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MIAMI. - El periodista cubano Yariel Valdés González tiene otro capítulo para escribir sobre lo que ha sido su accidentada historia en territorio estadounidense, luego de que recibiera la “buena noticia” de la aprobación de un asilo político, el pasado 18 de septiembre, pero después de más de 10 días de la decisión de un juez de Inmigración, todavía sigue confinado en el centro de detención Bossier Parish, en Plain Dealing, Louisiana.

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“Estos días han sido de mucha ansiedad, no duermo bien, no tengo hambre, es una incertidumbre total. Veo gente yéndose y es una sensación horrible”, explicó el comunicador de 29 años, quien ingresó a los Estados Unidos el 27 de marzo a través de Calexico West, entre el Valle Imperial de California y Mexicali, México, tras huir de una férrea persecución en su contra por parte del régimen cubano.

Valdés González compareció el miércoles 18 de septiembre ante el juez Timothy Cole, en la misma edificación carcelaria en donde se encuentra bajo custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE), y al día siguiente recibió un documento en el que se le notificaba el resultado favorable, con la salvedad de que el fiscal del caso tiene 30 días para apelar la decisión.

Desde entonces, según el periodista que logró comunicarse con DIARIO LAS AMÉRICAS la tarde del sábado para referirnos la situación que vive en estos momentos, “cuando un oficial viene con papeles en la mano y comienza a decir quiénes se van, me da una especie de taquicardia y hasta me da miedo que pueda pasarme algo por la tensión que siento”.

El comunicador afirmó que no entiende por qué otros cubanos, que incluso ganaron sus asilos y fueron notificados más tarde que él, ya se encuentran en libertad. “No sé si es porque yo he escrito algunas cosas que tal vez molesten a ICE sobre la forma cómo nos tratan en estas cárceles”, se aventuró a opinar el cubano, al referirse a recientes artículos de su autoría publicados por el Washington Blade.

Según dijo, cuatro antiguos compañeros de presidio, todos de origen cubano, hoy se encuentran junto a sus familiares o amigos en diferentes ciudades de los Estados Unidos. “Un muchacho fue a juicio el mismo día que yo y a los pocos días le dijeron que podía irse, lo cual es algo que me alegra por él, pero me lleva a preguntar qué es lo que pasa conmigo”, subrayó.

El cubano reveló que durante el juicio, que se extendió por más de tres horas, el fiscal del proceso le hizo preguntas durante casi una hora y, acorde con sus palabras, “parecía una persona muy fuerte”. Acotó: “El fiscal algunas veces preguntaba y cuando yo estaba explicando algo, no me dejaba terminar”.

Horas después de que el asilo político fue concedido a Valdés González, el periodista declaró al Washington Blade: “Estoy muy feliz y extremadamente agradecido con este país por darme la oportunidad de vivir en total libertad, lejos de la persecución de la que fui víctima en Cuba a causa de mi trabajo como periodista independiente”.

Sin embargo, días más tarde y en vista de que el comunicador continúa en prisión, su abogada Lara Nochomovitz comentó al Centro Knight para el Periodismo en Las Américas que “no es poco común que luego de concedido el asilo no sea liberado inmediatamente”. La misma organización dijo haber contactado a un funcionario de ICE para inquirirlo sobre la detención del periodista, pero “no se obtuvo respuesta”.

Valdés González señaló que confía en que “esta semana me digan que me voy” y anticipó que entre sus planes se encuentra la posibilidad de desplazarse al condado de Miami-Dade, para vivir con unos tíos en el área de Cutler Bay y tratar de conseguir un trabajo en algún medio de comunicación local.

Una odisea

La historia de este comunicador egresado de la Universidad Central Marta Abreu, en Santa Clara, en la central provincia de Villa Clara, está llena de altibajos. “Salí de una cárcel horrible para ahora estar en esta, que me tiene muy deprimido”, afirmó el joven.

Desde niño quiso ser periodista. Ingresó a la universidad y se destacó como un buen estudiante. Se graduó en 2014 y fue enviado a realizar el denominado “servicio social” en el periódico Vanguardia, órgano oficial del Partido Comunista en la provincia de Villa Clara, donde estuvo por dos años.

Como es ya “costumbre” en un país gobernado por una dictadura marxista, la formación del nuevo periodista estuvo enmarcada en el “respeto” y “acatamiento” de las directrices que traza el régimen sobre los medios de comunicación oficiales.

Pero Valdés González no estaba de acuerdo con el “sometimiento”. Por ende, al poco tiempo comenzó a colaborar con medios independientes en internet, lo que le acarreó problemas con sus jefes inmediatos.

“Me decían que no podía estar con esos medios porque son enemigos de la revolución y estaba, según ellos, contribuyendo con la subversión en Cuba”, explicó.

La situación empeoró con el paso del tiempo y se vio obligado a asistir a sucesivas reuniones con los “jefes”. La “presión laboral” se le hizo más severa, a tal punto que recibió una sanción el 23 de agosto de 2016. El castigo infligido por el régimen lo mantuvo un mes sin trabajar y sin cobrar salario. Sin embargo, siguió vinculado con varios medios independientes.

Ese mismo año, a sabiendas de que todo es posible para quienes ejercen el poder en Cuba, fue expulsado del periódico Vanguardia y le pusieron fin a su relación de trabajo con emisoras de radio y televisión. “Me dejaron sin nada”, resumió.

No obstante, abrirse camino en los medios independientes era una determinación que venía aplazando porque sabía, de antemano, que habría inmensos riesgos. Aun así, inició una nueva etapa de su vida profesional en medios como Tremenda Nota, Yucabyte y Cubanet, al que todavía está vinculado. El Washington Blade, el periódico de la comunidad LGBT más antiguo de EEUU, también le abrió las puertas.

De tal suerte, la única opción viable para poner a salvo su vida era escapar de la isla y entonces aprovechó un curso en la Universidad EAFIT, en la ciudad colombiana de Medellín, para dar el paso que tanto había esperado: viajar a Estados Unidos, como en efecto lo hizo en medio de grandes dificultades.

En estos momentos, el cubano espera que el “sueño americano” de vivir en “absoluta libertad”, lejos de las amenazas, la persecución, la violencia y la tortura psicológica a que lo sometió la dictadura cubana por su labor periodística, no se deshaga en Louisiana, un estado que muchos consideran profundamente “antiinmigrante”.

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