MADRID.- @itxudiaz
MADRID.- Dada mi bondad natural, mi generosidad bien conocida por los lectores de esta columna, y mi entrega incondicional a los preceptos que dicta la revolución, voy a hacer un esfuerzo sobrehumano para centrarme durante unos instantes en atender esta desesperada petición de Cabello.
MADRID.- @itxudiaz
Suplica Diosdado Cabello con extraña urgencia que nos metamos con él. “Métanse conmigo, métanse conmigo, pero no se metan con Chávez”. Lo repite cien veces en un video en el que esgrime con desprecio una portada de DIARIO LAS AMÉRICAS que, al parecer, no ha sido del gusto de los señoritos del régimen. “Métanse conmigo”, insiste el presidente de la Asamblea Nacional, como si esto en vez de periodismo fuera una pelea de gallos; como intentando que alguien le preste atención.
Admito que la súplica de Diosdado me llega en mal momento. Me encuentro enfrascado en la noble tarea de prender un cigarro que agoniza y seguir salteando de aros la habitación. En media hora he logrado 73 aros de humo. No es mi récord, pero no está mal. Es una misión de alta concentración. La cara de besugo. La calada profunda. El golpe perfecto de mandíbula. Y contener la respiración. Pero entretanto, de fondo, sigue sonando el “métanse conmigo” de Cabello. Tanto y tan tercamente, que he tenido que acceder. Dada mi bondad natural, mi generosidad bien conocida por los lectores de esta columna, y mi entrega incondicional a los preceptos que dicta la revolución, voy a hacer un esfuerzo sobrehumano para centrarme durante unos instantes en atender esta desesperada petición de Cabello.
La polémica de las últimas semanas no la inició ningún periodista, sino Leamsy Salazar, destacado miembro del equipo de seguridad de Chávez durante 10 años, y luego escolta de Cabello. Tras desertar, el exescolta ha develado asuntos espinosos. Entre otras cosas, ha revelado que Chávez murió varios meses antes de lo que anunció el Gobierno, de modo que el chavismo habría aprovechado el lapso para hacer nombramientos y movimientos estratégicos para mantener su estructura de poder.
Considera Cabello que decir esto es meterse con Chávez. No lo ha entendido bien. Si es cierto lo de Salazar, atañe exclusivamente a los que sucedieron al difunto presidente. Los muertos no acostumbran a conspirar, ni a mover los hilos en la sombra, salvo muy excepcionales intervenciones en forma de pajarito.
A saber. No conozco personalmente al editor de este diario, Nelson Mezerhane. Tampoco he tratado en persona a Cabello. Y sin embargo, hay cosas que sé de ambos. Por ejemplo: nadie me ha pedido el carnet ideológico para escribir en DIARIO LAS AMÉRICAS. Nadie me ha tocado ni una letra, ni cuando me he posicionado a favor del periódico, ni cuando he estado en contra. Llevo decenas y decenas de columnas, y todas ellas en libertad.
Libertad. Libertad. Libertad. Libertad. Lo escribo varias veces porque me consta que cada vez que suena, hay un chavista que sale corriendo muerto de miedo, como si lo amenazaran con unas elecciones democráticas. Al fin, sólo mantengo una certeza sobre todo este asunto: esta libertad que me ofrece cada semana DIARIO LAS AMÉRICAS es la misma que, si estuviera en su mano, me negaría el señor Cabello. Como a Leopoldo. Igual que a Leopoldo. Suelten a Leopoldo. Suéltenlo. Y después, ya si quieren, siguen impartiendo sus magistrales lecciones de moral.
