MIAMI.— Una perturbación que avanza sobre aguas abiertas del Atlántico podría convertirse en depresión tropical durante los próximos días, mientras la cuenca atlántica atraviesa una calma inusual y aún aguarda la formación del primer huracán de la temporada de 2026.
El Centro Nacional de Huracanes (NHC) ubicó la vaguada de baja presión aproximadamente a 900 millas al este-sureste de Bermudas. El fenómeno generaba aguaceros y tormentas eléctricas desorganizadas debido a la presencia de fuertes vientos en los niveles altos de la atmósfera.
La probabilidad de desarrollo se mantenía cercana a 0% durante las próximas 48 horas, pero aumentaba a 40% dentro de siete días.
Según el NHC, las condiciones ambientales podrían tornarse más favorables hacia mediados o finales de semana, mientras la perturbación avanza hacia el oeste-noroeste sobre el Atlántico subtropical central.
Lejos de Florida
Por su ubicación y movimiento inicial, la perturbación no representa una amenaza inmediata para Florida, el Caribe o el Golfo de América. Tampoco existen vigilancias ni avisos relacionados con el fenómeno.
El NHC aún no ha declarado una depresión tropical ni ha emitido una trayectoria oficial. Por esa razón, los recorridos proyectados por modelos meteorológicos deben interpretarse únicamente como posibles escenarios y no como pronósticos definitivos.
Para convertirse en depresión tropical, la perturbación necesitaría desarrollar una circulación cerrada y mantener tormentas eléctricas organizadas alrededor de un centro definido. Después tendría que alcanzar vientos sostenidos de al menos 39 millas por hora para recibir nombre como tormenta tropical, según los expertos.
Que posteriormente llegue a ser huracán dependerá de su estructura, la temperatura del océano, la humedad disponible y, especialmente, de una disminución de la cizalladura, es decir, los cambios en la velocidad o dirección del viento a distintas alturas que hasta ahora han dificultado su organización.
Espera sin precedentes
La aparición del fenómeno ocurre durante una temporada excepcionalmente tranquila. Hasta mediados de septiembre, el Atlántico había producido cinco tormentas tropicales de corta duración, pero ninguna alcanzó vientos de huracán.
La cuenca estableció así un récord para la formación más tardía del primer huracán de una temporada en la era satelital, iniciada en 1966. Las marcas anteriores correspondían a Gustav, en 2002, y Humberto, en 2013, que llegaron a esa categoría el 11 de septiembre.
En una temporada promedio, para esta fecha ya se habrían formado alrededor de ocho tormentas con nombre y tres huracanes. El cuarto huracán suele aparecer hacia el 16 de septiembre, lo que refleja el considerable retraso registrado este año.
Meteorólogos relacionan la baja actividad con un episodio intenso de El Niño, que favorece fuertes vientos en las capas altas de la atmósfera. Esa cizalladura puede inclinar y desarticular las tormentas antes de que logren fortalecerse.
Riesgo permanece vigente
Aunque la perturbación podría convertirse eventualmente en el primer huracán de 2026, todavía es demasiado pronto para anticipar que alcanzará esa intensidad. El escenario inmediato planteado por el NHC se limita a una posible depresión tropical hacia el final de la semana.
La calma tampoco significa que Florida haya superado el peligro. Una parte considerable de la actividad ciclónica ocurre después del 10 de septiembre y, conforme avanza el otoño, la atención suele desplazarse hacia el Caribe occidental y el Golfo, donde los ciclones pueden formarse más cerca de tierra.
La temporada concluirá oficialmente el 30 de noviembre. Entretanto, el nuevo fenómeno será observado para determinar si logra romper una pausa que ya entró en los registros históricos del Atlántico.