Dadilia Garcés, nacida en el departamento del Chocó, una de las zonas más deprimidas en la nación colombiana, es hija de un ingeniero metalúrgico oriundo de esa región y de una maestra de Geografía, natural de La Guajira, que muy jóvenes se conocieron en Bogotá.

Como muchas familias en Sudamérica, principalmente colombianas, los Garcés se radicaron en Venezuela, en la hospitalaria ciudad de Maracaibo, en busca de un mejor futuro. Dadilia tenía siete años, y Gloria, su única hermana, 12.

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Nunca jugó a ser doctora con estetoscopios o termómetros. Sus entretenciones de niña giraban alrededor de pelotas o carritos. Los animalitos también eran su gran pasión. Si encontraba alguno herido, lo llevaba a casa para curarlo. Quería ser veterinaria o ingeniera, como su padre.

“En la parte académica era muy aplicada. Era tímida en lo personal, nunca pensé en carreras como periodismo, me daba terror. En algún momento, pensé en la ingeniería como mi papá o ser piloto”, recordó.

También le gustaban las artes, pero tenía claro que ese oficio, en algunos casos, no permite un sustento digno. “Entonces, mis padres no me apoyaron en ese sentido, pero sí cuando entré a estudiar medicina”, señaló.

Formación profesional

Ingresó a la Universidad del Zulia, en Maracaibo. Su familia era de clase media y no podía darse el lujo de pagar por sus estudios en un centro universitario privado.

Asimismo, estudió un postgrado en Educación Especial en el Colegio Universitario Monseñor de Talavera, otro en Seguridad y Protección Industrial y una maestría en Salud Pública con énfasis en Epidemiología, también en la Universidad del Zulia.

La educación estaba presente en su vida a través de su madre, de su padre que era profesor en el área de Ingeniera en la Universidad del Zulia y de su hermana, psicóloga, que años más tarde se jubilaría como profesora de la Universidad Rafael María Baralt.

Una gran decisión

Cuando se dio el cambio político en Venezuela, que pasó de una democracia a una dictadura de la mano del coronel Hugo Chávez Frías, la ya entonces doctora Garcés trabajaba en el centro ambulatorio del barrio Los Robles, en Maracaibo.

Contrariada, la joven médica observaba cómo una ideología siniestra estaba acabando con todo lo que había logrado en el país.

“Me llegaron a amenazar. Me hacían preguntas como si llega una persona de un partido y llega otra de otro partido, a quién atendía primero. Yo les respondía que a quien lo necesite, al de más urgencia, y eso me creo problemas serios”, rememoró Garcés, para quien su “criterio clínico tenía que prevalecer”.

Tenía 30 años por aquellos días. Habló con sus padres cuando obtuvo el diploma de máster en Salud Pública, consciente de que ese trabajo solo puede ejercerse con los gobiernos. “No se puede trabajar de manera independiente a menos que sea investigación y en nuestros países no hay mucho espacio para eso”, dilucidó.

Decidió marcharse del país. Fue una decisión muy difícil. Dejaba atrás a sus padres y a su hermana. Sin embargo, tenía que alejarse del régimen que comenzaba a instalarse en Venezuela, con intenciones de perpetuarse en el Palacio de Miraflores.

Se marchó a Inglaterra a aprender inglés durante un año. Estando allí consiguió trabajo en Naciones Unidas, y fue enviada a Trinidad y Tobago como médico epidemiólogo a nivel regional y luego a nivel nacional.

Del Reino Unido saltó a Canadá. Se enamoró, tres meses en ese país, pero “las cosas no funcionaron y llegué sin dinero y sin nada a Miami”. Corría el año 2006, había renunciado a la ONU y trataba de comenzar una nueva vida en la Capital del Sol.

En camino a lo suyo

Unos “grandes amigos” la acogieron en su casa como niñera de dos gemelas. Había llegado con visa de turista. “En ese tiempo conocí a alguien, me casé y eso me permitió regularizarme”, dijo.

Estuvo trabajando con esa familia por ocho años. Ama a las dos niñas que cuidó con mucho esmero, a tal punto que aún conserva las fotografías de ambas en su oficina y no pierde el contacto con ellas, ya hoy convertidas en dos adolescentes.

Había ahorrado para comprarse su primera casa. Se fue a trabajar con una compañía de cuidado de pacientes desde Homestead hasta Cayo Hueso. En ese trabajo estuvo por espacio de dos años.

Las puertas se le abrieron en Miami Dade College. Consiguió un trabajo de medio tiempo en la Escuela de Negocios como consejera. Después alcanzó el puesto de gerente de laboratorio.

“Luego permitieron por primera vez que personas que no tuvieran la licencia de médico asociado aplicaran como profesores, y lo hice y quedé por tener conocimiento médico y todo lo que había aprendido en la parte administrativa en el college”, comentó.

Completa siete años como docente de Medicina Comunitaria, Salud Pública, Proyecto de Investigación hacia la Comunidad y por estos días comienza a dictar clases de Psiquiatría. Además, presta su colaboración en el área de diagnóstico físico y en habilidades quirúrgicas.

Reconocimiento

La doctora Dadilia Garcés es uno de tantos héroes anónimos que trabajan con denuedo por una meta. La suya ha sido brindarles asistencia a centenares de inmigrantes que trabajan en labores agrícolas en Homestead, a través del programa Project SEED, que nació hace ocho años.

En medio de la pandemia, Garcés y su equipo elaboraron mascarillas para repartirlas entre esa comunidad, cuando estaban escasas en farmacias y supermercados. Más tarde, llevaron kits con mascarillas, gel para manos, protectores faciales y otros elementos.

Su misión loable le mereció una proclama del Condado Miami-Dade, “por ser una de las voces más activas en los medios para tratar de que los trabajadores agrícolas sean vacunados”. El Mexican American Council también la escogió como “Héroe Viviente 2021”.

Mientras tanto, sigue buscando alianzas con centros hospitalarios para dar atención gratuita o a bajo costo a quienes a diario siembran la tierra en el sector de Homestead, como en el fondo quisiera para los miles de venezolanos que mueren en las puertas de las clínicas por la pobreza en la que está sumida la nación que un día la recibió con los brazos abiertos.

dcastrope@diariolasamericas.com
@danielcastrope

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