MIAMI — Decenas de cubanos se abrazaron en una fiesta en Miami después de unos 50 años sin verse. Son los niños que entre 1966 y 1974, aproximadamente, salieron de Cuba rumbo a España, en su camino hacia Estados Unidos. No iban acompañados más que por sus exiguos equipajes y el temor de estar lejos de casa por primera vez en sus vidas.

Estos “muchachos” que permanecieron en albergues en la periferia de Madrid antes de llegar a EEUU, son hoy hombres de provecho que crecieron “en tierras de libertad” gracias al tino de sus padres, que los enviaron fuera del país antes de que cumplieran 15 años y se les negara la salida.

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los niños de España en 1970- Facebook "La obra del Padre Camiñas"
Foto tomada a los niños de España en 1970, en el grupo de Facebook

Foto tomada a los niños de España en 1970, en el grupo de Facebook "La obra del Padre Camiñas". A la derecha, con camisa verde, Jorge L Penedo, quien gentilmente donó la imagen.

"Si tú no estás, no estamos todos"

María Luisa Pérez aceptó el reto de su hermano, Remberto Pérez, de reunir a aquellos "muchachos" para recuperar una historia poco contada. "Mi hermano quiso siempre contar esta historia y homenajear al sacerdote Antonio Camiñas, que fue quien los recibió, los albergó, les buscó techo y comida", enfatizó.

Facebook "La obra del Padre Camiñas"
Padre Camiñas recibiendo un grupo de niños a su llegada a Barajas.

Padre Camiñas recibiendo un grupo de niños a su llegada a Barajas.

"Y además les tramitaba los documentos para que pudieran salir para Estados Unidos. Ellos llegaron a EEUU con residencia. Salían de Cuba a España a tres albergues: El Escorial [Albergue Juvenil Santa María del Buen Aire], Navacerrada y Casa de Campo. Allí estaban un tiempo. Camiñas organizó el recibimiento de estos niños y el albergue. Después le hacían la documentación para que fueran a EEUU. Pensamos que la mejor manera de contar esto es con un libro, pues esta historia está muy poco documentada y se confundía muchas veces con la Operación Pedro Pan. Tienen algo en común, que son éxodos de niños menores y no acompañados, pero la demográfica de los grupos es distinta y las fechas también, son dos emigraciones distintas. Se maneja una cifra de entre dos mil y cuatro mil niños", sumó María Luisa.

albergue juvenil de Sta. Maria del Buen Aire-Facebook "La obra del Padre Camiñas"
Vista general del albergue juvenil de Sta. María del Buen Aire.

Vista general del albergue juvenil de Sta. María del Buen Aire.

Por eso planteó que "necesitamos que se dé a conocer la historia y que la gente se comunique para contarnos sus historias. Si tú no estás, no estamos todos, esa es la frase clave, porque queremos que todos los que puedan cuenten su historias. Es un tributo a esa parte del exilio que no se ha documentado, una historia que se ha contado a medias. Hay muchos que fueron a Miami, pero otros están en el norte, como en Nueva Jersey".

Para el libro, entre otros documentos, se reúnen varias cartas que intercambiaron los niños y sus padres mientras estaban separados. María Luisa recordó el mensaje de “un niño pequeñito” que le escribió la primera carta a su madre cuando estaba en el avión rumbo a España: “Le contaba a su madre lo que estaba viendo en el avión. ‘Y nos dieron coca cola, y ¿sabes, mamá?, la sal y la pimienta vienen en unos sobrecitos, y te las voy a guardar como souvenir’. Cuando leí eso, no podía. Vi retratada la inocencia de ese niño. Habían sido niños 'de mamá y papá', que salieron a un mundo desconocido. A la mayoría les fue bien, pero pasaron por mucho".

Esa anécdota le hizo recordar la historia de su familia. "Mamá parecía un fantasma cuando llegó de dejar a mi hermano Remberto en el aeropuerto. Iba de puerta en puerta, de ventana en ventana esperando al cartero. A mi casa no llegó una carta de ese niño hasta los 13 días de que él había estado en Madrid. Nosotros salimos en abril de 1969, dos años después, ya para EEUU, y ya él estaba aquí. Estuvo en España tres meses".

Un hecho que describe la entereza de un niño al encarar las dificultades es que "hubo una epidemia de varicela, y a mi hermano lo metieron en un hospital de infecciosos. Dice que miraba por la ventana y pensaba: 'nunca voy a salir de aquí'. Él fue incapaz de contarle esa historia a mi familia. Nos contaba lo lindo que estaba todo y lo bello que era Madrid. Nosotros pensábamos que estaba pasando los tiempos de su vida y no, estaba en un hospital".

"Mi mamá le hizo un sobretodo de un abrigo que era de mi abuela, y dice que en El Escorial le decían ‘el monje’, porque ningún niño andaba con un sobretodo tan largo. Se hacía pasar por guía turístico. Son cosas bonitas e ingeniosas dentro del dolor de estar separados", destacó.

"Nosotros estamos heridos de separación"

“Soy de un pueblo muy pequeño en La Habana, playa de Santa Fe", dijo el médico Mario Delgado, que amablemente brindó su casa para propiciar el reencuentro en Miami de "los niños de España", aunque muchos otros están en otras partes de Estados Unidos.

Como recordó, "el vicario Carlos Manuel de Céspedes [y García-Menocal] recién se había ordenado como cura. Yo era uno de los pocos muchachos que hizo la comunión, y de esa manera nos pusimos en contacto con el padre fray Antonio Camiñas, que se había quedado en España. Los niños que estaban por debajo de la edad de 15 años en aquel tiempo podían salir solos. Fue de esa forma que hicimos la conexión, nuestros padres dieron la patria potestad al padre Camiñas, porque en aquel tiempo, si cumplías 15 años no te podías ir de Cuba hasta los 29, que era la edad del servicio militar obligatorio".

Mario salió a España el 2 de julio de 1970, "el mismo día de mi cumpleaños. Fui por Cubana de Aviación a Madrid. Ese día se acabó nuestra niñez. Estuve 9 meses en España y fui a Nueva Jersey porque tenía un familiar allá. Me pude reunir con mis padres y mi hermana tres años y medio después".

¿No se arrepiente? "Valió la pena. Cuando uno tiene 13, 14 años, son aventuras. Y esa pregunta se la hice a mi padre antes de morir, porque tengo tres hijos. Y me dijo: ‘tienes que verte en una situación como en la que uno se ve y ahí es donde se demuestra lo que es el amor verdadero. Agápē, en griego: Te lo doy todo a cambio de nada y por tal que tú seas libre, prefiero morirme en vida’. Nunca más hablamos de eso, era muy doloroso el tema, y mis padres siempre vivieron en deuda conmigo. Pero yo vivía más en deuda con ellos por el sacrificio que hicieron", afirmó.

Ahora, "después de 51 años nos hemos vuelto a reunir y es una experiencia de volver a tener 14 años. Lo más lindo que tenemos es que cuando empezamos a conversar, hablamos como si tuviéramos esa edad".

reunión los niños de españa- GRETHEL DELGADO / DLA
Varios cubanos en una reunión tras cerca de 50 años sin verse después de que compartieran en albergues españoles entre los años 60 y 70, antes de viajar a Estados Unidos en su camino al exilio.

Varios cubanos en una reunión tras cerca de 50 años sin verse después de que compartieran en albergues españoles entre los años 60 y 70, antes de viajar a Estados Unidos en su camino al exilio.

Por su parte, Lorenzo Cion salió de Cuba en 1967: "Tenía 11 años y no recuerdo bien, solo el miedo que tenía a lo desconocido. De pronto me dijeron que tenía que ir para España. Mi padre me dijo: ‘empaqueta y vete’. Me puso la ropa y me fui para España. No sabía qué estaba pasando. Salí de España a finales del 70, estuve ahí unos tres años y medio. Cuando llegué a EEUU tenía 15 años. Mi padrino me reclamó, y viví con él alrededor de 8 meses, y después vinieron mis padres".

De esos primeros meses en Estados Unidos recuerda que el trabajo le hizo madurar muy rápido. Apenas se bajó del avión, su padrino en Nueva York le hizo dejar el equipaje en casa y lo llevó a trabajar a un restaurante. Al salir de la escuela, Cion debía correr literalmente al restaurante porque si llegaba un poco tarde, ya no podía almorzar. Trabajaba de camarero y servía la comida a los clientes; cuando iba atrás a tirar la comida aprovechaba para comer algo de lo que sobraba.

No obstante, señaló, "agradezco el cambio. Tengo dos hijos y cuatro nietos". Cion hizo una carrera como mecánico y trabaja para una importante marca automotriz.

A Julio Berriel Ochoa, de Cárdenas, Matanzas, el régimen cubano le mató a su hermano. Como contó a este medio, salió de La Habana con 14 años de edad en 1970 en la aerolínea Iberia. "Estuve dos años en España esperando para llegar a Nueva York porque había unos familiares ahí. Mis padres salieron por Varadero, llegaron a Miami y nos reunimos en Union City, Nueva Jersey. Estuve como tres años y medio separado de mis padres".

Pero la familia dejó atrás a su hermano. "Era jefe de la policía de migración de Matanzas, y de cierta manera nos ayudó para poder salir. Quiso venir después para reunirse con nosotros, pero lo mataron allá. Mi hermano era Francisco Ochoa, estuvo en el Escambray, estuvo con Fidel, pero después se dio cuenta de que todo era una mentira. Y mi mamá tenía parentesco con el comandante que mataron, [Arnaldo] Ochoa. Un accidente, de una guagua que le dio un camión, algo raro, pero la gente le contó después a mi mamá que no fue así como lo mataron".

reunión cubanos exiliados- GRETHEL DELGADO / DLA
Una tarta compartida en la reunión de cubanos exiliados representa el trayecto de aquellos niños que entre 1966 y 1974, aproximadamente, viajaron de Cuba a España, y más tarde a Estados Unidos.

Una tarta compartida en la reunión de cubanos exiliados representa el trayecto de aquellos niños que entre 1966 y 1974, aproximadamente, viajaron de Cuba a España, y más tarde a Estados Unidos.

Manuel Molinet (entonces tenía 13 años) salió a España junto a su hermana (de 15 años) el 13 de mayo de 1967. Nunca olvidará que era el día de las madres. "Estábamos supuestos a salir por Iberia, pero ellos [el régimen] cada tantos vuelos te ponían en Cubana de Aviación para quedarse con el dinero. 18 horas demoró el vuelo de Cuba a España. No te daban comida, recuerdo estar vomitando. No sabía nada porque mi hermana era mayor y a ella le habían dicho todo. Todo esto era a través de la Iglesia Católica", así lo recordó Manuel en charla con este periódico.

De ahí fue a una casa de huéspedes, "que le decían pensión, donde estuvimos una semana". Después los enviaron a otra casa de huéspedes por tres días.

"Me mandan a mí al albergue de los varones que se llamaba la Casa de Campo, en las afueras de Madrid, y mi hermana se queda en Madrid. Sólo había entre 15 y 20 hembras. Los varones éramos como 100. Yo iba a verla los sábados y al cine, iba a un restaurante cubano cerca de la Puerta del Sol. Todo era muy barato en aquellos tiempos. Con un dólar comías una buena comida con un batido y todo, y te devolvían cambio", rememoró Manuel, que llegó a Nueva Jersey el 2 de octubre de 1967.

Su madre llegó en 1972, "cinco años después, porque a los médicos los castigaban y los ponían a trabajar para el campo antes de dejarlos salir". Al mirar hacia atrás y repasar los hechos, Manuel es consciente de la urgencia que tenía su familia por sacarlo de Cuba. "No me arrepiento. Me alegro que ellos tuvieron el valor de hacer eso, porque no sé si yo lo pudiera hacer con los hijos míos".

De hecho, tiene aún primos en Cuba. "Mi abuela era el motor de la familia, en aquellos tiempos las abuelas eran las que empujaban. Ella quería que mis primos se fueran. Hoy en día sé que ellos hubiesen querido salir, porque es una vida miserable la que viven allá. Aquí se pasa trabajo, pero nunca sentí que no iba a lograr superar esto. Ya tengo nietos y todo", reveló.

Ernesto Concepción y Javier Rodríguez se abrazaron entre lágrimas. Llevaban 45 años sin verse. Así lo contó Javier: "Dormíamos en el mismo cuarto, nos reunimos después de 45 años, empezamos a llorar, nos abrazamos, y nada de palabras. Nada más el calor de una persona con la que en ese momento pudiste hermanarte, porque estabas solo y tratabas de agarrarte de algo".

"Nosotros nunca nos vamos a recuperar de eso", acotó Ernesto, mientras miraba a Javier con los ojos aguados y la emoción de sentirse, otra vez, como aquellos muchachitos que hacían travesuras en el albergue para no pensar tanto en el tiempo.

Ernesto salió de Cuba con 14 años, el 22 de agosto de 1968. "Fui a España en el último vuelo de la aerolínea KLM. Fue muy duro llegar a España con un cartelito en el brazo, que decía que venía solo. Y yo llorando a todo el mundo le enseñaba el cartelito porque pensaba que me iba a perder. Estuve hasta el 4 de diciembre de 1969, año y medio. Salí para Puerto Rico. Me recogió una familia en Puerto Rico que eran amistades de Cuba. Viví ahí 17 años".

Para Ernesto la promesa de los reencuentros no fue lo que esperaba. "21 años después pude ver a mi mamá, que no podía salir de Cuba porque a mi hermano lo cogió la edad militar. A mi hermanito lo mataron en Cuba en el año 1974. A mi papá no lo volví a ver más. A mi hermana la vine a conocer en Panamá, cuando la pude sacar de Cuba", declaró.

Por eso, ante la pregunta de si repetiría esa historia, dijo: "No sé si lo volvería a hacer. En el albergue, de día jugábamos balompié, pero cuando llegaba la noche todos llorábamos, escuchabas el llanto". Javier lo interrumpió para recordar cómo Ernesto ayudaba a los demás niños, a lo que este señaló, orgulloso: "A mí siempre me gustaban los chistes, les cantaba canciones de Beny Moré para alegrar un poco la vida en el albergue".

Javier, de Santiago de las Vegas, en La Habana, salió de la isla el 24 de octubre de 1968. Tenía 12 años. "Estuve año y medio en España. Mi padre era preso político y estaba en la UMAP [siglas de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción]. Lo veíamos de vez en cuando porque él era maestro azucarero y querían que fuera del gobierno. Como no quiso, lo metieron preso en los trabajos forzados. Cuando yo tenía como 9 años, nos botaron de la casa, porque la casa era del centro azucarero. Tuvimos que irnos a vivir a casa de mis abuelos. Con 9 años me convertí en un hombre para darle frente a la vida", precisó.

"Una de las cosas más duras fue llegar al aeropuerto de Barajas. No conoces a nadie y lo primero que piensas es cómo voy a volverme a reunir con mi familia. Yo solo tenía una libretica con nombres y teléfonos de personas. Fui con unos zapatos, unas medias y una bolsa. Imagínate, encontrarnos en un país con frío, y las medias eran de hilo, eran terribles con el frío. Hoy nos reímos, pero era terrible", confesó Javier.

Como agregó, "lo que nunca olvido es que una persona decía: ‘los muchachos que llegaron por la iglesia, vengan’. Un individuo me dijo: ‘ven, que eres de los que vienen solos’. Llegué con mi hermana, a ella la llevaron para un sitio y a mí para otro. Nos separamos de Cuba, de nuestros padres, y también nosotros, como hermanos. Te montaban en un taxi, de ahí a una oficina, nos daban un suéter y nos empezaban los papeles de los trámites para venir a EEUU. De ahí te montaban en un tren. Nosotros fuimos al albergue El Escorial, fuera de Madrid. Había que tener una disciplina militar a la que no estábamos acostumbramos, había que tender la cama, no podías acostarte con ropa, solo en calzoncillos. Era otra variante más".

"Fue un dolor que todavía no supero", zanjó. Pero pronto se concentró en su nueva vida: "Al salir de España fui al área de Nueva Jersey y me hice fabricante de barcos. Le doy gracias a ese país porque nos albergó. Pero fue difícil. Nosotros estamos heridos de separación".

En una publicación en Facebook en la página dedicada a La obra del Padre Camiñas, Gabriel Cutiño comentó: "En enero 1970 llegue a un Madrid sumamente frío a las 4 de la mañana después de 11 horas de vuelo y una despedida dolorosa saliendo con catorce anos recién cumplidos y llegando a lo desconocido. De momento veo una figura altísima, el Padre Camiñas. Me llevo a San Francisco el Grande y allí me atendió, me dio de comer un bocadillo de salchichón y unos polvorones que hasta el día de hoy los saboreo".

Según añadió: "Le dije: 'Padre, necesito un par de zapatos', pues casi no podía caminar pues había crecido desde la última vez que me tocaron por la libreta. Por la mañana vinieron dos muchachos del albergue del Escorial pero antes el padre me mandó con ellos a Galerías Preciados y los zapatos me fueron dados. Nunca he olvidado su bondad y la labor del albergue del Escorial. Cuando me vi en aquel lugar, solo, la realidad se apoderó de mí y lo único que me dio fue un ataque de inconsolable llanto al que todos acudieron rápidamente a apoyarme".

Fundación de Intercambio Hispano-Americano

Es poca la información que se puede encontrar, en internet, sobre "los niños de España". De los artículos que reseñan este segmento del exilio, destaca un extracto del periódico ABC, del 12 de enero de 1969, que explica lo siguiente: "En septiembre de 1966 se creó la Fundación de Intercambio Hispano-Americano para auxiliar al éxodo, siempre en aumento, de refugiados cubanos, varones menores de quince años que salen de Cuba sin familia, encontrándose desamparados a su llegada a España".

Continúa el artículo con una entrevista a doña Enriqueta Gómez de Mayorga, vicepresidenta de la fundación, que reveló lo siguiente: "En el verano de 1966, Fidel Castro amplió el servicio militar, incluyendo en él a los chicos que hubiesen cumplido los quince años. A consecuencia de esta medida los padres decidieron enviar fuera a sus hijos, ante de que llegaran a esa edad, con grandes sacrificios de todo género, para evitar su adoctrinamiento en las ideas comunistas".

niños exiliados cubanos en El Escorial-Facebook "La obra del Padre Camiñas"
Varios niños exiliados cubanos en El Escorial.

Varios niños exiliados cubanos en El Escorial.

Y señala que, "como España era el único país para el cual se permitía la salida, estos chicos empezaron a llegar solos a Madrid en agosto de 1966". En esa fecha, solían llegar a Madrid alrededor de 10 niños a la semana, como constató De Mayorga. "Y ahora, con el problema de las cuotas, en vez de salir un avión para Estados Unidos cada tres semanas es cada tres meses. En cada vuelo salen de España sólo cinco o seis niños".

Sobre las actividades de los niños, citó las clases de inglés, de Religión y de Moral.

extracto del periódico ABC, del 12 de enero de 1969-captura
Captura de pantalla de un extracto del periódico ABC, del 12 de enero de 1969.

Captura de pantalla de un extracto del periódico ABC, del 12 de enero de 1969.

Por otra parte, un texto en la página Centro Cubano de España firmado por José R. Fernández, en 2006, informa que la Fundación de Intercambio Hispano-Americano tenía como Presidente de Honor a Don Casimiro Morcillo, Arzobispo de Madrid-Alcalá, como Presidente a Francisco Pando, mientras que el Director Ejecutivo era Fray Antonio Camiñas, y las Consejeras, María Comella y María del Carmen Areal, además de los directores médicos, los doctores Salcines y Gómez.

"Fray Antonio Camiñas los recibía en el Aeropuerto de Barajas y eran alojados en un Albergue de la Casa de Campo" en Madrid. "Cuando el número de niños se consideró algo excesivo, la Fundación logró que la Embajada Americana concediese los correspondientes visados para enviarlos (eran unos 125) a Estados Unidos, bien con sus familiares si los tenían o con otras familias dispuestas a acogerlos. Recuerdo que uno de aquellos niños enfermó y falleció. Fue una tragedia. Yo asistí al entierro".

Casa de Campo, Madrid-Facebook "La obra del Padre Camiñas"
Casa de Campo, Madrid. Foto gentileza de Jorge Penedo.

Casa de Campo, Madrid. Foto gentileza de Jorge Penedo.

Y agrega: "Las Salcines, así eran conocidas cariñosamente en los círculos del exilio de aquel tiempo, pronto se incorporaron a la Archicofradía de la Virgen de la Caridad del Cobre, la más antigua fuera de Cuba ya que es de 1876, anterior a las de Tampa, Cayo Hueso y New York. Desde ese año, todos los días 8 de cada mes se celebra una misa en el Monasterio de las Descalzas Reales de Madrid, sito en la plaza del mismo nombre, donde se venera la imagen de la Virgen que trajeron de Cuba las esposas cubanas de militares españoles que se trasladaban a vivir a la Villa y Corte".

Otro documento hallado en internet, la revista de la Fundación FOESSA, en su edición de abril-junio de 1971, recoge la siguiente información: "El Comité Intergubernamental para las Migraciones Europeas (CIME), a través de la Oficina Conjunta de Información para Cubanos (OCIC), organiza viajes “charter” para los que marchan a Estados Unidos y se encarga de la orientación a quienes deseen emigrar a Australia y América Latina".

Y sigue: "La Fundación de Intercambio Hispano-Americano se ocupa de atender a los menores de quince años que salen de Cuba sin familia, para los que mantiene un albergue. En Madrid está erigida desde 1965 una parroquia territorial bajo la advocación de Nuestra Señora de la Caridad, Patrona de Cuba, que el Arzobispo de Madrid ha querido dedicar a la atención pastoral de los exiliados cubanos. El párroco es un sacerdote también cubano. Todo esto, con ser mucho y bien organizado, no puede abarcar todas las necesidades reales. Por otra parte, estos organismos están actualmente desbordados por el incremento constante del número de refugiados".

Además, la página Operation Pedro Pan Group, Inc, en Facebook, los recuerda como "los Pedro Pan de España" y se refiere a que "58 niños cubanos sin acompañantes fueron trasladados de Madrid a Nueva York por el C.I.M.E., Comité Intergubernamental para las Migraciones Europeas, organismo filial de las Naciones Unidas, el día 2 de noviembre de 1966. Entre 1961 y 1974, el C.I.M.E. trasladó a 59,000 cubanos refugiados en España a los Estados Unidos en lo que se denominó el puente aéreo Madrid-NY-Miami".

El material indica también que "hasta el 31 de diciembre de 1972 han venido unos 94.313, y semanalmente siguen llegando de Cuba cuatro aviones llenos de refugiados, a la mayoría de los cuales el Gobierno español presta asistencia económica. De los 59.500 cubanos que han salido de España para Estados Unidos hasta el 31 de diciembre de 1972, el CIME ha transportado 38.419 a dicho país".

The Exodus from Revolutionary Cuba (1959-1974): A Sociological Analysis, disertación doctoral de Juan M. Clark en 1975, cuyo documento se encuentra en internet, aborda el tema de los refugiados cubanos en España. En su estudio, Clark cita a la Fundación de Intercambio Hispano-Americano, de hecho, en un artículo de DIARIO LAS AMÉRICAS del 28 de junio de 1971, escrito por María Elena Saavedra, con el título "Fundación de Intercambio Hispanoamericano Ayuda a Niños Refugiados en España". Clark anota que "esta institución está dirigida por el P. Antonio Camiñas, de la Orden Franciscana".

Vale destacar que en la lista de fuentes Clark menciona otro artículo de este rotativo, firmado por Jose Gash, y titulado "El Sector Olvidado del Exilio Cubano en España", del 17 de febrero de 1971.

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