lunes 22  de  julio 2024
ESPERANZA

"Los de dentro y los de fuera, estamos tratando de sembrar la casa Cuba"

Para el padre Juan Lázaro Vélez González, las generaciones que hemos vivido la herida antropológica ocasionada por la dictadura, tenemos que sanar educándonos en civismo

Diario las Américas | GRETHEL DELGADO
Por GRETHEL DELGADO
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MIAMI.- “Dios siempre acompaña a su pueblo, en todos los momentos, incluso en los más difíciles”, afirmó el padre Juan Lázaro Vélez González, quien hace tres años debió salir de Cuba, como tantos otros. Ahora, en Miami, donde es Vicario Parroquial de la Parroquia Católica St. Timothy, se suma a esas voces del exilio que buscan la libertad de la isla.

‘Pacheco’, como le llamaban cariñosamente en Cuba en referencia al excelente pelotero santiaguero Antonio Pacheco, nació en La Palma, antes llamada Consolación del Norte, en Pinar del Río, y desde niño solía ir con su abuela a la iglesia.

Encuentro con la vocación religiosa

“Como en todos los pueblitos de campo, lo más interesante era la iglesia o el deporte callejero, como decíamos en Pinar. Con el pasar del tiempo, en las catequesis, con los amigos del barrio, íbamos a la iglesia. A las tres de la tarde la catequesis y a las cuatro la Santa Misa. Así fueron mis primeros pasos en la fe, gracias a esos catequistas, que eran pocos, porque por la persecución religiosa no podía haber muchos, pero estaban allí dando su testimonio de fe”, relató.

Según añadió, “en la escuela mis amigos tenían mucha inquietud por saber qué se hace en la iglesia, qué se aprende, y veían la diferencia. Siempre la religión marca la diferencia, en un sistema como ese, totalitario”.

A partir de ahí se dedicó al estudio de Teología y Filosofía durante ocho años en el seminario San Carlos y San Ambrosio, y después fue diácono por varios años, hasta ser ordenado sacerdote por la Diócesis de Pinar del Río.

“Fue el 5 de septiembre de 2015, día de la Madre Teresa de Calcuta. Escogí ese día porque me identifiqué mucho con la Madre Teresa, por su labor social, por su entrega al cambio de la persona humana”, recordó el padre Vélez, quien ha escrito para la Revista Vitral de la Diócesis de Pinar del Río, y la revista Palabra Nueva de la Arquidiócesis de La Habana.

De su etapa en la iglesia diocesana de Pinar del Río, en contacto con sus feligreses por unos seis años, recordó su paso por Mantua, en el occidente de la provincia: “Me dio la posibilidad de palpar la realidad del pueblo de a pie, campesinos netamente”.

“De toda esa realidad humana, social, me marcó una cosa: Cuando empezó a endurecerse más no solamente la política sino la precariedad económica, un señor de unos seis pies llegó a la iglesia y con lágrimas en los ojos me dijo: ‘padre, no tengo nada que darle a mis hijos’. Y eso me derrumbó. Enseguida con las asistentes de la iglesia le hicimos un mercadito, algo para que el pobre pueda llevarle el pan con dignidad a su familia”, reveló.

Ese episodio “me suscitó en el corazón el impulso de escribir mi primer artículo, Cuba tiene que renacer primero, y a partir de esa experiencia empecé a incursionar en el mundo del artículo y de la protesta pacífica de alguna manera, para poder ser voz de los que no tienen voz”.

Durante ese tiempo, resaltó, le ayudó mucho la sabiduría de monseñor José Siro González Bacallao, que fue obispo emérito de la Diócesis de Pinar del Río. “Tuve la responsabilidad que me dio la iglesia de cuidarlo hasta sus últimos días. Mucho de lo que soy lo aprendí de él”, acotó.

Pensar a Cuba desde el exilio

"No hay Patria sin virtud, ni virtud con impiedad". Padre Félix Varela "No hay Patria sin virtud, ni virtud con impiedad". Padre Félix Varela

Salir de Cuba fue doloroso, pero necesario. "Decidí ser pastor en otra tierra que me acogiera, porque el sacerdote es sacerdote de la iglesia universal”, constató el sacerdote, que sigue muy atento al tema cubano.

“Mantengo el lema que un amigo mío, Dagoberto Valdés Hernández, dice siempre cuando nos encontramos: ‘los dos pulmones, el de la isla y el de la diáspora’. No están rotos, estamos tratando, los de dentro y los de fuera, de sembrar la casa Cuba, transformar esa casa Cuba”.

Desde 1959 hemos visto decaer los valores de la familia, la dignidad, y en particular el maltrato a la Iglesia católica por parte del régimen. Pero la Iglesia ha resistido a estos embates e incluso desde la sombra se ha mantenido del lado del pueblo.

Al respecto, el padre Vélez señaló que “la fuerza de la iglesia cubana la dan dos factores. El espiritual, que es el Espíritu Santo, que la ha mantenido en estos 65 años de opresión; porque la iglesia, silente, pero está oprimida, porque no se dice todo lo que pasa por respeto a los feligreses y por cuidado a ellos mismos. Y por los benefactores de muchas acciones católicas, que dan de lo suyo para que la iglesia haga su obra social y caritativa”.

¿Cómo debería ser esa nueva Cuba que los cubanos de dentro y fuera necesitan? El padre Vélez lo tiene claro: “Creo que a Cuba la idealizamos en el futuro. No, tenemos que verla al presente. Necesitamos una Cuba plural, una Cuba con derechos a tener derechos, una Cuba en la que puedan confluir todos los criterios, y que podamos, como lo fue antes de la debacle del 59, participar, tener consenso. En la diversidad está la unidad”.

Sobre el papel de los jóvenes cubanos para la recuperación de una Cuba libre, con respeto a los derechos y libertad religiosa, señaló que es esencial.

“Lo he rezado mucho. Los jóvenes, para empezar una Cuba nueva, o para renacer en la Cuba nueva, tienen que sanar primero su propio interior. Los jóvenes cubanos que hemos vivido esa herida antropológica tenemos que sanar educándonos en civismo, necesitamos derechos para lograr esa república que queremos, verdaderamente libre, como decía José Martí, para el bien de todos”, subrayó. “Lo he rezado mucho. Los jóvenes, para empezar una Cuba nueva, o para renacer en la Cuba nueva, tienen que sanar primero su propio interior. Los jóvenes cubanos que hemos vivido esa herida antropológica tenemos que sanar educándonos en civismo, necesitamos derechos para lograr esa república que queremos, verdaderamente libre, como decía José Martí, para el bien de todos”, subrayó.

La herida es profunda: “Cuba ha perdido su identidad, lamentablemente. Y lo digo con tristeza. Cada vez que un cubano tiene que huir de su tierra, tiene que atravesar muchas veces por esas zonas del Darién o por donde sea, es triste, pues saliste de la tierra a la que deberías hacer crecer”.

No obstante, la fe puede ayudarnos a reconstruir lo perdido, a reconciliarnos y unirnos.

“Para renovar a un pueblo tiene que haber fe, un corazón religioso, independientemente de los diferentes conceptos de Dios que se tengan, pues al final es un solo Dios que quiere el bien para su pueblo. Para eso hay que tener voluntad política, voluntad de fe”.

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