Es común escuchar que detrás de un buen vino siempre existe una buena historia que contar, o cuando menos, hay una interesante tertulia que desarrollar. Eso es exactamente lo que descubrió DIARIO LAS AMERICAS al dialogar con dos de los fundadores de Vins Claramunt, una pequeña sociedad entre dos hermanos y un amigo, de la cual surgió una iniciativa personal para quienes disfrutan de la excelencia del vino catalán y de la conversación virtuosa.

Las vidas de Xavier Llaguno Mercader y Eric López se cruzaron durante su etapa estudiantil. De aquella primera aproximación surgió una gran amistad, conectada en la pasión que ambos sentían por el vino, así como por la visión de un proyecto común de negocios que los motivó enormemente. “Eric y yo nos conocimos en la escuela”, cuenta Xavier, quien vive en España con su hermano Eduard, y con quien compartía también la ilusión de fomentar algún día las tradiciones vinateras de su comunidad de origen en Cataluña.

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“Vimos que había poca presencia de vinos catalanes en Estados Unidos, y en Miami en particular -continúa Xavier-. Te encontrabas con los Rioja, con los Ribera, con los Albariño y de ahí no salías. Tuvimos la idea de potenciar otras denominaciones de origen, como puede ser la Terra Alta, que es la nuestra, el Priorat, el Penedés, y a partir de ahí empezamos a imaginarlo todo”.

Poda y plantación

Xavier contactó entonces con Eric, quien es nativo de Miami, pero con profundas raíces cubano-españolas, y los tres comenzaron a trabajar en el proyecto Vins Claramunt. “En 2017 hicimos el lanzamiento en Cataluña con el objetivo de poder sondear el impacto entre los clientes -explica Mercader-. Luego en 2018 nos presentamos en la Florida durante el Miami Mega Herf Festival”.

En este punto, Eric destaca que la particularidad que los diferencia como empresa es su asociación directa con el cliente. “Este negocio está dominado por grandes compañías. Tienen mucho dinero, muchos recursos para invertir”, apunta. En cambio, señala que de algún modo han encontrado la forma de enfrentar esta feroz competencia con herramientas y tácticas más individualizadas.

Cuajado y Envero

“Hacemos cosas sencillas, nos adaptamos al cliente, le damos atención personal -indica Eric.- Si se tiene que cambiar un menú, se hace. Les damos sesiones de Cata Técnica, y a la vez conocemos a los clientes de ellos”. Considera que es una metodología muy funcional, porque “nosotros estamos involucrados desde la producción hasta la venta, y eso es algo único, algo que nos identifica”, puntualiza.

Por su parte Xavier enfatiza en el hecho de que este esfuerzo los ha hecho crecer, aumentar los contactos y expandir la cartera de clientes. “A medida que íbamos recibiendo feedback íbamos haciendo modificaciones -argumenta-. Eso te permite que no desembolses tanto dinero al principio, sino que vaya siendo algo gradual. Nos fuimos adaptando según lo que nos pedían”.

Según Xavier, el nombre lo tomaron del linaje del fundador de la Pobla de Claramunt que es donde reside junto a su hermano Eduard. “Con Claramunt lo que quisimos fue dar un homenaje a nuestras raíces, y también a las de Eric que tiene familia en España”, precisa.

Vendimia

En este momento, Vins Claramunt ofrece tres variedades de su producto, dos tinto y un blanco. Específica Eric que el blanco se extrae de la garnacha blanca, que es una uva muy típica de la Terra Alta. “También tenemos la garnacha negra que es un tinto bastante ligero afrutado y dedicado -fundamenta-. Además, tenemos el reserva que es un poco más complejo, tiene más cuerpo, más embellecimiento, o sea, tenemos vinos para todos los gustos”.

Aunque los hermanos Xavier y Eduard viven en España y Eric en Miami, los dos primeros gestionan principalmente los asuntos con la bodega (vendimia, crianza, embotellado, etc.), mientras que en la capital del sol Eric se encarga de la adquisición de proveedores de servicio, la cuestión administrativa, etc., pero, aun así la atención del negocio se complementa constantemente con idas y vueltas entre el sur de la Florida y el viejo continente.

“Nos repartimos un poco todo -aclara Xavier.- Yo soy el que va y viene con más frecuencia, para también dar apoyo comercial aquí en Estados Unidos. Esto un poco nosotros nos lo guisamos, nos lo comemos juntos”, comenta jocosamente.

Fundar y administrar su propio negocio también ha sido una experiencia extraordinaria para estos dos jóvenes millennials que sienten razones de orden individual y motivos de realización personal en lo que hacen.

“Es que nuestra generación prefiere trabajar antes que formar una familia; con nuestros padres fue distinto”, manifiesta Eric y revela que “en este último año he aprendido más en las calles, vendiendo, conociendo gente, que durante los cuatro años que estuve en la universidad”.

Xavier, por su parte, dice que lo que hace “no lo considero como un trabajo; o sea, le dedicamos muchas horas, y sabía que sería complicado. Pero me he sorprendido gratamente de la motivación interna que he tenido”, confiesa con mucha seguridad, y matiza: “Hay momentos agotadores, por la cantidad de horas que permaneces constantemente en lo mismo, pero al final se recompensa”.

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