MIAMI.- Cada golpe contra el concreto era un intento por romper el silencio. Belkys Josefina Barreto García sabía que aquel sonido podía convertirse en su única oportunidad para ser encontrada con vida. Ochenta y seis horas después de quedar sepultada bajo el edificio Breogan, en Caraballeda, la venezolana decidió contar por primera vez cómo enfrentó la angustia que dejaron los dos terremotos que sacudieron el país.
Durante una entrevista con la periodista Alejandra Oraa, la mujer de 60 años reconstruyó los días que permaneció inmovilizada en un estrecho espacio, rodeada de estructuras colapsadas y sin certeza de que alguien pudiera escuchar sus llamados de auxilio.
“Le pedí al Espíritu Santo que me ayudara y comencé a golpear unas piedras. Después escuché una voz preguntando si había alguien. Les respondí que seguía viva”, recordó al evocar el momento que cambió su destino.
Convencida de que aquel ruido representaba su única esperanza, utilizó fragmentos de mampostería y una pieza metálica para alertar a los equipos de emergencia que trabajaban entre las ruinas.
La señal permitió que especialistas de El Salvador, con el apoyo de brigadas USAR de Perú, iniciaran una delicada maniobra que se prolongó durante once horas. Cada movimiento fue ejecutado con extrema precisión para abrir un estrecho acceso hasta el punto donde permanecía aislada.
Salir tampoco resultó sencillo. Barreto tuvo que avanzar lentamente de espaldas por un angosto conducto abierto entre los restos de la edificación, una experiencia que comparó con el nacimiento de un bebé.
“Cuando vi la luz rompí en llanto. No había llorado durante todo ese tiempo, pero en ese instante sentí que volvía a nacer”, confesó.
Una vez fuera del inmueble, fue evacuada en un helicóptero privado hacia un centro médico de Caracas, donde continúa recuperándose de múltiples contusiones y de una lesión en una de sus piernas.
En la conversación, expresó un profundo agradecimiento a Dios y a los grupos internacionales que participaron en la operación. De manera especial, reconoció el trabajo de los socorristas salvadoreños, de quienes dijo que siempre llevará su bandera en el corazón por haberle dado una nueva oportunidad.
Mientras avanza su recuperación, Barreto asegura que jamás olvidará la voz que escuchó al otro lado de los restos del edificio. Para ella, ese instante puso fin a una angustiosa espera de 86 horas y marcó el comienzo de una nueva etapa, convertida hoy en uno de los rostros de esperanza que han dejado los terremotos en Venezuela.