Las conversaciones bilaterales y posterior reanudación de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos encontró movidos a muchos, no solo dentro de los países interesados: en México se desayunaron con la prensa.
“Cuba es asunto de política interna para Mexico; nos sirve como comodín para presionar a Estados Unidos y eso es muy importante para mantener esa difícil vecindad”. Eso sucedió gobierno tras gobierno hasta el de Vicente Fox
Las conversaciones bilaterales y posterior reanudación de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos encontró movidos a muchos, no solo dentro de los países interesados: en México se desayunaron con la prensa.
Por años Cuba necesitó intermediarios, canales rojos entre los dos países para mantener comunicación sobre temas bilaterales que la interrupción de relaciones en enero de 1961 había dejado con una extensa coma. México fue uno de ellos. Y tal vez el más importante. No lo hizo solo por ser el único país de Latinoamérica que no rompió relaciones con Cuba tras el llamado de la OEA, sino porque descubrió pronto que había encontrado un excelente botón de pánico para sus difíciles relaciones con el vecino del norte.
Desde la época en que se gestó la revolución cubana el grupo dirigente seleccionó México para organizarla. Rompió con una tradición política que tenía a los Estados Unidos como punto de organización de las guerras anteriores. Por supuesto, los tiempos habían cambiado y los intereses también: el régimen de Batista contaba con amplio respaldo de los Estados Unidos, lo cual hacía imposible seguir los caminos tradicionales.
No obstante, no fue fácil para el grupo que desde el país azteca debía organizar un ejército. Y allí surgieron las primeras dificultades y los primeros aliados. Fue investigado y apresado por el entonces capitán Fernando Gutiérrez Barrios, luego jefe de la inteligencia, poderoso Secretario de Gobernación de Carlos Salinas de Gortari y hombre presidenciable.
En 1991 conocí a una reportera del Excélsior que pretendía entrevistar a Fidel Castro, previo a una anunciada caída del régimen. En la semana que compartimos me dijo que traía una carta de Gutiérrez Barrios, me contó de las memorias del político mexicano y la fascinación de la clase poderosa del Partido Revolucionario Institucional por la revolución cubana, vista por la mayoría de ellos como una continuidad de su propio proceso.
Pero me dijo una frase que desde aquel día solo he podido comprobar: “Cuba es asunto de política interna para Mexico; nos sirve como comodín para presionar a Estados Unidos y eso es muy importante para mantener esa difícil vecindad”. Eso sucedió gobierno tras gobierno hasta el de Vicente Fox. Pero ya con Miguel de la Madrid las cosas fueron de otro modo. La creación del Grupo Contadora era un cambio de actitud mexicana hacia los procesos guerrilleros de Centroamérica, y eso no coincidía con la política de la Habana.
Sin embargo, Fidel Castro las catalogó como excelentes en una entrevista en 1985 con el director de Excélsior. Luego Salinas de Gortari fue imprescindible en la primera apertura económica (derivada del derrumbe del campo socialista y la crisis interminable que los cubanos conocemos como período especial). Fueron las empresas mexicanas las encargadas fundamentalmente de sustituir las grandes inversiones y los suministros al mercado cubano abandonado a sus suerte por el extinto Consejo de Ayuda Mutua Economica.
Sin embargo, el espectáculo de Fox (el clásico y risible “Comes y te vas”) durante la visita de Fidel Castro a la Cumbre Extraordinaria de la Américas en 2004 abrió un abismo diplomático que sacó definitivamente a México como interlocutor importante en el diferendo cubano-americano. También perdió importancia en las transformaciones económicas que se desarrollan en Cuba, y le abrió el espacio a Brasil y otros países muy lejanos geográficamente.
La vecindad con los Estados Unidos sigue siendo un problema para la diplomacia mexicana. John M. Eckermann lo dibujó en su columna de La Jornada: “El gobierno de Estados Unidos busca aprovechar la enorme crisis de legitimidad del gobierno federal para infiltrar y controlar aún más a las instituciones de seguridad mexicanas. Pero ello solamente agravaría la situación, ya que a las agencias de seguridad estadounidenses nos les importa un ápice la paz y la justicia en México. Su único objetivo es administrar la violencia para garantizar que se mantenga al sur del río Bravo”.
Felipe Calderón trató de recuperar el espacio perdido y la llegada nuevamente del PRI al poder hizo que las relaciones tomaran otro aire. La visita de Enrique Peña Nieto y las muchas delegaciones que llegan a La Habana hablan de una alineación de estas fichas que hace más de una década están sueltas en el tablero de la geopolítica regional.
Por tanto, no es nada raro encontrar declaraciones como las hechas en Chile por el canciller José Antonio Meade anunciando una interesante Agenda trilateral a partir del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos. Un grito desde el laberinto en que se metieron, y tal vez una oportunidad de no quedar atrás en una relación que podría dar al traste con el modo de relacionarse en la región.
¡¡Hasta Maduro se ha dado cuenta de eso!!
