domingo 7  de  junio 2026
PARTE II

Acoso a abogados recrudece la nueva cara de la extorsión migratoria

Estructuras criminales que operan desde el extranjero ya no se conforman con cobrar honorarios fraudulentos; ahora retienen documentos originales y hostigan a los abogados cuyas identidades suplantan

Por Daniel Castropé

MIAMI.- Redes criminales internacionales y estafadores locales ejecutan en Florida y en el resto de Estados Unidos una fase más agresiva de extorsión migratoria que ya no se limita al cobro de honorarios inexistentes, sino que avanza hacia el secuestro de documentos originales, el chantaje sistemático y el acoso cibernético contra los propios abogados de inmigración cuyas identidades suplantan.

El esquema, sostenido sobre la suplantación de juristas en redes sociales, el telefraude con sellos federales falsificados y la retención de pasaportes y actas como palanca de extorsión, prospera por las limitaciones jurisdiccionales del sistema judicial estadounidense frente a delitos informáticos orquestados desde el extranjero, la alegada pasividad de las plataformas tecnológicas y el miedo a la deportación que silencia a las víctimas indocumentadas.

Tras una primera entrega en la que DIARIO LAS AMÉRICAS documentó cómo estas redes clonaron la identidad de abogados de Miami para estafar a inmigrantes con falsas residencias de mil dólares, esta segunda parte de la investigación revela que el fenómeno mutó hacia un modelo de coerción que combina el robo financiero con el asedio psicológico.

La modalidad ya no termina con la desaparición del estafador tras el primer pago: en su forma más reciente, el criminal toma el control de la documentación y la identidad digital del afectado para exprimirlo durante meses.

Muro transnacional

El impacto de este fraude desborda las fronteras del sur de Florida y enfrenta a las agencias de inteligencia a un volumen de delitos informáticos que supera su capacidad de respuesta.

Nelson Barbosa, exagente del Buró Federal de Investigaciones (FBI) con amplia trayectoria en operaciones de seguridad, advirtió a este rotativo que la crisis golpea a comunidades vulnerables en todo el territorio nacional bajo una mecánica simple pero devastadora para el patrimonio familiar: los perpetradores imitan con precisión a despachos legales legítimos con el único fin de asegurar un primer desembolso.

"Este fraude ocurre con excesiva frecuencia, no solo en Florida, sino a nivel nacional. Los delincuentes comunican a la víctima la supuesta necesidad de un pago inicial para abrir el caso ante los tribunales. Al momento de recibir el dinero, el negocio concluye de inmediato. No existe ningún servicio posterior, simplemente pueden desaparecer", explicó Barbosa.

El exagente federal señaló que el obstáculo central para desmantelar estas estructuras reside en la ubicación física de los operadores. Buena parte de ellos actúa desde naciones lejanas, fuera del alcance legal de las fuerzas de seguridad estadounidenses, una distancia que les garantiza un blindaje casi absoluto frente a cualquier orden de arresto o extradición.

"Resulta extremadamente difícil completar una investigación cuando la persona afectada notifica el fraude desde una ciudad estadounidense, como Miami, pero el delincuente ejecuta la estafa desde algún lugar remoto del mundo con tan solo una conexión a internet. Los ciudadanos deben asumir de forma ineludible la defensa de su propia seguridad financiera", enfatizó.

Por esa razón, Barbosa recomendó a la población un escepticismo total frente a las ofertas de servicios legales por internet y la corroboración de la autenticidad de las oficinas antes de cualquier pago, una alerta que coincide con la formulada por los abogados consultados en la primera entrega de esta serie.

Nelson Barbosa exFBI
Nelson Barbosa, exagente del FBI.

Nelson Barbosa, exagente del FBI.

Abogado perseguido

El daño de esta industria ilícita no recae solo sobre los inmigrantes. Los abogados, que históricamente fungen como protectores legales, se han convertido en blancos directos de hostigamiento digital, ataques a la reputación y amenazas personales.

La jurista de inmigración Kristi Figueroa-Contreras aseguró haber experimentado esa persecución en carne propia y expuso ante DLA la indefensión de los profesionales del derecho frente a un asedio que, a su juicio, las leyes actuales apenas alcanzan a contener.

Figueroa-Contreras reveló que, además de los habituales casos de suplantación, ella y su equipo padecieron ataques sistemáticos de individuos con los que habían tenido trato profesional previo. La respuesta de las autoridades locales dejó al descubierto un vacío legal y procedimental.

"Yo padecí un acoso cibernético severo por parte de personas con las que tuve trato profesional previo. Resultó una situación muy compleja de manejar. Acudí a las autoridades policiales para interponer las denuncias pertinentes, pero los oficiales no lograron ejecutar ninguna acción concreta para detener el ataque", relató la jurista, quien atribuyó la procedencia de los ataques a Brasil.

La abogada detalló que la policía carece de herramientas efectivas para intervenir en altercados cibernéticos a menos que exista una amenaza de violencia física inminente. Fuera de ese supuesto, el profesional queda reducido a la vía civil, un terreno casi inútil frente a agresores que se ocultan en el anonimato.

"Si el asedio alcanza niveles extremos, quizás la policía muestre alguna disposición para intervenir. De lo contrario, el profesional solo cuenta con recursos civiles, como tramitar una demanda. Sin embargo, resulta sumamente complicado ejercer control legal sobre personas que se ocultan bajo el anonimato detrás de una pantalla", concluyó. En su caso, la amenaza solo cedió con el paso de los meses, ante la falta de respuesta a las provocaciones.

Secuestro de documentos

Mientras los juristas enfrentan y denuncian la ausencia de protección frente al acoso, los inmigrantes indocumentados padecen tácticas de extorsión cada vez más coercitivas.

La Coalición de Inmigrantes de Florida (FLIC) afirmó que monitorea la transformación de estos delitos y alertó sobre la radicalización de los métodos criminales.

Un paralegal de un reconocido bufete de Miami, que solicitó estricto anonimato, describió a este medio la gravedad de la nueva fase, en línea con lo documentado por esa organización.

"Estamos viendo un patrón perverso de secuestro documental. Los criminales ya no se conforman con el cobro de honorarios falsos. Ahora estas redes captan a sus víctimas y exigen la entrega de documentos originales o la creación de cuentas de correo electrónico bajo el control absoluto de los estafadores", aseveró.

Con los pasaportes, las actas de nacimiento y los números de identificación en su poder, los suplantadores interceptan las comunicaciones oficiales, inhabilitan el acceso de las víctimas a sus propios expedientes e inician una fase de chantaje puro: reclaman sumas exorbitantes a cambio de devolver la documentación retenida. El terror a una deportación segura paraliza a los afectados, que ceden sin resistencia.

"El miedo a represalias gubernamentales actúa como el silenciador perfecto del crimen", resumió la misma fuente.

De forma paralela, organizaciones de protección al inmigrante advirtieron sobre el crecimiento del telefraude, una técnica que suplanta directamente a entidades gubernamentales mediante mensajes con sellos idénticos a los del Servicio de Ciudadanía e Inmigración (USCIS) para exigir el pago de multas inexistentes bajo amenaza de arrestos inminentes.

Legislación

La respuesta institucional avanza, aunque a un ritmo que las organizaciones consideran insuficiente. Florida ya cuenta desde el 1 de julio de 2025 con la ley HB 915, firmada por el gobernador Ron DeSantis, que prohíbe a los notarios sin licencia de abogado anunciar u ofrecer servicios legales de inmigración, veta el uso de términos engañosos como notario público o consultor de inmigración en la publicidad, obliga a colocar avisos visibles que aclaren la falta de autorización legal y habilita a las víctimas a reclamar daños por la vía civil.

La norma, aprobada con respaldo bipartidista, apunta a la modalidad histórica del fraude notarial que explota la confusión cultural de quienes provienen de países donde el notario sí ejerce funciones jurídicas.

La FLIC, que celebró aquella ley como un paso en la dirección correcta, promueve ahora nuevas iniciativas en el Congreso estatal para tipificar con mayor severidad el fraude migratorio y la retención ilegal de documentos, conductas que la legislación vigente no aborda de manera frontal.

Entretanto, activistas reclamaron penas de cárcel inflexibles para los estafadores locales y la creación de unidades especializadas en delitos cibernéticos contra poblaciones vulnerables, en un escenario donde la persecución de los operadores radicados en el exterior continúa fuera del alcance del Estado.

Prevención, buen escudo

Frente a la sofisticación de los engaños y la casi imposible recuperación del dinero perdido, los exagentes federales, los abogados litigantes y las organizaciones civiles coinciden en que la prevención constituye la única defensa fiable.

La primera regla es la auditoría presencial: la comunidad debe descartar de plano cualquier relación con asesores que se nieguen a un encuentro físico y, en caso de residir en otra ciudad, exigir una videollamada formal que permita comprobar la identidad del jurista y su entorno profesional.

A ello se suma el rechazo absoluto a los métodos de pago informales, ya que las firmas legítimas operan con cuentas bancarias comerciales, emiten facturas detalladas y nunca reclaman transferencias por aplicaciones móviles ni la compra de tarjetas de regalo.

La protección de la identidad documental resulta igualmente decisiva. Los procesos migratorios iniciales no requieren la entrega de originales, de modo que el solicitante debe ceder solo copias y conservar el control de sus pasaportes, visas y actas, así como la gestión directa de las cuentas de correo destinadas a recibir notificaciones oficiales, sin ceder contraseñas a terceros.

La verificación independiente de credenciales en el portal del Colegio de Abogados del estado correspondiente permite confirmar la licencia activa y el historial disciplinario del profesional, mientras que la certeza de que USCIS jamás solicita pagos telefónicos ni emite amenazas de deportación por mensajes de texto desarma de raíz el telefraude.

Ante cualquier extorsión, los especialistas aconsejan acudir a organizaciones civiles reconocidas, capaces de canalizar las denuncias de forma confidencial y sin exponer el estatus migratorio del afectado.

La conclusión que dejan las dos entregas de esta investigación es consistente: mientras las plataformas digitales no eliminen las cuentas fraudulentas y las autoridades no logren disipar el miedo que silencia a la comunidad indocumentada, el laberinto migratorio seguirá ofreciendo terreno fértil a la extorsión.

A los inmigrantes que hoy buscan regularizar su situación, los expertos consultados les piden no actuar desde la urgencia ni desde el miedo, verificar siempre antes de pagar y exigir ver, cara a cara, a quien dice representarlos.

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