 3.68 por galón. Hawai, Washington y Nevada registraban un activo financiero por encima de los $3 por galón.

Después del ataque cibernético, los conductores en Nueva York, por ejemplo, han pagado hasta por encima de los 5 dólares y más el galón, si encuentran estaciones con combustible.

El servicio de monitoreo GasBuddy.com mostró el viernes que 86% de las gasolineras en Washington, D.C., estaban sin combustible, así como más de la mitad en Virginia y 42% en Maryland. Más de 70% de las gasolineras en Carolina del Norte se quedaron sin combustible y más de la mitad en Georgia y Carolina del Sur.

Cerca del 25% de las gasolineras en Carolina del Norte se quedaron sin provisiones al amanecer del 12 de mayo, según GasBuddy, un servicio de viajes y navegación que rastrea los precios y la disponibilidad.

En la Costa Este casi todos los gobernadores declararon el estado de emergencia ante la escasez.

Cerca del 15 por ciento de las estaciones de las 3.880 en Virginia y las 6.369 en Georgia estaban sin combustible el miércoles 12 de mayo, y el 13 por ciento de las gasolineras de Carolina del Sur también estaban desabastecidas, según GasBuddy.

Entre el 1.9% y el 5% de los puestos de combustible en Florida, Maryland, Tennessee y Alabama también tuvieron problemas de suministro.

El operador de la red de oleoductos Colonial Pipeline dijo que restablecería la mayor parte de sus operaciones para el fin de semana, con al menos una parte importante que corre entre Carolina del Norte y Maryland, nuevamente en línea el lunes 17 de mayo.

Programa de la Casa Blanca en marcha

Pese a las críticas y advertencias, la Administración Biden sigue hacia adelante con su plan contra la industria petrolera, del gas y el carbón.

El gobierno de Canadá acaba de interponer una demanda en la Corte Federal de Michigan para detener la orden de la gobernadora demócrata de Michigan, Gretchen Whitmer, de cerrar el oleoducto transfronterizo de la empresa canadiense Enbridge.

"La Línea 5 es una infraestructura vital para Canadá y Estados Unidos", dijo el primer ministro canadiense, Justin Trudeau.

Construido en 1953, el oleoducto transporta diariamente hasta 540.000 barriles de petróleo y gas natural desde el oeste de Canadá hasta Ontario, Quebec y varios estados de EEUU.

Tras su investidura, Biden bloqueó otro importante proyecto petrolero entre EEUU y Canadá, el Keystone XL.

La visión energética de la Administración Biden enfrenta muchos detractores y requiere de grandes fondos federales que no existen para un plan a largo plazo. La propia realidad dicta otros caminos.

lmorales@diariolasamericas.com

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