MIAMI.- Con la reapertura de los restaurantes en Miami el pasado miércoles 27, muchos reabrieron sus puertas y otros optaron por esperar. Pero aquellos que sí desplegaron sus puertas al público, bajo estrictas medidas de sanidad, luchan ahora por recuperar la clientela y hacerle frente a las altas facturas por pagar.

Establecimientos tan populares como Versailles, La Carreta y Xixón, que a duras penas recaudaron algún dinero con la entrega y reparto de un menú limitado, vieron como parte de los clientes usuales regresaban durante el fin de semana pasado, aún bajo los indicios de protestas en el centro de la ciudad, el toque de queda a partir de las 8 pm y la vigencia del temor por la pandemia de coronavirus.

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En Xixón, “el sábado logramos llenar las mesas disponibles, dadas las medidas de distanciamiento físico. Pero más tarde, con el anuncio de las protestas (por la muerte de un afroamericano en Minneapolis), nos tocó cerrar una hora y media antes y cancelar reservas”, declaró Romina a DIARIO LAS AMÉRICAS, encargada del personal.

Luego explicó, “nos contentó mucho ver a los clientes regresar. Estuvimos muy felices, dentro de lo que cabe por la situación. Todos respetaron las nuevas normas de sanidad. La verdad es que hemos trabajado mucho por la reapertura y muy bien. Los clientes comprenden el momento que estamos pasando todos, la necesidad de cuidarse mutuamente, y eso se percibe. Y ver como el restaurán funciona otra vez, con sus colores de siempre, da ánimo y llena de orgullo”.

Por otra parte, Alejandro De Arruabarrena, copropietario del local, aseguró que el sábado percibió la presencia “del 35%” de la clientela habitual. Pero después, el domingo y el lunes, “cayó al 10% de lo habitual”, dadas las circunstancias de protestas y el toque de queda.

Sobre pérdidas, salarios y facturas a pagar, De Arruabarrena señaló que “las pérdidas continúan” y que apuesta porque “pase la revuelta social y el miedo a la pandemia”.

Luego apostilló: “Es increíble que llueva sobre mojado para nuestro sector (el gastronómico), pero ya estamos curados de espanto”.

A dos pasos de allí está Plate, un pequeño local que mayormente provee desayunos y almuerzos a empleados de oficinas colindantes, que pospuso su reapertura para el lunes 1 de junio.

“Normalmente tenemos más de 100 clientes diariamente. Hoy apenas tuvimos 20”, declaró Jean-Baptiste Guilpain, propietario del establecimiento. Y todo esto sin parar de pagar facturas: gastos adicionales de limpiezas profundas, mascarillas, guantes, gel desinfectante, alquiler de local y electricidad, además de salario y productos para procesar y servir.

“No queda otra que esperar por el regreso de empleados a oficinas y ver cómo se acaba la pandemia”, subrayó.

El otro lado

Coral Gables, que anunció su reapertura una semana antes, comenzaba a “recuperarse” lentamente cuando saltó el aviso de protestas.

En Hillstone ya se percibía el regreso de clientes y en Giralda Avenue, donde se encuentra La Dorada y una docena de populares restaurantes, las perspectivas eran similares.

“Es un golpe tras el otro. Primero fue la reconstrucción de la calle, que demoró más de un año y nos llevó a la ruina. Después la pandemia y ahora las manifestaciones”, reclamó Liliam, copropietaria del local.

En la zona comercial de Brickell, específicamente en Miami Avenue, donde pululan los nuevos locales comerciales, a la par de los antiguos, la afluencia de público comenzó a notarse el jueves en la tarde.

En Toscana Divino, que cuenta ahora con una amplia terraza renovada y moderna, se notaba la presencia de clientes en sus mesas.

También está Moxie’s, que había sido inaugurado una semana antes del inicio de la pandemia, con mesas desplegadas a lo largo de la fachada que hace esquina.

“La verdad es que nos fue muy bien el jueves y el viernes. El sábado y el domingo notamos menos por lo de las protestas y el toque de queda, pero esperamos que todo se normalice para el jueves”, comentó Luis, empleado del lugar.

Calle abajo está Brickell City Center, donde está Luna Park, que antes se llamó La Centrale, a la espera “que todo pase”, como indicó el guardia de seguridad que custodiaba el lugar el domingo.

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